Entreamigos: “No impongo una idea de cómo quiero que me lean, más bien dejo abierta una ventana”  [una conversación con Nina Avellaneda]

Voy corriendo por calle Catedral. La hora de la cita es a las 13:30 y voy justo (por no decir, atrasado). La escritora Nina Avellaneda [aka Carolina Astudillo] (Limache, 1989) es quien me espera. Llego atolondradamente. Ella me recibe relajandamente sentada en una mesa de calle del local acordado en Barrio Yungay, mientras cierra el libro que estaba leyendo; ni parecida a las sensaciones que proyectan sus cuentos, en donde el desborde sólo es contenido por su extensión breve. Trato de incorporarme a su ritmo mientras ella me pregunta dónde aparecerá finalmente esta entrevista. Le cuento que estoy preparando un libro sobre narradores chilenos actuales porque considero que no hay mucho sobre el tema. Y que aprovecharé de subir una parte a Jámpster a modo de adelanto.

 

“En realidad, hay pocos libros de entrevistas a escritores chilenos en general. De hecho, con la Coni Anabalón, se nos ocurrió entrevistar mujeres escritoras: poetas y narradoras. Entrevistas a mujeres que escriben en Chile, porque no hay.”

—Sí poh, no hay. Uno podría pensar que ‘Editorial Cuarto propio’ tiene algo así, pero no.
“Yo creo que no es tan difícil de hacer y que podría ser súper interesante.” 

—En realidad no es tan difícil hacer e independiente de lo que uno pueda creer, como que nunca se considera mucho lo que dicen los escritores respecto a su obra. Para mí, es necesario tenerlo en cuenta porque finalmente son ustedes los que elaboran los textos que leemos. En fin. Antes de comenzar, me gustaría preguntarte: ¿cómo prefieres que te llame? ¿Nina o Carolina?
“Me gustan los dos, porque Carolina es el nombre que me pusieron mis papás y es un nombre que está ligado a la intimidad. La gente que he conocido después, no tiene idea que me llamo Carolina. Pero Nina es el nombre que me puse, lo elegí yo. Si bien me gustan los dos, Carolina genera inmediatamente una intimidad”.

—Entonces depende de la situación…
“Depende de generar vínculo o relación más allá de mí, así que dime Carolina”.

—Bueno, Carolina. Y en el caso de Nina, ¿por qué Avellaneda? ¿Cuál es la referencia y/o gestación de ese nombre y apellido?
“Nina me decía mi papá cuando era chica (y me sigue diciendo así) y luego, me empezó a decir así toda mi familia. Parece que finalmentamente, los dos son súper familiares. Lo de Avellaneda es simplemente por una cosa fonética, por como suena y porque siempre me ha gustado mucho la literatura argentina, y el nombre entero suena bien argentino. Aunque en realidad no es muy pensando. Lo comencé a usar cuando estaba en la universidad, como en primer año, y nunca lo cambié por flojera y porque consideraba que en realidad no era tan importante. Surgió casi como uno usa los nombres que te dan los padres, como que uno se encariña con ellos por llevarlos por tanto tiempo y esto fue algo parecido.

—Pero para efectos prácticos, uno pone en google “Nina Avellaneda” y apareces tú, tu bio, tus libros de cuentos, algunos cuentos sueltos (Jámpster pisteando como un campeón ahí en la primera entrada sugerida) y algunos poemas. Ya es distintivo.
“O sea, claro. Ahora ya no lo podría cambiar, porque tanto la plaquette que publiqué cuando estaba en la U y ahora este segundo libro, llevan ese nombre. Sería muy engorroso ahora ponerme otro y cambiar.

—Me pasó algo bien particular que cuando empecé a leer Heroína (Hebra, 2010), porque sentí la necesidad de encontrar algunas referencias. En el primer cuento, «Herida», hay una especie de toma de posesión de un cuerpo, y luego con «Heroína», hay una sucesión de sucesos sobrenaturales. Me acordé mucho de Gonçalo Tavares, quien también en algunos de sus relatos trabaja cierto razonamiento libre o una lógica más onírica en torno a la sucesión de hechos narrativos, los cuales desconciertan un poco al lector porque nunca sabe a ciencia cierta si lo que se está leyendo es la “realidad” del relato. Esto, se sigue viendo y se lleva al extremo en algunos cuentos de La extravía (Ediciones del desierto, 2015) como en «Un departamento seminuevo». A modo de lectura muy personal, podría decir que acá veo un trabajo constante con la tensión entre la realidad y el sueño.
“En realidad no tengo mucha pasión por los géneros. Más bien hay una motivación, una escena o una emoción, en el caso particular del cuento. Y a partir de eso, creo un personaje como en “Heroína” que es bien desde el yo —autobiográfica se podría decir— pero no porque a ella le sucedan cosas que a mí me han pasado, sino porque el punto de vista desde el cual habla coincide con el mío. Y creo que eso se repite un poco a lo largo de mis cuentos. Ahora estoy tratando de escribir desde otro lado también. No es que no quiera hacer más lo otro, pero es un ejercicio, un desafío personal.”

—Aunque de igual manera lo anterior podría funcionar si uno lo asocia al concepto clásico y escolar de lo “fantástico”, el cual -creo- actuaría como catalizador de la metáfora de la enfermedad y la locura que es posible vislumbrar en varios de tus relatos.
“Con respecto a lo ‘fantástico’ que mencionas, tenía todas las ganas de escribir relatos de ese tipo, no por encasillarme, sino porque me gusta mucho ese género por esa incomodidad que te generan. Para mí, como lectora y escritora, lo fantástico transita entre la incomodidad de que los sucesos narrados efectivamente sean fantásticos o extraños, y del cuestionamiento a de si se sostendrán a lo largo de todo el relato. Cuando comienzo un cuento, es porque esa idea me obsesionaba de cierta manera, pero no es sólo una idea. Es algo bien plástico también. 

—¿Y la idea original cambia mucho cuando la vas construyendo en el texto?
“Eso sí te podría decir. En general, nunca he empezado a escribir un cuento sabiendo cómo va a terminar. No sé si está bien o está mal, pero ha sucedido así hasta el momento. Porque parto de una cosa que necesito decir, por un hecho, un acontecimiento o algo mucho más visual y poético, y luego voy pensando en cómo sería interesante continuarlo. Y también en general, soy muy cortos. No puedo desarrollar y desarrollar, tal vez porque no soy de una idea tan potente y porque o si no, me pierdo. Tiendo a decirlo todo pronto y, en general, esa inmediatez no son más de tres páginas. 

—Recién me comentabas que no tienes un apego o fascinación por los géneros establecidos. Al leer tus cuentos, me acordé de Pound. Él diría en un parafraseo mal traducido, algo así como que la razón por la cual le gustaba la poesía, era por la intensidad que podía generar a partir de una imagen o una situación. Y que eso sólo se podría desarrollar así en dicho género, porque en los otros, se perdería dicha intensidad. Esto lo digo porque en tus relatos, se mantiene cierta intensidad…  
   “No estoy muy de acuerdo con lo que dice Pound”.

58a48428cb1f658e4b8b4567.__grande__.jpg

—Pero independiente de eso, si tuviéramos que ‘definir’ tus cuentos –sobre todo los de La extravía (Ediciones del desierto, 2015)-, en ellos hay un trabajo con más con la atmósfera más que con una acción concreta. Y es en ese sentido, es que siento tus relatos más cercanos a la poesía que a lo que se hace habitualmente en narrativa, en donde está más claro el desarrolla a partir de acciones concretas. ¿Utilizas conscientemente elementos líricos en la construcción de tus relatos?
“En ese sentido sí, todo el rato. De hecho, siempre me pregunto cuando se está alargando mucho la cosa, si lo que estoy escribiendo será o no un cuento. Aunque no tiene que ver con la extensión solamente. Cuando finalmente digo “esto es un cuento”, es porque lo que quiero transmitir, lo que quiero sugerir, (porque tampoco tengo la idea de cómo quiero que me lean, a modo de imposición) es más bien una ventana: yo no sé lo que hay, solamente la abro. El lector tampoco tiene una idea clara, aunque hay algunos que sí. Entonces, cuando lo que yo quiero sugerir no lo puedo decir sin un personaje de por medio, sin acontecimientos y sin acciones, es un cuento. Cuando prescindo de las acciones, cuando puede ser un puro ejercicio de escritura, en un puro “estar siendo” como lo es en una buena parte de la poesía, ahí no me esfuerzo en que se alargue, por lo que termina siendo otra cosa, más cercana a la prosa poética. Hay varios de esos en el último libro, aunque están bien en el límite. 

 

 

*Esta entrevista, es un extracto de la original y formará parte del proyecto F5 – Conversaciones con cuentistas chilenos muy actuales, a publicarse de manera impresa, próximamente bajo el sello Jámpster.

MATÍAS FUENTES AGUIRRE (Santiago, 1990). Editor de Jámpster.cl y parte de La Liga de la Justicia Ediciones.