Punto de partida: El sexo del espectador [acerca de ‘Espuma de Bulldog’ de Daniel Bencomo]

Espuma de Bulldog - Daniel Bencomo

Espuma de Bulldog (Luzzeta, 2016)

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Espuma de Bulldog, de Daniel Bencomo, es uno de esos libros que además de un planteo creativo nos presenta un planteo interpelativo acerca de la escritura misma. No es lo mismo que decir “metapoético”, pues lo que aquí ocurre es que la forma de los textos se vuelve una aguja punzante para el lector que ni atado al mástil de su nave lograría evitar la pregunta ¿qué está ocurriendo con la poesía? Y luego ya no hay retorno. O se salta al mar amoroso de la (des)ilusión o se resiste y piensa qué es lo que hay en ese canto.

Pensemos desde estos versos: “El mundo, palabra tan apóxica, se hace fragmento / en lo porno del agua”. El simulacro de consumación del nombre “mundo” no atraviesa esa instancia y el nombrar (como el sexo-espectáculo) implica la fragmentación (la rotura) del deseo. Así, el ideal que quisiéramos nombrar se diluye en un después solitario y falto de un otro que complete algún tipo de sentido. Lo que hay entonces es la mímica de una palabra que falta; la espuma de una boca que fracasa. Del mismo modo, ese espectador fallará en el enfoque exterior pues su espacio privado, la autor-idad sobre el cuerpo, se funda en ese borde tramposo que llamamos “lo virtual”: “y quien observa el lago en Google Maps // no puede ver lo magro / la niebla que también cae en las redes / o el reflejo de la bosta contra el agua”. Leemos la baba de un espectador encarcelado en palabras-pantallas. No hay aquí más lengua que la del fracaso, pero no entendido como esa equidistancia metafísica con la Idea (como los dedos de Adán y Dios que no se tocan), sino como imposibilidad de socialización. Un poema sobre un reflejo en el lago es en la propuesta de Bencomo un poema sobre la bosta que excluye al ojo del sujeto. Un ojo condenado a la irritación masturbatoria.

Nos hallamos, como dice en uno de los poemas, en “una zona de conflicto”. Por ello la escritura de Bencomo se parece a una cornisa entre el ritmo (con sus frecuentes aliteraciones: “Es puro corazón mi desajuste. Lama llana de tiempo, / lama de olvidar una palabra, / por ejemplo paranoia, por ejemplo bulldog”) y el abismo de un tejido ilegible:

 

Buscaba construir
algún tejido en el poema:

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Es, claro, lo ilegible una forma de desenmascarar los cuerpos tras la sensualidad de la pereza autómata. ¿Cómo sería esto? Un posible regreso al pre-nombre. “Pantalla en pedazos de un dios en pedazos. Siempre ocurre en el límite, pero hay que volver un poco antes”, dice en “Arqueología”. El poeta nos señala una zona anterior a la palabra, donde el cuerpo no ha sido virtualizado todavía. No sería un detrás sino un momento (en esta temporalidad que es la lengua) en que la dirección del signo puede ser otra. Un momento de desvío. Una senda alternativa a la falla del bulldog.

Lo porno del agua, del griego pernemi (vender), implica una transacción de obviedad por extrañeza en la que esta poética elige no pagar por los elementos gastadísimos del diccionario. Elige el conflicto, ir hacia una escritura que se auto-cuestiona y nos fragmenta para que la aberturas entre la luz y los impulsos nos dejen al desnudo. ¿Qué precio pagamos por el simulacro de leer líneas y líneas buscando una justificación? Algún tejido en el poema o el lago cuya piel carece de temperatura son muestras de la fe posmoderna en el cuerpo privado. Escribe Bencomo: “A alguien, en algún poema, tendrías que alcanzarle una taza de fe”. Un alguien que no puede liberarse de la mordida artera de la realidad.


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015) y Esa trampa de ver (Añosluz Editora, 2016).

Su blog es: http://margendelpoema.blogspot.com.