Extracciones: Recogida letra [Juan Cristóbal Mac Lean]

Portada Recogida letra

Hace un mes se presentó en Iquique el libro Recogida letra, del poeta boliviano Juan Cristóbal Mac Lean, bajo sello Navaja, editorial que inauguró su catálogo con este título y Abandono, de Jonathan Guillén. Junto con compartir con nuestros lectores una pequeña muestra de esta antología personal de uno de los poetas actuales más destacados de Bolivia, desde Jámpster queremos celebrar la aparición de una nueva editorial en el norte de Chile. Salud por Navaja y por estos poemas.


Canto de la vaca que trota porque sí

Los campos de Dios, tu
mano, tu mano que no lleva guantes
el alfa alfa turbia de la verdad
ese casco que insistente miro
buscando el doble fondo de la tierra
mientras los belfos me ven
ascender por las praderas.

Luego espantada caigo
………………….de los cielos
Me rompo el lomo en tierra.

Soy un animal
apenas una vaca prometida al holocausto
y tonta
contemplando las praderas.

Solo quedan mis ojos grandes
mis pestañas grandes.

Esta contemplación sorda, constante, inacabable,
……….propia de una vaca.

Y ruedo entera yo,
………..Otra vaca
Otra cabeza de vaca
soñando
que trotaba.

No sabría reunir la colección
de mis pedazos, apenas se nubla tienden a confundirse,
a mezclarse con barros y lenguas:
así a veces
confundido con los animales
o yo mismo mi propio animal en silencio
quedo ante ellos
como frente a un corral abierto en estampida,
escudriñándolo sin solución
sin registro civil.

Ejercicio de reunir
………………….de recordar mi nombre
callado entre los almácigos.


Viva Buda

en vez de tener una sola camisa
tengo cientos de corbatas
cajones atestados y roperos
varios guatos de zapato enormes espejos
me visto muy bien
me visto muy bien lo repiten
las tiernas lavanderas
que en turnos diurnos y nocturnos
lavan mi ropa

antes de dormirme apago melancólicos cigarrillos
en mis sábanas trajinadas
y al verme las jóvenes costureras
que en turnos diurnos y nocturnos en vano
las remiendan lloran emocionadas
preguntándome cómo he dormido

en vez de tener una sola camisa
tengo cientos
cientos de camisas que varios diáconos
exactamente en los turnos arriba mencionados
bendicen en aguas consagradas y demás inciensos

sobre todo me gusta ver y he de decirlo
aunque desdeñe toda confidencia
me gusta ver mi ropa secándose al sol
qué hermoso espectáculo
hasta donde se pierda la vista
tantos techos balcones antenas de t.v.
y hasta estaciones ferroviarias canchas de fútbol
que he tenido que alquilar por los barrios
de las lavanderas tan tiernas
de las costureras tan jóvenes
que me visten emocionadas

¿qué si soy feliz?
—me preguntan sabios venidos de todas partes

pues claro que lo soy

y precisamente sépanlo de una vez:
la camisa del hombre feliz
esa famosa camisa
yo se la presté
y a veces buda en persona
viene a mirar conmigo
el paisaje
el paisaje
de mi única
camisa
secando al sol

—vaya,
me dice buda
lacónicamente
: qué bonitas camisas

maestro
tómame
tómame
la que quieras

aquella, me dice
esa de allá


Retrato

Yo tenía tantos años
como los que tiene un niño
cuando está enfermo
y encomendado nada más que a la dulzura
de la madre y el recreo; atento al mundo ese
que la realidad, o la fiebre, disponen
en el cielo
raso.

Pero entonces le pedí a mi madre
que posara.

Ella se sentó al frente
y con los lápices de colores
sobre una hoja rectangular
que sigue cayendo
de todos los árboles del mundo
hice el retrato de mi madre
hice el retrato del alma de mi madre.

Qué será de ese retrato.
en qué cajón de la vida habrá quedado.

Sea como sea, sé que no se ha perdido:
tal vez se asoma entre estas líneas
desordena la otra línea de un dibujo tuyo
o titubea en cada gota
que al final cae
en tu jardín.


Tres cosas en noviembre

La mesa

La mesa toda
depende apenas
de la justicia de su mástil:
este florero
que desordena la línea recta
de la que la luz huye
al sumergirse entre las flores apenas
puestas en la madera de la mesa.

Y abajo el maderamen el naufragio
su herida ley bordada en el tapete,
la carpintería de las barcas hechas tablas

el posible pan
que hunde la madera.

La luz

Atraviesa el cristal viniendo
de no se sabe dónde
e implacable se derrama
sobre el doméstico pacto
de vivir, y clava la sombra
al aire, el florero
a la madera el alma
al cuerpo.

Las flores

Simplemente están ahí, entre otras cosas
que hay en la mesa, por mucho que esté lloviendo
tan desordenadamente
que un rayo de sol cruza la lluvia cruza
la ventana
cae
y el pétalo amarillo, descubierto por la luz
queda invadido más allá
sin respirar
cuidando del florero
del mundo quizá de algo
de la luz.


Como aletas de peces
se abren las hojas del cuaderno
letra a letra
aleta a aleta
buscando
en el turbio mar
letras derramadas
o la tinta, también negra
de las caligrafías abisales.

O como alas de aves
se abren las hojas del cuaderno
pluma a pluma cuidando el aire
que de aire en aire se deshace
de plumas se atavía
y sus tachaduras son el viento
su silencio el pájaro que vuela


Foto Juan Cristóbal MacLeanJUAN CRISTÓBAL MAC LEAN (Cochabamba, 1958). Tradujo varios libros del inglés y del francés, y también se dedica a la pintura. Publicó los libros de poesía Paran los clamores (1997), Por el ojo de una espina (2005) y Tras el cristal (2012). Alternadamente, publicó los libros de ensayos o prosas: Transectos (2000), Fe de errancias (2008) y Cuadernos (2013), todos en Plural Editores (La Paz).