Inéditos: Seis poemas de Diego L. García

Imagen: Thomas Ashby, Capitoline Hill (1901)

Estas palabras podrían ir dirigidas a cualquier persona en el mundo, sin embargo, son para ti: deja de hacer lo que estás haciendo y lee estos poemas inéditos de Diego L. García. Siempre habrá tiempo para el amor, el trabajo o la Maniobra de Heimlich, pero cuestionar nuestras nociones de poesía e imagen es lo que en Jámpster llamamos «asuntos de primera importancia».

 

Esto seguramente ya lo sabes: un poema obtura una imagen de Lo Real y, aunque confiemos en la técnica y en los procedimientos, no hay manera de que la foto no salga corrida, velada o fuera de foco. En la falibilidad del arte se inscribe lo humano y eso bien lo sabe Diego. Contemplen estas fotografías.


(Fotografía #6) Una taza dentro de una película

ya estamos del otro lado de las primeras
imágenes. lo que se esperaba no era
sino un plano enfocado con la delicadeza
de un arte más o menos conocido. nada
de esto. hace unos días vi una película
en la cual la chica dejaba al descubierto
ciertos espacios a salvo del juego
trillado de actuar según una educación
sentimental glamorosa. ella anteponía
a todo discurso algo que no consentía
lo esperable. y entonces todo era corrido
hacia un estado demasiado valioso:
encontrarse en esos pormenores en los que
nada hay que cumplir más que lo natural
de pasar por lo humano sin exponerlo
al óxido que dejan las ficciones cada vez
que sacamos un crédito en ellas. ya
estamos lejos. la taza nada especial y
sus personajes no nos deben explicaciones.
posiblemente el tiempo les dé la razón


(Fotografía #7) Roma

una hoja con una canción que posiblemente
iba a ser tirada. la luz que ya no adolece
puede revelar sus falsos efectos sin mañas
de mediodía. cerca del fin de la tarde una
serie de estrofas dicen que hay días especiales
y que una ciudad se funda antes como deseo.
quién podría resistirse? carpir el día no es
quedarse quieto. y las sensaciones no especulan
en las oficinas mentales de esta época. piezas
que no suelen ponerse en evidencia: una
fotografía de Roma puede ser también una
ciudad que nadie ha conocido. una forma
de recorrernos sin guías turísticos. escribir
es algo parecido. ir al mismo punto sin
dejar de extraviarse en su música secreta


(Fotografía #8) Telas de araña

un comienzo donde lo negro no
sólo es parte lúgubre. puede
brillar y en contrapunto dejar que
la historia desbarranque de su
maqueta: una ciudad en sábado
regular yendo y viniendo de sus
malas invenciones. escribo en el
celular como si pudiera en el
reverso de esa foto. expuesta o
no. ante un espejo que duda de
mí. digo: la captura de un rincón
con goteras y música tributo
pocas veces podrá restituir el
pulso de una vida mejor. sin
embargo no es –entendimos- la
duración lo que hace a una gran
novela. un sujeto cruza entre
rostros de halloween y telas de
araña. pronto se pierde en sus
repeticiones con todos los dulces
de un hecho sin epílogos


Fotografía frente a un mural

el mural de una universidad en horas dulces
es tomado con brillo espontáneo. una radiación
que proviene de cierta distancia ha quedado
todavía en los rostros. sonreír parece fácil
después de aquello. hay un espacio para
que la tarde caiga y todo se organice: dos
direcciones diferentes que por el momento
no tienen relevancia. sólo la cercanía de
las figuras y ese mural como fondo. al
frente los ojos son perfectos (a pocos
pasos eran el único significado para la
realidad). ya no sirve esa palabra. fue
más de lo que podría haber predicho por
los cálculos de perspectiva. por ejemplo
el color rojo como un detalle que se graba
en el sueño de quien se para de espaldas
a la pintura y piensa –suponemos- que
esas horas valen más la pena que la pared
blanca de las cosas que se dejan ganar
una y otra vez todos los días


Paisaje de nieve

una toma en un paisaje de nieve. sujetos que
esperan congelados y aún así palpan lo
que vale al desplazarse de ese allí. van
hacia otro punto de vista casi impermeable.
por el fondo una multitud parece salir
de un recital de rock. sin embargo
una posibilidad de atravesar la helada
hace de la fotografía otra cosa. en detalle
se busca otra definición del cuerpo: algo
no aprehendido sino libre a la acción
de lo espontáneo. de otra manera resulta
terrible cumplir objetivos. adeudarse a
otro. pero en este caso eso se demuele
en gestos únicos. una confluencia de
deseos a salvo de todas las convenciones.
en otro ángulo: teletransportarse a los 80
puede tener sus fallas: será necesaria
otra toma para compactar las épocas
y que la cámara vuelva por sus variaciones


(Fotografía #9) Chicago chicken

como si cortaran la luz y las
cosas entonces mejoraran así se
mueve la ciudad. alguien se
levanta y hace los pasos en
reversa a ninguna parte: se
ducha y come pensando que
ya casi sonará el despertador.
toma un taxi que no conoce las
calles y lee un diario en una
lengua inexistente. parece haber
comprendido que la única meta
disfrutable es ese trayecto en el
que X vuelve a ser X sin variables
de velocidad ni dirección (en el
menú “Chicago” resulta ser una
palabra ideal). en el río hay
camalotes en miniatura que
llevan imperceptibles vidas al
mejor punto posible de la cámara

De (Fotografías) (inédito)


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015) y Esa trampa de ver (Añosluz, 2016). Su blog es: http://margendelpoema.blogspot.com.