Extracciones: El Impala rojo [Antonio León]

Red Impala


En El Impala rojo, el más reciente libro del poeta mexicano Antonio León, nos convoca la idea de un viejo Chevrolet que tarja el paisaje a lo largo de una carretera/unas biografías siempre sinuosa/s. El sol y la velocidad van erosionando/modificando no sólo la nave/los cuerpos, sino también a sus tripulantes y a las voces que pilotean estos poemas. No obstante, más allá de los elementos fácilmente identificables contenidos en el libro, como bien afirma Diego L. García en la reseña que publicamos el mes pasado: «la fuerza de esta escritura arrastra a capas más profundas otros elementos menos evidentes: los muertos personales y los de todos, la erosión del tiempo, cierto esmalte de violencia que recubre cada aceleración».

Dicho lo anterior, los dejamos con una breve selección de postales y episodios, para que hagan su propia lectura del último libro de uno de los autores interesantes de la poesía mexicana actual.


1

antes de usar lejía
para despegar abulones
de las piedras costeras
en Baja California
…………..los pescadores
…………..de la sustentabilidad
…………..les contaban chistes malísimos

chistes de embargo a la pesca local
chistes de turistas
que inflaban botellas de cerveza con el ano
bromas estudiantiles
en que las pesadillas
dictaban
…………..en esta mueres tú
……………………….en aquella mueren todos

y largas sesiones
de comedia
para ver si lograban
que
…………..a punta de aburrimiento
los abulones
se escindieran
por la carne
…………..cual milagro Cristiano
pero ya sabemos que Cristo
sólo prepara ceviche de cordero

y que se encuentra ocupado
con un escándalo
en casa de su padre
por culpa del comercio informal

ahora
hay una calenda
de pescadores vítreos
a toda velocidad
por la carretera escénica

antes de la pesca con lejía o cloro de alberca
…………..o con arpón
…………..si había fuerza y ganas
las chicas solteras se pegaban a los tanques de gasolina
y no había sustancia inodora que les apagara esa fiesta

subían el volumen a la radio del molusco
mientras eructaban con olor a Impala rojo

en algunos destierros marinos
o en postales amarillentas
aun pueden verse
chicas de la tarde
pegadas a las piedras

con la pesca como rabia de espuma
sobre los labios
con los ojos suspendidos que otros llaman
esperanza y aleluya
pero también hecatombe del abulón
a lomo de contenedor     en la bahía
y punto de ebullición
en el sector primario


en la arena      el artista de performance
escoge piedras dulces
para un atuendo

en la arena      el artista de performance
se raspa la cara
con una rata de mar petrificada
…………..y envía la foto
…………..al anuario escolar

al fondo
un grupo de chicas
corre tras un impala
que es ya el último animal
que los vagos del pueblo
han pasado
por el saqueo quirúrgico

el artista boquea
…………..movimiento de choque
…………..que imita a una tilapia

el artista mira hacia el sur
mientras se introduce piedras en el ombligo
justo como lo vio
en una película de arte
…………..solo había música
en el lugar donde se programaba
el silencio

sobre la arena late la vena aorta del Impala
…………..nadie podrá rasgar el brillo de su luz epóxica


Primero la sombra del flujo turístico, luego el relato. Si había futuro, se hablaba de proyectos al fondo del recuerdo, pero también había daguerrotipos. Durante los años ochenta tuvimos que conformarnos con fotostáticas en las que no aparecía el color azul. En la postal no han podido igualar el naranja del horizonte. La mano que hace el color sobre la foto, pasa por alto las vistas desde el acantilado. Aquí se inventaron los cortes en el paisaje. Nunca son iguales las sillas que vuelan por la carretera.


Leigh Bowery se siente vacío cuando va a la playa. Este océano es deshielo puro. El frío sube por las llantas del Impala y se anida en los asientos traseros. Leigh canta un arrullo al volante y piensa que es mejor no dejar descendencia o ser el hijo de otro hijo. Si Leigh fuera padre de un pequeño, no lo dejaría ir al mar. Los hijos son semejantes a los deshielos. Leigh podría opinar sobre las costumbres: no llevar niños al mar, no situarlos en la carretera, no dejar que se conviertan en pintores del sadismo. No. Pero no es el padre de alguien, no le es posible educar desde las gradas lloronas de la impotencia. Antes tenía hermanos, pero los hermanos no son como hijos. En el arrullo al volante no hay estrofas que hablen sobre niños en el mar.


No estamos huyendo, Lucien. Habrá una edad para caminar lento sobre la línea peraltada de la tarde. Debiste traer los pinceles para recordarlo. No estamos huyendo porque somos perros acabados con las fauces sobre el granito de un mausoleo —alguien nos abrió como bisagras dolientes.

No estamos huyendo si es una ciudad la que espera al final de los bloques que conocemos. Bloques de significado. Piezas únicas de la exhibición de autorretratos.

Poemas extraídos de El Impala rojo (ICBC, 2017)


Antonio LeónANTONIO LEÓN (Ensenada, Baja California). Reside en Mexicali, donde se desarrolla como guionista y conductor para televisión y radio universitarios. Es colaborador esporádico de Noisey/Vice y ha sido columnista del semanario Es lo cotidiano, y actualmente desmenuza sus fijaciones en el blog Muerte por videoclip. Poemas suyos han sido publicados en diversas antologías y revistas a nivel regional y nacional, así como en publicaciones electrónicas. En 2016 fue el ganador del Premio Estatal de Literatura (poesía) en Baja California con el libro El Impala rojo. Se encuentra por salir :ríos, libro que formará parte de la colección Ojo de Agua de Cetys Universidad.