Entreamigos: ‘Hoy en día, no veo linealidad absoluta en nada’ [Una conversación con Mónica Drouilly]

Imagen de previsualización ©Constanza Troncoso (La Tercera)

 

No suelo ir a lecturas ni a lanzamientos, porque además de encontrarlos aburridos, me estresa interactuar con el “mundillo literario”. Esto, por supuesto, no quiere decir que no lo haga de vez en cuando. De hecho, asistí a una lectura durante el verano pasado, y en ella me encontré con la “performance” de ‘Domésticos’, cuento contenido en Retrovisor (Librosdementira, 2017). A partir de ahí, el contacto con la autora se hizo necesario y la buena onda se dio natural, al punto que cuando le propuse esta entrevista, aceptó sin mayores complicaciones, a pesar de la apretada agenda que le ha supuesto el lanzamiento y promoción de este volumen, el que además es su primer libro. Finalmente, la cita* quedó para el viernes 14 de julio a las 15:30 horas en el Tavelli del Drugstore. En cuanto prendo la grabadora, mi entrevistada dice su nombre acercándose al micrófono.

 

— ¿Druilli? ¿Cómo se pronuncia tu apellido, entonces?

Mi apellido es francés, por lo que se pronuncia ‘druilí’, pero a mí no me gusta eso, porque es como andar afrancesadamente por la vida. Yo digo ‘Druilli’ como para que se entienda un poco el sonido. Porque si alguien tiene en una lista ‘Druilí’, nunca lo va a encontrar; en cambio, si le digo ‘Druilli’, lo encuentra altiro. Es una cosa práctica.

— Ahora, con las preguntas más en serio, me llama mucho la atención la irrupción de Retrovisor. Como contexto, tenemos que Librosdementira ha estado publicando sostenidamente volúmenes de cuentos de autores nóveles, lo que en general en la tradición chilena se ha dejado un poco de lado. Si bien hay ciertos nombres como Bombal, Rojas o Donoso, estos no tienen la incidencia local e internacional que deberían, en comparación con la que posee la tradición poética nacional. Esto, quizás, hasta Bolaño…

Lo que pasa es que Bolaño tiene muy buenos cuentos, pero es recordado como la figura más que como cuentista.

— De hecho y de acuerdo a la crítica, su influencia es tal, que a los narradores que vinieron después, les costó despercudirse de ella.

Sí, hay que considerar que Bolaño murió hace súper poco, en cambio, los otros que mencionaste son históricos (suena a siglo XX). Él alcanzó a estar aquí.

— Esta referencia y contextualización a una especie de estado del arte del cuento en Chile, nace a partir de la lectura a tus contemporáneos que —en mi opinión—, ya comienzan a despojarse del peso de su figura, reelaborando su influencia de manera más original o —derechamente— renegando de ella. Menciono esto porque al terminar la lectura del cuento que cierra Retrovisor, que es ‘Cosmogonía invernal aún en tránsito’ (con el que además ganaste el Paula), encontré ciertos elementos de la cuentística de Bolaño. En específico, me acorde mucho de ‘Carnet de Baile’.

Hace muchos años, leí un cuento de Bolaño, ‘Vida de Anne Moore’ (contenido en Llamadas Telefónicas), en el que el narrador contaba la vida de ella. Pero como en la mitad, te enterabas que el narrador la había conocido muy de paso. No era como un narrador en tercera persona omnisciente, sino que la había conocido, pero era muy leve, muy lejana la conexión, pero en ese cuento contaba su vida. Ese es el cuento de Bolaño que más recuerdo.

— En el que menciono, el narrador cuenta en premisas del 1 al 69, su historia personal con la poesía chilena, además de hacer una especie de crítica literaria. Más que nada, por los elementos estructurales, es que lo asocié con ‘Cosmogonía’. Por una parte, está lo de “contar” que se había perdido (dado que Bolaño retoma la segunda acepción de la palabra [1,2,3…]), aunque también, es un cuento que se da vuelta. Si bien, aquí no sé si podríamos hablar de autoficción, está la referencia a contar, la que no necesariamente es una referencia directa a Bolaño.

Bueno, ahora que tú me hablas de ‘Carnet de baile’, me entero porque no tenía idea de ese relato. ‘Cosmogonía’ nace de otra manera. Siempre he querido escribir dramaturgia, pero es algo que no me resulta para nada; y mi referente con la dramaturgia tiene que ver con un festival que se hizo por diez años acá, que es el Festival de Dramaturgia Europea Contemporánea donde no es un teatro propiamente de dialogo, sino que —de repente— puedes tener un ladrillo de texto sin una voz clara que lo diga. Entonces, la pega del director con la de los actores, es ver quién dice qué. Para mí, ese era un modelo a tomar y a seguir. Y en eso estaba, tratando de escribir esta dramaturgia sin una voz delimitada clara (una dramaturgia que podría ser como un paño, donde tú tienes que cortar trabajando desde fragmentos), porque en ese momento mi vida tanto tiempo no tenía y como que buscaba pequeños espacios para escribir: me mandaba mails a mí misma y me los contestaba agregando retazos de texto. Y, según yo, eso era dramaturgia e iba a ser dramaturgia si hubiera seguido juntando pedacitos. Pasa que en la época en que más o menos sale la convocatoria del Paula, estaba leyendo a Patricio Pron (quien también trabaja algunos cuentos con fragmentos), y veo que él va a ser jurado. Eso me hizo una especie de click, porque estos textitos que estaba juntando, estos retacitos, podían llegar a configurar un relato de esas características, que es un tipo collage. Entonces digo “esto no va a ser dramaturgia, esto va a ser un cuento” y agarro todos estos fragmentos y los empiezo a trabajar, a terminar de escribirlos, a conformar el mundo que quería conformar, a ver lo que me faltaba y a cómo complementarlos: a ver dónde —finalmente— quería llegar. Me pongo a trabajar con el fin de entregarlo en la fecha límite del concurso. Yo necesito fechas límite, porque o si no, no hago nada.

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— ¿Siempre trabajas con deadlines?

Sí, y sobre el deadline. No me pidas que empiece seis meses antes, no puedo. O sea, puedo pensar mucho, puedo tener una idea, darle vueltas, estudiar. Pero sentarme a escribir, es algo que me carga, de lo que me escapo; y —de hecho— lo pospongo bastante. Cuando llego a escribir, llego bastante preparada en el momento en que encuentro la forma. Me pasa que con ‘Cosmogonía’ tenía una forma, pero estaba tratando de apuntar a algo que pudiese ser montado, que tuviera cuerpos en escena. Y de repente, me doy cuenta que —si bien— esto no puede estar en escena, se puede configurar una especie de collage con distintas texturas, con hartos retazos de texto para ser un texto que funcione. Y al parecer funcionó.

— En ese sentido, hay varios elementos del teatro que se denotan en tu obra. Ahora, preguntándolo de manera más concreta, ¿qué vinculación se establece entre tu gusto y conocimiento por el teatro, con lo que escribes?

Tengo varios estudios relativos al teatro. Hice un taller con Juan Radrigán y otros que tuvieron una menor continuidad. El de Radrigán, duró casi un año entero, de abril a diciembre de 2010. Fue bastante largo y en el Teatro de La memoria (que hoy ya no existe), cuando estaban pasando muchas cosas ahí: había gente escribiendo, gente dirigiendo, gente analizando; por lo que era un lugar muy rico donde trabajar. Y si bien, ahí no encontré mi lenguaje, me di cuenta cuál no lo era; cosa que igual es súper importante: darte cuenta que un camino no es tuyo, es bueno para dejar de explorarlo.

— Entonces, ¿qué es lo que tienes claro con respecto a lo que no escribirías (tanto en tema como en forma)?

Me di cuenta que no me resulta tratar de imitar otras voces. Me gusta escucharlas, analizarlas, mirarlas con detalle; pero ya empezar a imitarlas, no. Por ejemplo, pasa mucho en el trabajo que existe con respecto a temas sociales en que llega gente súper sobreeducada, a tratar de abordar temas de riesgo social (que son temas que me interesan mucho) y fallan. Imitar esas voces, por lo menos para mí, no es. No me sale bien. Me puede salir un poco más parecido a una imitación tipo Kramer que a un dibujo social. Ahí me di cuenta que no puedo, no me sale cómodo ni me siento cómoda. También otras cosas de dramaturgia chiquititas hice, pero nunca terminaba nada. Entre medio, hice un diplomado de dirección teatral y —recién este año— empecé a trabajar con una compañía, aunque más desde la producción y la escritura, porque cuando escribí los cuentos de Retrovisor, nunca había trabajado propiamente tal en teatro.

—Lorena Amaro habló de una “crueldad exquisita”, Constanza Troncoso de “cuentos desconcertantes”, Un Tal Pinto de “una escritura desde la zona de confort” y María José Ferrada de que lo recomendaría “leer de atrás hacia delante”, por nombre sólo algunas de las opiniones en torno a Retrovisor. ¿Qué sientes con respecto a la crítica de tu obra en general?

He estado revisando la crítica y me da la impresión de que ha sido bastante favorable y yo lo agradezco, pero a mí me interesa más el lector X, que es una persona que llega y se enfrenta al libro a priori, y no desde una zona de cierto poder o influencia (no quería decir poder, pero que se entienda que sus comentarios son amplificados). Ojo que a mí igual me gusta lo segundo, porque es súper bueno para el currículum y todo lo que uno quiera: si una amiga de la U me leyó y me dice que le gustó, eso no lo puedo poner en un Fondart, pero si sale algo en Artes y Letras, obvio que sí lo puedo poner. En ese sentido, sí me gusta, pero me parece más valiosa la “crítica” en que alguien se sienta contigo o te para, y te dice “oye, me pasó esto y esto otro”.

—¿Y la has obtenido de esa manera en particular?

La he empezado a obtener, sí. O sea, en general, gente conocida de conocidos me han dicho “te leí, esto me pareció muy interesante y esto otro no tanto”. Y es más sencillo conversar, porque uno ve la cara de la gente cuando lo está diciendo y te llega un feedback más completo en ese sentido.

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— ¿Y ese feedback lo estás sistematizando de alguna manera?

Más que tomar nota para modificar los cuentos, estoy tratando de entender a quién le gusta y por qué; así como al tipo de público resuena con este tipo de cosas. Uno puede tener ciertos prejuicios, así, como que le voy a gustar (ya, típico) a las mujeres de mi edad Pero de repente, me doy cuenta de que un hay público más joven que sintoniza. Yo tengo muchas citas a la cultura pop noventera.

 

— De hecho, en tus cuentos hay referencias a el Brit Pop, a Brian Molko y a algunas marcas de esa época…

Sí, entonces una cree que gente mucho mayor que eso, o gente más chica, no va a poder sintonizar porque no va a tener el referente. Y, sin embargo, hay gente que sintoniza más allá de tenerlo o no. Eso estoy viendo y analizando, como haciendo un ‘data mining’: recibiendo la información, agradeciendo que la gente me dé un feedback (porque nadie está obligado a conversarte) y viendo si los prejuicios de percepción que yo tenía, eran ciertos o no.

 

— Y esta información, ¿piensas ocuparla como referente modelador de lo que planeas escribir a futuro?

Lo que yo quiero escribir, en general, tiene que ver con mis intereses y con lo que me gustaría leer, referentes además a las maneras y/o estrategias de comunicación propias de este tiempo. Por ejemplo, esto de los fragmentos tienen mucho que ver con la desfocalización de la atención que tenemos ahora. Es muy común que uno se esté enfrentando a algo, que estís leyendo o qué se yo, y que de repente te encuentres con “no sé qué es esto” y vayas a la Wiki o a Google. Entonces, uno nunca sigue una linealidad en sus procesos, por lo que vas generando notas al pie de página, sin un formato de notas de pie de página propiamente tal (como en una página o un hipervínculo). Para mí, esto es crucial, porque hoy en día, no veo linealidad absoluta en nada. Cuando estoy con mis amigos, también estoy mirando la pantalla del celular, y al momento en que uno dice algo que me interesa o que quiero rebatir, le digo mira; y así, los demás también. Entonces, esas múltiples pantallas que uno pareciera enfrentar todo el tiempo, son un tema. Aunque no me gustaría contar un cuento con ocho pantallas: me gustaría que la experiencia de lectura, hablara también de esas cosas, y que para mí, son relevantes.

 

 

*Esta entrevista, es un extracto de la original y formará parte del proyecto F5 – Conversaciones con cuentistas chilenos muy actuales, a publicarse de manera impresa, próximamente bajo el sello Jámpster.

 


MATÍAS FUENTES AGUIRRE (Santiago, 1990). Editor de Jámpster.cl y parte de La Liga de la Justicia Ediciones.