Inéditos: Tres poemas de Andi Nachon

Situaciones nimias del diario vivir que gatillan imágenes oscuras, en donde el error, la culpa y el arrepentiemiento, van superponiéndose para adquirir significados aún más profundos.

 

A continuación, les dejamos —las que creemos que son— unas ensoñaciones que Andi Nachon transdujo excelentemente en estos trabajados poemas.

 

Los invitamos a que les permitan continuar su flujo, dado que en su calidad de inéditos, sabemos que adquirirán un color hermoso en cada lectura, aunque tal vez sea algo difuso y complejo por exponerlos a la luz tan de golpe.

 

 


 

 

 

–Lo siento madre: me confundí, me compliqué –dice empapado cuando entrega
la caja torcida, húmeda y más
de una hora tarde. Yo, que ahora soy madre, solo asiento ante la pizza
rebusco, perpleja en los bolsillos más propina. Afuera

sigue la tormenta, más afuera aún
estarán mi madre, su madre, algo así como la vida. Quedamos el chico
del delivery y yo cruzando
este tiempo del perdón que él insiste: lo siento

me confundí me compliqué y yo
otra vez acepto. En un rato, él arrancará la moto volverá
a esa esquina donde amigos, cerveza y porro hagan de esto
apenas otra entrega fallida. Un rato más y ya

nada quedará de la pizza. Pero ahora retumba la tormenta en mí resuena
el mantra: me confundí, me compliqué, como él como todos
busco un perdón que por ahí no venga. Madre
quién no llega tarde al lugar equivocado quién

no pide a la tormenta alguna reconciliación
una pizza torcida en la mano
entre equivocada y confundida apenas
otra entrega fallida.

 

 

*

 

 

Un error del sistema, ahí: suspendido cuando estrellamos
dolorosamente una en la otra hasta quedar, la vista y nosotras
suspendidas por las aguas turbias

pleno Riachuelo y ahí está: tenaz y evidente
el error. Es anomalía su presencia
la señalás y al momento

el arrepentimiento llega. Para ella
solo maravilla cuando grita «tortuga marina» y vos deseás
la criatura por favor siga viva. «Acuática»

corregís y te sorprenden parsimonia y aletas
cruzando las aguas sucias
ante su mirada atenta. Un error

persistente del sistema, como toda supervivencia
su caparazón avanza
contra viento y marea. Nada ahí donde nada

pareciera subsistir. Contra la baranda, Mora y yo apoyadas
observamos con cautela, dos freakys
desbordadas por el mundo natural y al borde

del riachuelo oscuro. Detenés tu mano
en su hombro blando y el estallido
quedó atrás, ahora solo es consciencia solo

portento: nadie pensó de vos
serías madre y acá estás, como la tortuga, al vilo de la maravilla
compartida con tu hija. Un detén del tiempo, algo

que atesorar: Mora, vos y esa tortuga
sobreviviente ante la mirada atenta de tu nena
ella sigue sus rastros y espera

tenga algún lugar donde llegar. Sobre el río
se desploma la tarde y nosotras
detenidas dentro de su maravilla.

 

 

*

 

 

Te gustaba cuidar las plantas.
JOHN BERGER

 

Largos permanecen los tallos en sus manos, delicada los acomoda uno a uno
en el gesto forma cierta caricia, esa entrega entre sus dedos
cada ramo es estallido en perfume en sorpresa plena ella
hace suceder las fresias. John querido: tu mirada ahí se habría detenido
unas manos marcadas por trabajos, ya sé, jornadas sin fin del invierno al descampado
el don de cobijar contra viento y marea, eso

dicen estas manos cuando vuelven a mí en el corazón del traslado
estoy segura, vos también las habrías amado, querido John, entre extraños te convoco, surfeo
el malentendido del espacio tiempo que miente distancias si te encuentro
acá, cuando digo esas manos, su refugio, casi un nido para mi niña que ayer
cayó rendida apapachada en mis brazos. Una mirada capaz

conecta rastros, estos que vuelven a cada persona del vagón
persona como yo, como Mora o la señora de las flores, trazan un puente invisible, ese que
vos buscabas, John, ahí donde pusiste algo más
que tu confianza. Dentro de la música voy
sin darme cuenta mis manos bailan la puerta, en equilibrio precario una joven

duerme parada las estaciones que se suceden y pasan. ¿Cuántas veces yo
recosté la cabeza en una espalda sin nombre cuántas mañanas
anhelé un subte fuera esas pistas donde una puede
descansar cuerpo y alma en la legión extranjera de otros cuerpos otras
almas? Se detiene la línea H: entra el tumulto de Once, gente sin cara que avanza, tambalea

la chica dormida a mi lado y yo la atajo. John, laten aquí también
aquellas manos de la vendedora y tu búsqueda, eso
presente entre cada cuerpo a veces
si abro los ojos, de soslayo, lo siento. Una a uno somos tallos, ramo
interminable de fresias hilado por cada mano, también acá cuando ella

despierta y dice gracias en sobresalto. Con el arranque veloz
su cara es la cara de Mora cada día al regreso
indómito que la trae del sueño a la vigilia como yo
convoco tu voz entre nos, John, confabulemos la arcadia, desdigamos
tanto horror para estos días donde el imperio contraataca. ¿Cómo

se sostiene cierta esperanza ante el miedo se hace firme
una mirada? John, equivoco la pregunta si olvido qué manera
permite frente a tanto ruido
reconomiento que iguale cada cuerpo, la medida vasta de su tiempo apenas
unos días. En la música voy, me repito y digo la historia de otra forma

esta noche apapachada se la contaré a Mora: hay un joven John, una vendedora
esta chica dormida como yo cuando servía mesas y temía
cada mañana por llegar. Hay también latido y tiempo
ese que somos y nos pertenece: uno a una tallos, flores hiladas sin miedo
por cada mano ante el terror de estos días que somos y no

no son la arcadia, John, vos los sabías, confiaste
de soslayo la historia y esta noche yo
se la contaré a Mora. Así en el corazón del traslado se desdice
el malentendido del espacio tiempo y vamos: una a uno en la música
interminable de estas manos.

 

 

 

 


Andi Nachon.pngANDI NACHON (Buenos Aires, 1970). Profesora de letras, poeta y guionista. Ha publicado Siam (Nusud, 1990), Warzsawa (Bajo la Luna Nueva, 1996), Taiga (Suscripción, 2000), Goa (Tsé-Tsé, 2003), Plaza Real (La Bohemia, 2004), 36 movimientos hasta (La Bohemia, 2005), Volumen I (Peek a Boo, 2010), La III Guerra Mundial (Bajo la Luna, 2013) y Viernes de chicas (Muchos Libros Felices, 2016). También han sido editadas dos compilaciones de su obra: Taiga no Rio de Janeiro (Ediçoes da Passagem, 2001) y Villa Ballesta/Ñuñork (Surada, 2003).