Selected poems: Luis Carlos Mussó

 

 

 

“Más allá de las etiquetas atingentes a Luis Carlos Mussó, el elemento de la búsqueda es transversal a toda su obra: la sensibilidad de época de los nuevos tiempos, dan cuenta de una poesía que va escindiendose de la voz intimista y/o de los deseos de trascendencia del poeta, para tomar -ahora- todas las formas de discurso, reelaborarlas y hacerlas propias.

 

Lo anterior se puede ver en esta selección, que asimismo constituiría una especie cronología improvisada en donde se da paso a las imágenes lúgubres y encriptadas y a un imaginario en torno a la muerte con un código local que toma referencias universales y contemporáneas, que va descentrando su significación en perspectiva de la estructura o formato de presentación.

 

Muchas veces somos autocomplacientes con la mediocridad escritural, amparándonos en eso de que “la originalidad no existe” para justificar la lectura y escritura (incluso propia) de productos altamente desechables y contaminantes. Entonces, ¿cómo es que podemos hablar de la “buena poesía” (y por extensión, de la buena literatura)? Creemos que en la búsqueda está la clave, dado que siempre nos acercará a la perfectibilidad de la “calidad” y de lo “novedoso”. Los poemas que les dejamos a continuación, son más que buena muestra de aquello.

 

 

 


 

 

1.

¿Ves la caja negra que cubre mis hombros?
Algún día cobijará nuestro señorío
y será el último refugio que se mantenga en pie

la pugna entre las flores tenebrosas
y los azules pastizales que ves en sueños
cubre el vigor de mi arrepentimiento.
Súbitas, han nacido las fronteras
para los reyes siameses en la baraja de naipes:

el sedimento de los metales livianos
se aloja en mi propósito de enmienda,
en la hojarasca plateada que el remolino ordena

2.

Se acumula en los hombros desnudos
todo rastro de luz en la habitación,
la misma luz oblicua que excava
escalones en las colinas y flanquea mi rostro
con un deseo que se arrastra rompiendo las bisagras.

Concierto de ballenas este que sepulta el instante:
su sombra convierte los lechos en lápidas
mientras se afincan en el cielo raso las telas de araña.

Un enemigo estertor opaca la liturgia antigua:
fuera de estas paredes habita el frío.

De Y el sol no es nombrado (1999)


indiana jones en la calle julián coronel
[cementerio general de guayaquil]

Escuchas los chirridos en el metal de cruces mohosas mien- tras se oxida. Y en los socavones, sarcófagos / sarcofagia / fagia de sarcos. El miedo se te pega a la barba como sudor [las serpientes se encaraman en tus rodillas]. Nada como la piedra para grabar la imagen / Nada como el musgo para ahogar la piedra. Pasas inadvertido entre la caliza y el grani- to. Levantas la mirada y percibes una buena toma del cam- pamento. Hay algo de la realidad en la habitación del sueño: el mandil de sangre con que me recibes en cada temporada de fuegos. Ya que la putrefacción ha llegado a tus miembros, el amor es una leyenda que crees haber sufrido en el sexo. Si todo poema vocifera un epitafio, éste también. Porque a la hora de los gerundios prefieres los que habitas…

–el mundo negándonos, y tú desnudándome–

severo, escupiendo al sena [capítulos 1 – 4]

1

Un mapa negro –los bordes roídos por el sudor– resiste los arañazos del compás. Harto trajín el de esta sexual agrimen- sura / en que las planicies y las colinas preceden al momento magnífico de clavar el pendón. De nada sirve ese novedoso restregar de ojos inasibles / el manglar de sombras incrus- tándose en la mirada / una proclama de vidrio indestruc- tible.

2

Ahora que un nocturno incendio consume duela a duela el puente tendido entre tu garganta y mi bordón endurecido a flor de humedad, se confunde la sangre con la cúpula de la sangre. Y bajo las aguas sonríen los rostros de los ami- gos muertos que de cuando en vez me visitan y labran mis hombros con pobres luces. Ahí está el sereno Vicente / Muy cerca el formidable Paco / Allá Argos, de máscara fiera. El sendero sigue al sendero más esbelto / y la lluvia de polen y brújulas se proyecta desde el ojo hasta donde se levanta el ojo. Y bien te has dado cuenta de que no solamente llueve la noche –torrenciales siluetas–, sino esta zarza agrandada de negrura que oscurece el aislamiento de la Voz.

3

Y el ángel solitario –en equilibrio sobre la punta de un al- filer– aún escucha que alguien orina. Es tanto el miedo to- davía –el poeta de la Taberna dixit–. Porque aunque no los recuerdo, sé que de mis muertos llevo aquel gesto deshila- chado del despertar de la máscara. Habrá que anclarse a un himno de anillos concéntricos como la corteza de la secuoya anciana. Habrá que repasar los umbrales de la Inocencia que pretendiste demorar y proteger construyendo diques de palo de balsa. Habrá –qué duda cabe– que pertenecer.

4

Travesía. Itinerario de sueños guiados por un mapa negro – el de los cuerpos–. Porque amarás: duro, por donde piensas/ sangras/ hablas/ orinas. Y así continúan los viajes a través del país de mis muertos. Y en la definición del ocio inviertes demasiadas fuerzas. Pero sobre el azogue de la herida, tomas sendos rostros con nuestras manos. Jamás quejándonos de arder / Jamás quejándonos de haber ardido.

De Cuadernos de Indiana (2014)


uno

¿POR QUÉ LA FANTASMAGORÍA DE ESTÉRILES CELDAS SE ADHIERE A MI ESCRITURA COMO RANCIAS BELLOTAS DE MAR? / ¿POR QUÉ LA TELEVISIÓN SOLO TIENE LLUVIA RUIDOSA EN LAS VÍSCERAS? / ¿POR QUÉ OBSTINARSE EN CUESTIONAR ESTE TRABALENGUAS? / ¿POR QUÉ EMPECINARSE EN CONSTATAR LO ANCHO / LO ESTRECHO / LO PROFUNDO DEL SOCAVÓN DE ESTA OSCURÍSIMA MINA QUE ES EL LENGUAJE?

dos

yo tenía un amigo de barrio que viajó al extranjero, dicen
que murió hace años: ¿eres tú? /
tapizan solares de origami los que cayeron buscando medallas: /
ya no es mi emblema su estandarte [detrás
de una diminuta música para la muerte,
caigo en las noches movedizas que son las de mi casa] /
y esta batahola hacina sus olas de azogue /
y me ahogan sus basurales viscosos
[se derrumba por causas naturales la luz de mis manzanas fúnebres]

seis

la mujer de la crisálida de ámbar interviene con caricias lentas y un andar de pies desnudos como el treno por las víctimas de hiroshima de penderecki / ofrece telas bordadas en histéricos bastidores a cambio de escuchar historias de yodo y negrura / la mujer [de maromas y sal prieta] sabe que las manchas que el eclipse trabaja en su rostro son odiadas por su raza / medita los aromas que muerden en la albahaca orgánica / enfrenta la noche con la llaga de luz que echa su frente / quién es esa mujer, que no piensa negarse detrás de las columnas de las cachimbas labradas en secuoya oscura [sus sudores divulgan la curva del saxo] / agrieta sus muñecas porque estas palabras quieren ordenarse en forma de poema.

pero todas equivocan el camino

De Méster de altanería (extracción de la piedra del olvido) (2015)

 

 


 

selected-poems_luis-carlos-mussocc81.png

selected-poems_luis-carlos-mussocc812-e1506031544484.png

Selected poems_Luis Carlos Mussó3

 

De Mea Vulgatae (2014)

 

 


Luis Carlos Mussó.pngLUIS CARLOS MUSSÓ (Santiago de Guayaquil, 1970). Ha publicado los poemarios El libro del sosiego (premio Bienal de Cuenca), Propagación de la noche (premio César Dávila Andrade), Tiniebla de esplendor (premio Jorge Carrera Andrade), Las formas del círculo (reúne los anteriores), Minimal hysteria, Evohé (premio M. I. Municipalidad de Guayaquil), Geometría moral, Alzheimer, Cuadernos de Indiana, Mea Vulgatae (premio Jorge Carrera Andrade) y Mester de altanería. Además, ha publicado Oscurana (novela, premio Ángel F. Rojas y premio Joaquín Gallegos Lara), Épica de lo cotidiano (ensayo) y Rostros de la mitad del mundo (semblanzas, premio José Peralta). Con Luis Fernando Chueca publicó Esquirla doble. Es corresponsable, con Juan José Rodinás, de la muestra de poesía ecuatoriana Tempestad secreta, y editó y prologó la antología La astillada sombra de Sodoma. Estudió Letras en grado y posgrado. Se desempeña en la cátedra universitaria y en el periodismo. Sus colaboraciones han sido traducidas y editadas en seis lenguas.