Entreamigos: ‘El hueón que quiera escribir, que escriba’ [entrevista a Constanza Anabalón]

Constanza Anabalón es de esas autoras que te llegan (y lo decimos de manera literal porque no es que la hayamos buscado, precisamente). Más allá del mal chiste, creo que efectivamente logra tocar cierta fibra, sobre todo a quienes son sus cogeneracionales.

 

Si tuviera que hacer una crítica de Caja de Resonancia, (y no ese formulismo mediocre de resumir un libro, buscar un flanco y darle ad-hominem, al punto de que no se noten ninguna de tus lecturas, ni tu bagaje y menos tu aparato teórico para enfrentar las obras que muchos venden como tal), la titularía algo así como ‘El orden de los factores sí altera el producto’;  porque aquí, los factores (o elementos constituyentes de la novela), a pesar de ser los conocidos, logran que nos reencantemos con formas y tópicos más que sabidos, gracias a su disposición y dosificación. Pero, ¿la literatura no es eso acaso, el contarnos una y mil veces la misma historia (pero de distinta manera)?

 

 

Ante lo anterior surge la necesidad y sentido de la entrevista a continuación: si pueden haber nuevos nuevos matices en las formas de contar, entonces lo pueden haber en las formas de planteárselo (y, por ende,  en la conversación en torno a ellas).

 

 


 

 

—Para partir, ¿qué no te gustaría que te preguntase?

¿Y los hijos cuando?

 

—Llama la atención de que la crítica institucionaliza y la academia, busque ciertos elementos de tradición y continuidad en las nuevas obras que van apareciendo en nuestro contexto. No obstante, cabe destacar que muchos no tienen formación literaria formal (entiéndase por tal como universitaria, por un tema de profesión u oficio), como lo es tu caso, que provienes desde la sociología. A pesar de las referencias (políticas, sociales y culturales) presentes en Caja de resonancia, ¿tiene sentido en tu caso personal y en el de tu círculo, hablar de una suerte de tradición literaria?

Yo creo que no, aunque no lo había pensado tanto, en realidad. Puede haber influencias de ciertos autores, pero hablar de “tradición”, no lo sé. Sería súper interesante, tal como dices, a partir de esos escritores que no vienen del mundo de la literatura, hacer un análisis del mundo del cual provienen y cuáles son sus influencias. Porque si somos herederos de algo, yo creo que es del cine. Quizás es distinto venir del mundo de la literatura, donde eres escritor y lo has leído todo y está el influjo de ciertos cánones y en donde —tal vez— sea más complejo soltar ciertas amarras. Entonces, desde otro lugar, uno viene más barzamente con la actitud de “y qué chucha me importan las formas preestablecidas y los referentes”, o en algún caso podría ser así. Quizás pueda darse también que, de ser así, se sienta una mayor facilidad o libertad para experimentar, por ejemplo.

 

Pensaba en lo del cine, porque me ha pasado que he ido conociendo gente en talleres, dentro del mismo rango de edad —tal vez un poco más o un poco menos— y siempre, dentro de los tópicos a tratar, está el cine. En la estética de los textos también. Cuentos o novelas muy cinematográficas, en concordancia a cómo se experimenta y juega con la imagen en ambos formatos. Y ahí nos metemos en otro tema: ¿desde qué tipo o tipos de cine? Porque algunos van a ser más pop-hollywoodenses, otros más “cine arte francés drama”, etcétera.

 

—Igual cuando uno habla de cine, en general hace referencia al cine gringo (el cual se mueve dentro de la estructura más clásica), por lo que no hay mayores experimentaciones con la estructura, el tiempo o las líneas argumentales como en otras escuelas. Entonces, tal vez venir del cine en muchos casos, sea como repetirse el mismo molde que está presente en las diversas formas de arte más masivo que existen actualmente, como ocurre con las series.

Es que, en ese sentido, lo pienso más como la confluencia de las formas del arte que vienen de distintos medios: música, libros, comics, películas, series. Una especie de mix multimedial llevado a la letra chica. Por eso, cuando me preguntabas si me siento como la continuadora de algo o de alguien, yo cacho que no, porque no me corresponde. Una cosa es hablar de influencias y otra, es ser continuador de un legado. Y, ¿cuál legado, específicamente? No lo sé. Quizás tienen que pasar muchos años y mirar con la distancia suficiente como para decir “ok, aquí hay una línea común”. Pero como estamos dentro de esto, se hace difícil visualizar algo así. No cacho, la verdad. Quizás soy terriblemente ignorante y no cacho nada de crítica o los críticos no cachan nada o los académicos no cachan nada o nadie cacha nada.

 

A propósito de lo mismo, la crítica te ha sido disímil en gente que uno asocia a una línea similar dentro del establishment, como lo podría ser Patricia Espinosa y Lorena Amaro. De hecho, la primera te trató bastante bien (lo que es como un logro dentro del medio local), cosa que atribuyo al hecho de que como novela, Caja de resonancia cumple con ciertos elementos canónicos que están muy en boga hoy en la academia, como lo puede ser la memoria, “lo femenino” … 

La verdad es que no sé si la buena o mala recepción tenga que ver con los tópicos tratados. Pensaba, he escuchado a varias personas decir que claro, que de la dictadura ya se ha escrito tanto, como si uno sacara una carta de debajo de la manga. El punto no es “cuánto” se ha escrito, porque “mucho”, ¿cuánto será escribir “mucho” de procesos no resueltos? ¿Habrá alguna escala de deseabilidad escritural? El punto no es cuánto se escriba de uno u otro tema, el punto es desde dónde estás mirando. Desde dónde miras. Y eso en todo orden de cosas. Desde qué lugar escribes, desde dónde lees, desde qué institución o posición de privilegio criticas, qué se yo. Entonces, en el caso del texto, se habla de la dictadura, pero desde la mirada de nuestra generación. Desde la postdictadura, plebiscito, actualidad.

 

Con esto me refiero a que todos los grandes temas se han tratado y ultra tratado y escrito y filmado. Entonces no sé si el texto ganará más o menos jumbitos por tener el check list de tal o cual tópico. Es difícil pensar que la innovación pase por la temática. O que el hecho de tomar “grandes temas” sea pararte ya desde una “zona de confort”. Porque podría producirse el efecto contrario, tratar de ser súper mega innovador, y buscar ideas y temáticas súper locas, pensando más bien en la forma y en hacer algo distinto. Pero en ese experimento la búsqueda de lo diferente puede devenir en un mamarracho falso y forzado. Ahora bien, lo que está de fondo es saber cuál es la motivación intrínseca de la escritura. Ya, está bien que uno quiera innovar, pero ¿qué pasa si lo que tú quieres escribir está dentro de los “moldes más tradicionales”? ¿Y, no obstante, dentro de eso, igual hay una verdad distinta que late? Uno puede caer en eso de que por tratar de hacer algo diferente, “innovar”, te quedes sólo en la forma. Lo digo, porque estas son algunas de las reflexiones que me surgen. Desde dónde miramos y qué nos impele a escribir. Es bueno ir planteando la escritura intuitivamente, porque si se da que en algunos casos o formas es más cercano a lo “tradicional”, es porque el texto queda mejor así no más.

 

—Respecto a lo intuitivo como recurso en la literatura, ¿cuándo sientes que algo tiene que ir o no dentro de un texto?

Trato de pensar la escritura como un ejercicio de humildad personal para con el texto, porque uno no anda pontificando ni vendiendo un panfleto. Eso de guiar tanto al lector en las interpretaciones, es muy fome tanto para el escritor o escritora, como para quien lo lee. Pero es verdad que muchas veces se cae en la tentación de poner una idea tuya que consideras que es muy buena y que te encantaría que la leyeran porque es muy buena y que merece mil jumbitos por la genialidad. Pero ahí no están hablando tus personajes o el narrador, ahí estás hablando tú misma, está hablando tu ego, y la idea es siempre pensar en el texto a la hora de construirlo. Como Helen Alegría de los Simpsons “por favor, alguien puede pensar en los niños”. En este caso, sería en el texto. Es la idea, al menos. Está la intención. Llegar a lograrlo es otra cosa. A partir de esta premisa intento orientarme en lo que tiene que ir o no en el texto. Qué va o qué no. Qué cosas hacen ruido, ir identificando ciertos elementos.

 

—Pero igual a uno como escritor le gusta, de cierta forma, intencionar una interpretación de su texto, como la suerte de decodificación común y general que esperas con que sea recibido.

Es que también lo siento como una lucha interna, hasta qué punto controlas o sueltas, ¿cachai? Igual es más divertido a veces soltar un poco la mente, la mano, el lápiz. Ver qué pasa. Me gusta pensar también que el texto final no quede absolutamente cerrado a una sola interpretación, que no se quede sólo en lo más obvio. Y eso lo pienso más en términos de cuento que de novela. Dejar la puerta entreabierta. Me gusta encontrar eso en otros textos también, posibilidades de lecturas, de interpretaciones. Que exista esa otra vía, o vías latentes.

 

—Entonces, ¿cómo pruebas que funciona lo que vas escribiendo? 

En el caso de algunos textos, cuando he tenido una primera versión se los he mostrado a amigas y personas cercanas para que me den su feedback. Así he podido ver qué cosas funcionan y cuáles no. Quizás hay cosas que para mí pueden resultar super obvias, pero en realidad para otros no lo son. Claramente hay una distancia entre lo que piensas al escribir, y lo que finalmente le llega a otro u otra. En el caso de la Caja de Resonancia, claro, ese fue un trabajo súper largo. Tuvo idas y venidas, períodos de sequía, y otros más llenitos. Partí con una idea súper distinta, y fue cambiando a lo largo del proceso. Reescribí varias partes, saqué y agregué capítulos.

 

—Ya, pero ese trabajo arduo te termina encerrando como autora en su obra, perdiendo perspectiva a la hora de tomar decisiones en pro del mismo texto. Entonces, ¿cómo lograr salir de ese ensimismamiento que te permite discriminar lo qué está bien logrado y los elementos que faltan por trabajar dentro del texto? 

Mm, por una parte, creo que sirve dejar en ciertos momentos el texto, ir a darse una vuelta a la plaza un par de meses, y luego volver a revisar. Buscar cierto distanciamiento, refrescar un poco la mirada. De todas formas, eso no garantiza para nada que volverás de tu paseo con muchas certezas, o con una mirada significativamente más clara. También creo que es súper importante que otros te lean, tener un feedback. Por lo menos para mí lo es. Sería difícil hacer todo el proceso sin ojos amigos del otro lado. A veces me han dicho, por ejemplo, “me pasa esto con tal parte del texto, y lo cambiaría de esta forma”. Quizás no resultaría bien esa “solución” en particular, pero es súper útil saber cuál es ese fragmento, qué es lo que está generando ruido. Es como si quedara en evidencia un bache, una imperfección, un ladrillo que quedó mal puesto. Lo difícil es ponerlo de nuevo, o cambiarlo, o derribar la pared, en el peor de los casos.

 

Ahora bien, pensando más concretamente en la “Caja de Resonancia”, cuando tuve la primera versión del manuscrito, recién ahí empecé a mostrarla. De hecho, se la pasé a varias personas y me dieron opiniones muy diferentes. Todos me entregaron un punto importante que no había visto, y lo mejor es que no fue de manera complaciente. Y eso se agradece montones. Porque si alguien te dice, “ah ya, sí, está buena”. O “si, si, está pésima, horrorosa”. Ya, pero, ¿qué más? ¿Qué haces con eso? Se agradecen mucho esas lecturas francas. Si pudiera hacerlo concepto y ponerle nombre, resultaría algo así como “generosororidad lectora”.

 

—Y ya para ir cerrando, ¿alguna frase polémica sacada de contexto para titular esta entrevista?

A propósito de la pregunta típica del consejo para quienes recién empiezan a escribir, podría ser algo como: el hueón que quiera escribir, que escriba. Juegue. Así de corta.

 

Y tú, Matías, ¿con qué pregunta polémica sacada de contexto cerrarías esta entrevista?

 

*Esta entrevista, es un extracto de la original y formará parte del proyecto F5 – Conversaciones con cuentistas chilenos muy actuales, a publicarse de manera impresa, próximamente bajo el sello Jámpster.

 

 


MATÍAS FUENTES AGUIRRE (Santiago, 1990). Editor de Jámpster.cl y parte de La Liga de la Justicia Ediciones.