Futuro esplendor: Cinco poemas de Amanda Olivares

La pérdida de la inocencia como una superposición de imágenes melancólicas y fragmentarias, en donde cada elemento, gesto y acción, adquiere un significado tan particular como lo que representa ese recuerdo en su totalidad.

 

Los cuidados poemas de Amanda Olivares que les traemos en esta ocasión, formarán parte Material blando. Permanezcan atentos.

 

 


 

Me observé el muslo recogido, la humedad de la pantorrilla, y no sé por qué era ilegítima.

El color del cuerpo y las temperaturas.

*

Si te acercaras un poco verías vida aferrada a las raíces de su frondosa y oscura cabellera. Verías una colmena.

Empinada, y con la punta de la barbilla apuntando el cielo, tu nariz mirando de frente. Olerías el químico que embetuna.

La noche anterior sufrió el revés de una madre. La loza recta del lavamanos hasta el tope y un tapón negro sosteniendo el líquido. Sumergió su cabeza en el agua tibia. El vapor del vinagre humedecía el cuello de la blusa.

Continúa. Un peine de metal aguarda en la cajonera.

 

*

 

Me enseñó a fumar. Fuimos a su casa después de clase. Arrendamos una película en el video club. Salimos a dar una vuelta por la cuadra, y tras la esquina de una casona amarilla prendimos el cigarro suelto que compramos en un negocio de por ahí. Inspiré tres veces. Nerviosa. El humo me quedó atrapado en el pecho. No entendí. Me tragué un chicle y me fui asustada.

Posibilidad de intervenir en el mundo, a pesar.

 

*

 

Me explica algo de un compañero. Acaso él la mira. No entiendo: ¿qué es un desprecio? Me mira a los ojos e, imitando un gesto torcido, con dignidad me enrostra su perfil. Una resuelta parábola trazada con su barbilla, en dirección contraria, movimiento esquivo, hasta empotrar su otro perfil. Todo ello con el cuello extensamente alargado. Las pupilas semiabiertas bordeando mi existencia. «Eso es un desprecio», dice. Y con las manos regordetas, agarra mis caderas y replegándolas dice: «Y los calcetines, abajo».

Se ubica en un cuerpo. Se acopla.

Retazos apilados entre pastelones de granito. Un vagabundo mordisqueando huesos. Su apelmazada mollera, rizos sólidos. Retiene un pedazo de satín a maltraer. Puntillas sobrepuestas en los zapatos de la durmiente. Conserva una cadenita de plata.

Su cuerpo vivo aún retiro. Gira la tapilla.

 

*

 

Se deshicieron sus rodillas. Las articulaciones. El material blando. Elasticidad y contras.

Mientras se tambalea, pregunta si acaso su cuerpo tiene un lugar en el mundo.

Detuvo sus movimientos. Lo sufrió el conjunto de animales que la vinculaban. El cemento era indiferente, era un material distinto. Tenía un potencial de generación de energía incontrolable. Industria energética no sustentable.

No impacta. Sobre los adoquines, aterriza en una escena regular.

Al costado izquierdo. De angostura y sábana, expele un lazo fermentado. Los labios entre gajo y moro.

 


Amanda Olivares Valencia.png

AMANDA OLIVARES VALENCIA (Valparaíso, 1986). Abogada por la Universidad de Chile. Magíster en Pensamiento Contemporáneo por la Universidad Diego Portales.