Adelanto: La lírica está muerta [Ezequiel Zaidenwerg]

La lírica está muerta


El libro La lírica está muerta, de Ezequiel Zaidenwerg (Buenos aires, 1981), es antes que todo un ejercicio exitoso de testear por medio del lenguaje la sentencia que lleva por título. De manera sagaz, Zaidenwerg recurre a la personificación de la lírica a través de sujetos de la historia argentina, de la universal, del cine y de la literatura, que han sobrevivido a la muerte por medio del registro. Es la lírica quien muere en las manos de Guevara, es la lírica quien muere mientras se embalsama a Eva Perón; pero también es la lírica la que resurge a medida que se insiste en su deceso, pues —como bien el ejercicio revela— nada termina allí donde la lírica está (si es que se pudiese hablar de ella como venida a la presencia del aquí-ahora), sino que también “es” en todo el entramado de significados que, a la vez, refieren a otros en una búsqueda ulterior de hacer afable al lenguaje lo inefable, terreno propio de la poesía. A medida se avanza en la lectura se abre la sentencia en forma de pregunta ¿la lírica está muerta? Zaidenwerg nos deja una pista: Sibila de Cumas, sacerdotisa del oráculo de Apolo que transmitía las profecías del dios en verso y que (como excepción a la regla) no puede morir. Volvemos al mito. Un dios dicta y el poeta atento. La lírica aparece entonces previa al tiempo del hombre, ocupando lo eterno por semejanza de raíz. Para matarla a ella habría que dar muerte a ese lugar, y eso, como prueba este libro, está lejos de ser posible.

Fernanda Martínez Varela


La lírica está muerta:
………………………………………..se quedó
varada en un remanso hipnótico del sueño,
mientras que más allá del coágulo final de la conciencia,
en torno al lecho con dosel de plata,
junto a la cama pobre de madera y espina,
se reunían los deudos,
………………………………………………..aguardando el instante de iniciar
la sucesión.
…………………………………Con todos los sentidos humanos agotados,
la cápsula de viento que tenía su espíritu
se alzó rumbo a las auras, desleída en una racha
centrífuga de luz, igual que Elías en la tempestad,
arrebatado sobre un carro de fuego.
……………………………….Y aunque murió la vida,
no dejó harto consuelo su memoria:
nadie partió las aguas, ni surgió un Eliseo
como sucesor.
……………………….Ajenos al prodigio,
en contubernio, se llevaron el cadáver
y vino un impostor para dictar un testamento espurio,
que se arropó con sus cobijas, tibias
todavía.
……………La lírica
está muerta. “De muerte natural”,
según manifestaron a través de un portavoz,
“tras batallar durante largos años
contra una cruel enfermedad”.
(Fin del comunicado).
………………………………………“Con profundo
pesar, sus hijos y sus hijas,
sus nietos y sus nietas y su abnegado esposo
participan de su fallecimiento
y ruegan una oración en su memoria”.
…………………………………Está muerta,
la lírica. Hace ya siglo y medio,
y aunque sus herederos todavía parecen ser los mismos
–aún no peinan canas y caminan erectos, sin ayuda
……de nadie–,
recién ahora el expediente
(LÍRICA S/SUCESIÓN AB INTESTATO),
tras mil y una ofensivas judiciales,
tiene sentencia firme, y es posible dar curso
a la liquidación definitiva del acervo hereditario:
………………………..PROPIEDADES OFRECIDAS
Gran oportunidad. Se vende torre.
Únicamente en block.
Importantes detalles en marfil sobre fachada.
Destino: comercial o dependencias estatales.
A reciclar. Sin baños ni aberturas.
Abundantes espejos.

Poema extraído de La lírica está muerta (Cástor y Pólux, 2017)


zaidenwerg_fotorEZEQUIEL ZAIDENWERG (Buenos Aires, 1981). Publicó los libros de poemas Doxa (Vox, 2007), La lírica está muerta (Vox, 2011) y Sinsentidos comunes (Bajo la luna, 2015), ilustrado por Raquel Cané. Bichos. Sonetos y comentarios, escrito con Mirta Rosenberg, acaba de aparecer por Bajo la luna en agosto de 2017. Administra desde 2005 el sitio zaidenwerg.com, dedicado a la traducción de poesía. Como traductor, en forma de libro tradicional, publicó Me va a gustar el siglo XXI de Mark Strand, Elegías Doppler de Ben Lerner, Charlas breves de Anne Carson, El Club del Crimen de Weldon Kees y Lo demás de Robin Myers. Compiló y prologó la antología de poesía argentina Penúltimos, publicada por la UNAM en 2014. Vive en Nueva York, donde cursa estudios doctorales en New York University.