Inéditos: Cinco poemas de Florencia Smiths

Tras la reciente publicación de Estética del tajo (Libros del Pez Espiral, 2017), volumen que reúne la producción poética de Florencia Smiths a la fecha, tenemos el agrado de compartir con ustedes estos textos inéditos de la poeta sanantonina. El ectoplasma que atraviesa estos poemas, que forman parte del proyecto Estudios sobre la distancia, opera con una triple valencia: describe una geografía mental, modifica la percepción de realidad de una voz en constante agitación y permea su escritura.

 

Ahora prescindan de cualquier aproximación: toda interpretación es ilusoria, y lean:

 


 

me adentro con la cabeza en esta enfermedad
desconocida absoluta del orden
en los estados elementales
discrepando siempre de antemano
como si nos odiáramos
como si ambas, la enfermedad y yo
nos pudiésemos efectivamente encontrar
topar, chocar una contra la otra
en horrorosa hecatombe
en hermético errar, porque erramos
en eso nos parecemos
vamos de un lado a otro
escondiendo las direcciones
y yo y mi cabeza sabemos cuánto nos cuesta entrar
o encontrar el modo ese de dirigirnos hacia
el sitio del descontrol
y ahora con esta cabeza abandonada en este
cuerpo desprovisto de decisión y voluntad
trato de adentrarme
entregarla a la lepra esa
de la que inútilmente presiento escribir
deseo escribir
intento escribir
y esta cabeza se rebana en la sombra
tan solo al mero contacto con esta lacra se lacera
gotea espantada, se derrite en mis manos
como leche quemada, fétida carne entregada sin descaro
sino cobarde, de puro cobarde la cara puesta en la
cabeza se adentra, cierra los ojos
enajenada por pertenecer a su malestar
por puro darse abierta
desfondarse, triturarse violenta
en esta nada que arrecia y que a veces
yo llamo distancia
porque la llamo distancia y no me bastan
todas estas manos flacas para sostenerla
es que no quiero sostenerla, ya lo dije
quiero entregarla
que se acabe, que se la trague el oscuro espasmo
que se vierta entera escindida
tajeados los sesos, molido el cráneo
en la inmensidad de la corriente que no se nombra
porque ¿quién puede decir acaso qué es la distancia?
invocarla, revocarla, adivinarla, ensayarla
como a un nefasto poema del caos
el no lugar, la nula suerte
el epíteto equivocado
el cuerpo en el texto y la membrana
podrida en la cabeza
el cuerpo en el pavimento y la noche
que vomita la cabeza
el cuerpo en el texto y los golpes que doy en el suelo
con estos dedos
que ya no conozco

*

comprende la inexactitud de mis frases
no sé agarrarme a los grafemas de mi caligrafía
no puedo quebrarme cuando lo que más quiero
es partirme

se levanta mi pecho pequeño como caja disonante
con puntadas al fondo de mis vísceras
y un ardor acorrala a mis latidos secunderos
esta máquina ínfima de hacer palpitaciones
de devenir gestos y señas que la niebla borra
pequeña máquina altisonante
aparato de escrituras
caminitos en la arena
engranaje imperfecto de residuos y voces
triste y a veces efímera
lenta máquina de hacer frases que sucumbe
durante la muerte de los días

comprende que no tengo
buenas noticias para darte
se mueren los amigos
los hijos de los amigos
cuelga de los cables del alumbrado público
–como un par de zapatillas viejas–
la esperanza entera de este pueblo
apartado de la geografía política
de un país que no es país
de una región triste que se vende
al peor postor:
el poderoso y malogrado capital

comprende que hay pérdidas ineluctables
en esta lucha de permanecer despierta
que la hora ajena se empeña en venir a contarme
los minutos como la misma muerte
y que he efectivamente
contado los minutos
todos los minutos
que he perdido lejos
muy lejos
–más allá incluso–
de ti

comprende por favor que ya no soporto
los desencuentros en mis sueños
los falsos itinerarios que arraigo en mi cabeza
para marcar con rutina mis días inexactos
tal como se extiende el sendero
de una vaciada caminante

comprende que ya no aguanto
ni las lunas ni los soles demasiado sincronizados
con la forma
demasiado precisos en su simbología
demasiado redondos en su simbología
demasiado solos en su simbología
demasiado llenos de simbologías

comprende que en esta parte del mundo
el mar ha sido comprado por saqueadores
la tierra escindida, el aire etiquetado
y que cualquier día, sin avisos ni citas
vienen a ocupar mi corazón un par de caballeros
que dicen ser los dueños de este
abandonado territorio insular

comprende cuánto se ha dejado morir a mis gentes
cavando fosas en sus propios patios
se ha visto a altas sombras cargar con palas
los perros han sido envenenados en tanto
no avisen la intromisión
incluso desde sus propias cocinas
ha emergido sangre desde las llaves de agua potable
tapando las cañerías con gruesos
coágulos de distinta magnitud

comprende que te encarnas único
en distintas formas y sentidos:
suelo mirar algún cuerpo
que adopta tu caminar en la calle
un programa de radio anuncia a tu
compositor ruso favorito
el sociólogo infiltrado que atesora tus discos
es enfocado hoy en ese debate televisivo
o una amiga entrañable confiesa de pronto
que no pudo llegar a la presentación
de Chico y Silvio juntos
cuando vivió escondida en Cuba

y no sé si son los deseos que se reflejan
en la realidad
o es la realidad la que reproduce pequeños cuadros
para gratificación de los míos
tampoco quiero encontrar respuestas a lo incierto
ya no quiero pensar más
en lo que la distancia desencadena en los cuerpos
ni cómo los va volviendo materia desierta
para las horas innobles
anchos pedazos recortados del abismo
o tal vez simplemente los encoje
reduciéndolos a hábitos de higiene
que persisten

de todas formas
te pido por favor
comprende la dispersa coherencia
de estas verdades
no me sé apartar de los poemas
en el momento preciso
no sé decir lo que existe
ni explicar a grandes rasgos la contienda distante
donde suelo quedarme
tan solo puedo pedir comprensión
porque no sé agarrarme a los grafemas
de mi caligrafía
y no puedo quebrarme justo
cuando lo que más quiero
es partirme

*

todas las tardes
escucho óperas desconocidas
que se quiebran frente a mi ventana
como un podrido deseo que se abandona
gasto horas limando mis dedos
en la parte baja de mi sexo
el grito concertado se apaga en mis piernas
un ojo descentrado se levanta para mirarme
no sé olvidar mi cuerpo
no sé gastar estas óperas de otra manera
que no sea llorando
por mi sexo

*

la llevo conmigo
viajo con ella
esta muerte lenta que de adentro me abandona
camino vestida de sus brazos
escucho lo que me dice mientras avanzo
descansa en el asiento contiguo
me abraza en el ocio de los días
pero como no sabe medir el tiempo
yo le cuento la hora
le digo el lugar
tampoco sabe que lenta es su manía
porque ella no sabe que es la muerte
y yo tampoco sé si soy yo

*

el panorama de la situación no necesita ajustes
enfocar la mirada o quebrar el ritmo
ya es parte del anclaje
atreverse con la incertidumbre se vuelve
cada día más obsceno
y las manos siempre moviéndose en dirección a la cabeza
entorpecen lo que podría llamarse una ceguera
de repetición
salir a mirar la calle por si algún perro nos trae
las noticias del asombro
ya no se puede
hasta las veredas han cambiado de color a causa
de los nuevos vecinos
y los niños que siempre lo marcan todo con sus trazos
han dibujado en la mía una duda
que más se parece a una soga que a una
oruga primeriza
gastar por todo el perímetro los pasos que no damos
mientras la semana se desangra y va cayendo como costras
por entre un falso verano
huir de lo que amamos con la vergüenza estampada
en las costillas y los dientes
porque todos sabemos que un pecho abierto siempre
está expuesto al arder
y a veces nos abandonamos en esa vergüenza
porque no sabemos salir en dirección distinta
repletamos de escombros la estable presencia
en el horario productivo
llenamos los gestos de los demás con insólita saliva
anotamos el grueso calibre del fin
o simplemente tratamos de no hacer más ajustes
nos vamos quedando, cada vez más, detenidos
y solos en cada ironía
tan solo observando el panorama de lo que acontece
desapareciéndonos un poco del momento
y llevándonos la torpeza de abrirnos
a un sitio exento de privilegios

De Estudios sobre la distancia (inédito)


Florencia Smiths.png
Fotografía: Celeste Ortíz

FLORENCIA SMITHS (San Antonio, 1976). Ha publicado El margen del cuerpo (Fuga, 2008), La ciudad no (Economías de Guerra, 2009) y La velocidad de la caída (Ediciones Inubicalistas, 2015), los tres compilados en ediciones revisadas en Estética del tajo (Libros del Pez Espiral, 2017).