Futuro esplendor: Un poema de Rafael Cuevas

Imagen: Bruce McLean, Six sculptures (1967-8)

Hoy en una nueva entrega de Futuro esplendor, un texto del joven poeta viñamarino Rafael Cuevas. Disfruten estas imágenes carreteras producto de una percepción contaminada por un lenguaje —acaso— arrasado.


DIRECCIONES SUGERIDAS

“Como la boca de un nuevo instinto”
Mario Montalbetti

Todos los ojos abiertos
el primer instante del condominio
una mañana como toda repetición
de haber diversidad se ensaya
ser dirigidos hacia el día
por aquello que el día exige
un lugar entre la puerta recién abierta
y el temor confundido entre las cosas
que tanto neblina como madrugada
tienden a humedecer

*

El aire todavía cae como ceniza
el pasaje brilla los niños saltan
en bicicleta sobre algún amigo
ambos riesgos se confunden
dos culpas posibles
intiman los ojos de uno
se vacían sobre los ojos del otro
un segundo antes del salto ahora
más veloz que nunca después
pasaje abajo como un canto de victoria
la tarde se desvanece reflejada
en los rayos de las bicicletas

*

El cielo es insistente
no hay razones para su claridad
la ceniza se deja ver solo
cuando llega a tocar el suelo
acumulada sobre el cemento
ni aire ni descenso paulatino
solo distancia que se agota
hasta concluir en nosotros
sin patrones a excepción de los propios
estos bultos de plumillas negras

*

Frenar antecede al desvío
como una carretera diluye el deseo
reunido en un suburbio o un paisaje
asumir por la maqueta el ansia de elección
conveniente es no decir una palabra
esperar a que los motores suenen
por nosotros el tráfico acelera las mediaguas
concluyen ese camino de polvo
reducido hacia otro panorama

*

Nos acostumbramos
a que ese letrero Kaczezcka
inicie el vértigo de la ruta 68
con la limpia palabra extranjera
por la necesidad de habitar un orden
balbucear el vínculo aleja de la cautela
la incapacidad nos resuelve mejor
que cualquier deliberación

*

El sol brilla
por hacer memoria
sobre la agitación de las cosas
una posibilidad de escape
en los vidrios del sitio baldío
la luz hierve para recordar
los mejores momentos del carrete
tanto como su cierre paulatino
un repliegue hacia las muecas
al primer sonar de las sirenas ofrecemos
molestia y un poco de distracción

*

Un condominio promueve
cierto laicismo si bien estemos
todos alrededor de un Dios reservado
enemigo de fervores o la sorpresa
de una puerta que de repente suena
cuando no se esperan visitas ni nada
que se pueda llamar inesperado
una decisión postergada hasta el aire
incluso enrarecido por el humo

el desastre puede ser una certeza

*

Toda señal en esos tiempos
insistía solo estando tú el suelo
podía asumir una respuesta
un no esparcido en la ceniza
el humo ascendía a lo largo
de la laguna y esas codornices
preanunciaban la renovación
nos dejaba atrás todo felizmente
concentrado en las coronas negras
bamboleantes entre medio de las ramas
en cuclillas para observarlas bien
llegaban a temblarnos las piernas

*

En una carretera las novedades
rodeadas por el silencio
de la velocidad o una música
a medio camino entre sonajera de micros
gritos del chofer o tu propia mente
que tropieza en su curiosidad
con un rostro olvidado hasta confundir
el incendio de los pinos y los bomberos
con una muda escena de amor

*

Micro carretera abajo
más allá del ventanal los pinos
hechos parte y a partir del vértigo
una conversación con el mundo
desde la velocidad miras tu rostro
a ratos reflejado en la ventana
siempre a los ojos porque algo
suele disiparse cuando pones
tu pie en la vereda

*

A la distancia vas cambiando
distinto no concluido e incluso
el saludo ya no se reconoce de tan
rápido tan fugaz e intermitente así
accedo a ustedes así quiero nombrar
las variaciones de nuestro encuentro
clásico apretón de manos un beso
en la mejilla para las mujeres es
un capricho que respeto sin saber
por qué los abrazos son cálidos
si nuestro encuentro es
tan propio de la confusión

*

La despedida nunca es una
sola tu mano en la altura del gesto
no puede evitar desdibujarse
recordará allí una ola desatenta
al paso del tiempo o columnas de humo
perdidas entre las ramas de un árbol
donde el cielo no se anima a terminar
nada de lo que aquí abajo empezamos
nos mostrará un rostro definitivo
un basta que lleve hacia la paz
de una mano simplemente agitada
cinco dedos al despedir
toda noción de movimiento


Rafael CuevasRAFAEL CUEVAS BRAVO (Viña del Mar, 1994). Vive en Curauma, Valparaíso. Estudia Licenciatura en Letras en la PUCV.