Futuro esplendor: Cinco poemas de Tomás Morales

El poema como simulación de la realidad. El poeta como un todopoderoso artificial que no tiene mayor límite que sus caprichos: puede volver en el tiempo, proyectar cómo hubiera sido la historia cambiando esta y otras condiciones, transgrediendo los límites de lo racional en un bucle infinito, en donde la reflexión es la condición obligatoria de la observación.

 

¿Tendrán alguna influencia en lo que creemos que es la vida real? ¿Hasta dónde podrán llegar los resultados de cada iteración de estos procesos? Quizás, en el propio uso del lenguaje. Quizás, estemos equivocados.

 

Esto es lo que nos queda luego de la lectura de estos poemas de Tomás Morales que  les presentamos a continuación y que serán parte de Placa Madre, su primer libro. Como entusiastas de lo digital, la programación y los videojuegos, sabemos que el recuerdo de su lectura se hará patente la próxima vez que estos quehaceres ocupen parte de nuestra existencia.

 

 


 

MONÓLOGO DE SID MEIER

 

hubo una época
en que yo solía ser el sol y la luna
cuidando el bienestar
de una civilización
en el Medioevo

mis tareas eran simples:
arrastrar una extensión virtual
de mi propia mano
dar golpecitos en un radio
de 100 metros cuadrados

al cabo de unos minutos
se construía lo que yo deseaba:
campamentos militares
puentes de madera
herrerías y hospedaje
para los soldados

sus formas de combate eran erráticas
casi gobernadas por un azar
que ni siquiera yo lograba comprender

sólo podía invertir los rojos y azules
de sus banderas
para ver cómo reaccionaban
en mitad del combate
a eso se limitaban mis acciones:
construir y permutar

pasada una hora
me aburrí de sus rutinas
dediqué mis fuerzas de equilibrio
a otro pasatiempo
vigilar a otras civilizaciones
más avanzadas
y generar una interpretación
alternativa de la Historia

eso también me aburrió
en menos de una hora
tampoco tenía control
sobre las acciones
del Tercer Reich
(ahora la segunda potencia mundial
después de la Unión Soviética)

pensé en dos consecuencias posibles:
el desarrollo de las naciones
sería más equitativo
o el mundo llegaría a su fin
de manera prematura

ninguna llegó a convertirse en realidad
el tiempo avanzó de la misma forma
todavía existía el Tercer Mundo
y la resolución de los conflictos
se limitaba a una reunión periódica
entre los gobernantes de cada país
nunca hubo una guerra nuclear
aun así se conservaba el armamento
bajo siete llaves
en caso de emergencia

luego de ver todo esto
decidí retirarme
las maquetas digitales a escala
son simulacros que se parecen
demasiado a la realidad

aplasté con una mano
las metrópolis del nuevo siglo
en su lugar instalé
un castillo de arena
que la marea destruye

todos los días pienso y ejecuto
una nueva arquitectura
variable en tamaño y detalle
así nunca pierdo el interés
y descubro nuevas formas
que sugiere la espuma estancada
en las huellas de mis zapatos

 

 

 


 

KAMUROCHO, 1988

 

mientras tus dedos asimilan la yesca de mis heridas
y mi columna vertebral se acomoda a las formas del tacto
(el dios del trueno surca mis poros montado en una nube)
observo la noche caer en la ciudad
las luces de los edificios al otro lado de la calle
se encienden progresivamente de abajo hacia arriba

a las afueras de nuestro edificio
un turista intenta esconder sus tatuajes
para caminar sin problemas por el Kamurocho
es una visión recurrente por aquí
al igual que las peleas entre mis subordinados
y uno que otro oficinista que se niega
a pagar la cuenta del restaurant de mi tío
quien administra el 50% de los negocios de la familia Tojo
después de la muerte de mi padre

pero esos detalles sobran
nada más que descripciones de mi rutina diaria
me llama la atención el parecido
entre la disposición espacial de este barrio
y un tablero de shogi
donde mi único deber es mover las piezas
observar con distancia el desarrollo del juego
atacar cuando sea prudente
defender cuando sea necesario
jamás retirarse hasta el final de la partida

 

 


 

MUTE CITY

 

antes me jugaba la vida en una carrera
donde los vehículos desafían la gravedad
y corren a más de 500 km/h

cuando iba en primer lugar
sin la presión de que alguien me arrebatara el puesto
reducía un poco la velocidad
observaba cómo se distorsiona el contorno
de los edificios y los hologramas publicitarios
en el lente del casco protector
sus luces como rectas que simulan un domo de cristal
sobre la pista de carreras

acelerar en un bucle y observar la ciudad de cabeza
era una experiencia que nunca perdía novedad
en mi mente las variaciones del clima
(soleado/chubascos/nubes)
eran sus cimientos invisibles

pero te advierto:
será mejor que desistas en este sueño
en algunos tramos de la pista
no hay barreras de contención
las únicas que existen
drenan la energía vital de tu nave
si el contador queda en 0
explotarás con ella

además son carreras donde todo vale
es decir: empujar al oponente hacia el abismo
no se considera delito penado por la ley

en mi breve trayectoria como piloto
muchos no han regresado de la niebla magenta
que cubre el submundo para aquellos
nacidos en una cuna anti-gravitatoria

hasta la fecha 20 pilotos han perdido el rumbo

 

 


 

GLITCH

 

se acerca el fin del invierno
y noto comportamientos extraños
en una hilera de cerezos en flor
los troncos se desplazan
un par de metros a la izquierda
sus pétalos se mantienen flotando
sin el fractal del ramaje como soporte
la tonalidad se acerca más al magenta
menos al punto medio entre blanco y rosado
que mi retina suele asociar con aquellas flores

es un fenómeno común por estas fechas
me dicen algunos transeúntes
se dejan entrever las fisuras del entorno
y los objetos alrededor distorsionan su forma
para muchos matemáticos
geometrías imposibles de realizar a voluntad
nadie sabe si es una consecuencia del cambio climático
o a la naturaleza le acomoda experimentar con su estructura
en épocas de transición
espero que las autoridades tomen nota
y encuentren una solución pronto

 

 


 

I DON’T WANT TO SET THE WORLD ON FIRE

 

después de la caída de las bombas
las tapitas metálicas de cerveza
se convirtieron en el sucedáneo de monedas y billetes
me mandaron del refugio 101 para buscarlas
en un radio de 20 kilómetros
y así sobrevivir unos meses más sin hambre ni sed
tiene sentido: he balanceado al máximo
mis habilidades de supervivencia
al fin mi Fuerza se complementa con mi Carisma
algo que jamás pensé fuera posible

para los otros soy simplemente el Elegido
a estas alturas negar el apodo sería redundante

en las horas vacías
con el peso de los bolsillos arrastrando el pantalón
me alejo un poco del radio de exploración permitido
a mi escondite personal: una pila de chatarra
coronada por la pantalla intermitente de una rockola
el cráter de un volcán rodeado por placas de acero
que amplifican la erupción de una voz
resonante a lo largo y ancho del territorio
el mismo track repetido en un bucle infinito
quizás un mantra en los búnkers (algunos
con sus habitantes en estado criogénico
según los rumores que circulan por el refugio)
que despejaba cuerpo y mente
antes de la floración de los hongos atómicos
vigilo las distancias con el francotirador
y disparo a todo lo que se mueva
nunca me cercioro de acertar en el blanco
pero marco los acentos en la música
al compás de mis tiros
son maneras de matar el tiempo
sin las presiones de la supervivencia
imaginar la reacción de un hijo bajo la máscara de oxígeno
al ver cómo le perforo el pecho a su madre
o la percepción de una gacela/un monstruo
antes del impacto entre la bala y el cráneo

me aburro después de unas horas
y vuelvo para organizar las tareas de mañana
espero que durante la próxima semana
logremos ampliar el círculo de exploración
hasta llegar a la Costa Oeste

 

 

De Placa madre (inédito)

 


Tomás Morales.pngTOMÁS MORALES (Santiago, 1995). Estudiante de Letras Hispánicas en la Pontificia Universidad Católica de Chile. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda (2016). Ese mismo año se adjudica la beca de creación literaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Actualmente trabaja en su primer libro.