Adelanto: Habla el oído [Julieta Marchant]

Habla el oído

Un pensamiento que percute en el oído, vibraciones que guían una mano que escribe, poemas que devienen escritura, la escritura como transcripción de la música del pensamiento. O en palabras de Julieta Marchant: «Escribir como quien se entrampa en un pensamiento y de pronto se desvía y reanuda la primera sílaba, el balbuceo inicial, el asombro que dejaba una herida».

 

Creemos que lo mejor que harán hoy será leer este adelanto de la plaquette Habla el oído (Cuadro de Tiza, 2017), serie de poemas que se desprende del proyecto inédito Ensayo sobre el oído. Únanse al entusiasmo que nos produjeron estos poemas; los esperamos de este lado.

 


Algo que no ocurre no cesa de ocurrir. La palabra susurra donde el viento antiguo vuelve a su lugar. Testigo de la región donde el presente se esfuma, el descanso imposible aventaja al yo, inquieto emerge en su revuelta. Asombro de ser el mismo aunque todo ha cambiado: desde que escribí pequeñas olas de luz retornan a la raíz oscura de la claridad.

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En la lejanía el agua se recoge. Simulo una cierta certeza de mí y disimulo una cierta certeza de mí. Miro mi envoltura. La avenencia del yo nada sabe de su borde cuando cerca de otro es distinto y teme. El refugio del poema, su guarida abierta por esta mano que no merece sino su piel y que no desea sino su olvido. Una herida toma ventaja y por espanto dejamos que el silencio obre.

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Temer al descubrir que el animal que residía en nosotros se ha retirado y que, del otro lado de la ventana, no tiembla al decir que con él todo arrojo se apaga incluso más afuera, allá, donde la distancia se pierde en su medida y habla de un tiempo que no sabremos aliviar.

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Un pensamiento agrieta el estupor de alguien que se guardó pretendiendo no volver. Un dibujo quiere decir una cosa y una cosa una palabra o a la inversa. Una fotografía quiere decir una ausencia o la falta reside en el rincón de una imagen que olvidamos por lenguaje. Un pensamiento vibra y cala el oído. La música retorna a la música, se devuelve al sonido que la hizo aparecer. Escribir como quien se entrampa en un pensamiento y de pronto se desvía y reanuda la primera sílaba, el balbuceo inicial, el asombro que dejaba una herida. Erosiona la piel y el fuego vuelve a la ceniza. Erosiona la piel y el agua vuelve a la humedad. Como los objetos, el yo tampoco regresa.

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Un animal aguarda por nosotros, y tal vez el fuego arrebate a la mano que por descanso olvida. El cuerpo se levanta, camina y duerme. Se acostumbra con premura al espacio que recubre, a las cosas que exigen detenciones o pausas al interior de breves movimientos. La cabeza se acostumbra a pensar en palabras que consuelan o las palabras se acostumbran a esperar que alguien las escriba. La boca se clausura en una vocal. El ojo mide el intervalo entre un objeto y otro, busca la piel que reúne el borde con una orilla. El oído una excavación que socava el cuerpo, sangra y lastra. Aligera la música.


Julieta Marchant.pngJULIETA MARCHANT (Santiago, 1985). Ha publicado Urdimbre (Ediciones Inubicalistas, 2009), Té de jazmín (Marea Baja Ediciones, 2010) y El nacimiento de la hebra (Edicola Ediciones, 2015).