Cuaderno de apuntes: Rajar la tela/seccionar en partes disímiles [sobre ‘Corte’ de Felipe Reyes]

Es que Chile es un país
tan triste e infeliz
que hasta tiene forma de cicatriz
Cevladé

Corte de Felipe Reyes, novela publicada durante el año 2016 por la editorial La calabaza del diablo, parte de una premisa común/precisa/cotidiana: en medio de la cancha, una pelea a tajo limpio. De un lado está Lalo, el choro de la población, y del otro el Toño, elegido por votación popular de un grupo de amigos, aburridos ya de Lalo, para enfrentarlo. La novela es el seguimiento de esta pelea y la mirada cercana a ambas biografías. El paso lento de un dedo sobre la cicatriz todavía sin cerrar que es “el otro Chile”. Uno vulnerable y que cree encontrar a sus enemigos en las calles aledañas.
……………La novela no parece tener rajaduras. Los desplazamientos de la prosa son ligeros. La voz está en tercera persona y en focalización externa, a la manera de un documentalista que comenta al lado de la cámara. El hablante hace un recorrido a la historiografía de la población, en particular de ambos combatientes. Lalo, los sinsabores de una familia humilde de quien fuese en algún momento el primer bebé de la toma. La violencia, las carencias que vive y cómo este contexto lo configura como sujeto, puede recordar al Tila, en Criminal de Jaime Pinos. La diferencia es que uno de los dos (el primero) vive en el desarraigo.

Lo que hice lo hice,
no lo digo por victimizarme,
pero yo estaba marcado.

La pobreza,
la droga,
la violencia.
Estigmas,
cicatrices de nacimiento.

A otros les tocó el premiado.
A mí, sólo una mierda de vida
y toda una vida de mierda para malvivirla.
Una niñez con dolor.
Una madurez prematura impuesta por los rigores de la supervivencia.
Una vejez indigna entre el abandono y la enfermedad.
Una muerte anónima recibida como un alivio.
Así fue para mis padres y los padres de mis padres.
La miseria, qué duda cabe, es un mal hereditario.

de “Discurso del resentimiento”, en Criminal de Jaime Pinos

……………Llama la atención la secuencia en donde los pobladores van a la plaza, una caminata del brazo que termina en las bancas, y unos pasos más allá, en la cancha, ocurriendo la disputa. La elección del escenario no es al azar, es el centro de la cancha. Esto y el paseo de los vecinos y niños jugando alrededor habla de un sentido del espectáculo, o mejor dicho, de un ritual que debe ocurrir porque debe ocurrir.

Algunos vecinos ya se habían apostado en la puerta de sus casas para ver la riña. Los abuelos se instalaron en sillas y bancas como a tomar el fresco de la tarde, los niños corrían hasta la cancha, y los perros comenzaban a ladrar por el movimiento de la gente, pero los dos retadores estaban seguros de que nadie intervendría, pasara lo que pasara una vez terminada la rosca cerrarán sus puertas y ventanas y no volverían a acordarse —públicamente— de lo que vieron.

 

p. 17

……………Es por eso que la voz que elige Felipe Reyes me parece un acierto. La naturalización del ambiente en donde se desenvuelven amerita que quien narra sea el responsable de remover un poco la tierra sobre las poblaciones y hable, por ejemplo, de la introducción de la cocaína durante la dictadura en Chile. Los personajes se acercan a su contexto social a partir de la memoria y lo afectivo, no desde una perspectiva crítica.

Eran lindos esos tiempos, pensó ahora el Lalo, evocando imágenes en sepia de vecinos sin zapatos y uniforme escolar los siete días de la semana archivadas en su memoria. La vida se hacía en la calle con los chiquillos, todo el día, hasta la noche, siempre en la calle. Y lo mandaban a comprar bolsitas de té, y a que le anotaran en el cuaderno del almacén alguna otra cosita, o a pedirle algo a la vecina.

 

p. 40

……………El documentalista/quien narra, realiza un acto de exorcización droguettiano —de la misma manera pueden observarse otras influencias de la escritura chilena social. Volver parece un ejercicio necesario, sin importar de dónde venga la pluma.

Para mí, la literatura es un acto total que interesa al cuerpo y al espíritu del escritor: en términos teológicos, como un sacramento; en términos psiquiátricos, como un suicidio. Si el escritor no se satura de pasión por su tema y por su personaje, se queda en la superficie, transitoriamente y para siempre en la superficie… El escritor que no escribe por la justicia es un despojador de los pobres, un ladrón. ¹

……………La herida que provocó el corte es el de la violencia y la segmentación a nivel popular, el de la desorganización. La violencia contra la misma clase y la naturalización de ello. El libro realiza un paneo que va desde lo más pequeño hasta lo más grande —de la pelea entre dos pobladores al retrato de un Chile en donde la violencia física es común y la social se naturaliza—. La pelea con puñal en mano, la voz que se escoge, lejos de hacer una épica de lo cotidiano, ocupa el registro documental, si se quiere, como una sátira tipo National Geographic, para acercar una ferocidad que parece tan lejana y que, la verdad, sigue tan arraigada a las entrañas del país.

Corte, Felipe Reyes

Felipe Reyes
Corte
La calabaza del diablo, 2016
89 páginas

¹ Entrevista realizada por el periodista Tomás P. Mac Hale, “Carlos Droguett: ‘Soy un pasional y mi pasión es la literatura'”, publicada en El Mercurio, Santiago, 24 de enero de 1971, p. 2.


Álvaro Gaete EscanillaÁLVARO GAETE ESCANILLA (Lo Espejo, 1994). Estudiante de Pedagogía en Castellano (UMCE, ex Pedagógico). Mención honrosa en el premio Roberto Bolaño en la categoría poesía, año 2016. Trabaja en su primer libro.