Inéditos: Cinco poemas de Alicia Genovese

Además de nuestra reincidencia permanente en los poemas que hablan sobre poesía, también tenemos una preferencia reiterativa por los que trabajan la concatenación de sensaciones transducidas a partir de estímulos no relacionados; estos, son la prueba de que el género no sólo goza de buena salud, sino que todavía puede crear —tanto en la palabra como en su lectura— imágenes nuevas, originales y contundentes.

 

Agradecemos a Alicia Genovese por estos inéditos y por mostrarnos nuevos y desconocidos pasajes de nuestra sensorialidad, que ni la merca más gourmet de sus dealers personales es capaz de lograr.

 


MÚSICA DE HANG

En la plaza que rodea
la catedral de Granada
un músico ambulante
percute sobre sus rodillas
un tambor de metal.
Tiene la forma
de un plato de aluminio
tapando a otro idéntico,
con las abolladuras
de una cacerola muy trajinada
en las curvas donde varían
los tonos.
Cuando lo golpea con los dedos
suena a veces, un gong
otras, una campana en sordina
que trae de lejos
un pueblo fantasma.
Cuando desliza
la palma de la mano
eclipsa cualquier estridencia.
En este siglo de ruidos
un instrumento carga
el silencio más remoto;
se llama hang
y hace crecer la música
del desierto.
El sonido tiene
la resonancia circular
de su encierro, el hueco de su suerte,
la circunspección de un monje tibetano,
un cielo recóndito que vuelve
entre relampagueos,
un follaje de árboles mecidos
en un sendero nocturno.
Hay que detenerse un momento
al borde de la plaza
y escuchar al músico;
la ondulación de la melodía alcanza
el desvanecimiento de la no respuesta.
Hay que acercarse todavía un poco
y olvidar,
acercarse a las cosas requiere olvidar.
Cuando el sonido está en tu cuerpo
se abre una flor lenta.


AMPLITUD TÉRMICA

Lejos de casa, sin auto
en una ruta de road movie
espero
………….a la sombra escasa de una acacia
con espinas enormes adaptadas,
espero
al único ómnibus
que puede trasladarme,
cargarme entre alientos pesados
y butacas pringosas que agradeceré.
Adaptada espero
como esa plantita del desierto,
que por ahorrar energía
no produce hojas,
se basta con los tallos para proteger
su reserva húmeda del aire hostil.
La hostilidad en esta
amplitud térmica
que calcina o congela.
Todo lo que viene se va
todo lo que comienza se destruye.
Ninguna constancia en el afuera,
ninguna paciente regularidad,
pero ahí estaba ella en su verde
a la hora de más sol.
Nada dispendioso
todo a cuentagotas.
………….Con sus reacciones
de sobreviviente, me entiendo
y su carencia me deshabita
y su gota es limpia en medio del polvo.
Con la espina de su verde
me alejo del desierto.
Todo lo que viene se va
todo lo que empieza se deshace.
El ómnibus ya se bambolea
por la curva de la ruta que lo trae,
retrasado desarma
lentamente
la neblina de arena.
Cuando deshaga la mochila
estaré lista
para la amplitud.


DESIERTO DE AGUA

………….Nadar es encontrar
………….un desierto.
Bajo el agua los sonidos
pierden estridencia,
la cabeza se sumerge
en su silencio de lejanía
y el lecho del río
es como una gran oreja,
………….donde resuena lo tenue.
………….Nadar
………….como quien necesita
………….el movimiento, la flotación,
………….deslizarse a ese otro sitio
………….que amortigua golpes,
………….los estruendos callados
………….de la pena.
Un desierto de agua
para ir,
nada más ir.


EL AFUERA

Cuando éramos niños hacíamos
fuego de noche, a un lado
de la calle de tierra,
en el verano de nuestras vacaciones.
Echábamos papas a las brasas
que luego sacábamos chamuscadas,
las partíamos
y comíamos el maná
de nuestro desierto.
Libres del orden del hogar
por unas horas,
de la sujeción materna
huíamos y armábamos
nuestro primer campamento
nuestra fogata de ramas
nuestro fuego virgen con la caja
de fósforos Ranchera.
Nada sabíamos del errar bíblico
ni del errar expulsado
en los ojos yermos del poder.
Los fuegos anidaban el candor
y el hambre que crece
en la dicha con los otros.
Esos fuegos vuelven ilesos
cada vez que el afuera
se hace desierto.
Cuando vuelven a la ciudad
las pequeñas fogatas,
el cartón en el piso
entre las luminarias
de los negocios cerrados,
unas maderas prendidas
bajo la autopista,
la olla tiznada
del reparto asistencial.
La modernidad resultó
así de primitiva.
Esta terraza de año nuevo tiene
una mesa donde disponemos
las copas y los frutos.
Nuestro breve círculo, amigos,
es el afuera también,
nuestra hoguera tendida en el desierto.


EL HERVOR

…fue la primera vez que me sentí como si no
perteneciera a ninguna parte.
Sam Shepard

Silba la pava
y me avisa algo más que su hervor,
he llegado a casa.
La dejo que silbe y el aire
se va impregnando de olores
que extrañaba;
a leña encendida en la salamandra
el último julio y a juncos
de la cortina
que se humedece con el vaho.
Cada vez más filoso su sonido,
vuelve a anunciarme
que está lista el agua para el té,
si eso era lo que quería,
que ahí están las hierbas
y las tacitas chinas y qué espero
para bajarlas del estante
y qué más, si está todo en orden
aunque me ausente
aunque me vuelva irreconocible
el entusiasmo por viajar.
Si como digo el mar se aislaba
detrás de una tormenta de arena,
mientras la playa era un cristal raspado
al final de una ruta solitaria y desconocida.
Si como digo los vientos cruzados del sur
inutilizaban el aeropuerto
y el tiempo se detuvo sin respuestas,
ahora debería preparar ese té.
He llegado a casa, he llegado a casa.
Mientras dura el silbo entiendo,
el agua que hierve tiene valor
prender una hornalla tiene valor.
Pero una deja de escuchar.
El adormecimiento fue haber dejado
de escuchar. El bien, el amparo
son percepciones que se pierden.
Sigue el silbido y lo dejaría
para siempre
porque quiero que me diga,
aunque no haya palabras dulces,
que estoy en casa
que el desierto es una línea imaginaria
y que no me atraviesa.

De La línea del desierto (inédito)


Alicia Genovese.pngALICIA GENOVESE (Buenos Aires, 1953). Ha publicado los libros de poesía El cielo posible (El Escarabajo de Oro, 1977), El mundo encima (Editorial Rayuela, 1982), Anónima (Ediciones Último Reino, 1992), El borde es un río (Libros de Tierra Firme, 1997), Puentes (Libros de Tierra Firme, 2000), Química diurna (Alción Editora, 2004), La hybris (Bajo la Luna, 2007), Aguas (Ediciones del Dock, 2013) y La contingencia (Gog y Magog, 2015). Además de la plaquette Aguas (Cuadro de Tiza, 2012), la antología bilingüe La ville des ponts/La ciudad de los puentes (Écrits des Forges, 2001) y la antología personal El río anterior (Ruinas Circulares, 2014). Es autora de los libros de ensayo La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas (Biblos, 1998; Eduvim, 2015) y Leer poesía. Lo leve, lo grave, lo opaco (Fondo de Cultura Económica, 2011). Obtuvo en poesía la Beca Guggenheim (2002). Recibió el Premio Internacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz en 2014 y el Premio Municipal de Ensayo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2016. Actualmente es titular del Taller de Poesía I en la Universidad Nacional de las Artes.