Futuro esplendor: Seis poemas de Emilia Pequeño Roessler


 

 

*

la carroña tiene cuerpo y alma, niña

tú eres los despojos que esperan ser consumidos

lo que nos sobra cuando se acaba el hambre

así de indeseable, como un violador llorando

sobre el cadáver de su amada

eso eres:

el recuerdo de la leche agria en el refrigerador

el tacto de la manzana podrida del canasto

la muerte devorándose los pies de un anciano

 

 

 


 

 

*

solo pido que no me maten mientras duermo

quiero ver la cara de mi asesino fingiendo que se arrepiente

golpearle los tímpanos con mis carcajadas

para que más le duela matar a esta cucaracha

negruzca feuchita poca cosa

una creación así de grotesca

indigna de la vida que le dieron

estéril como las mulas

la porfía con cara de niña

el cabo de una hebra milenaria

condenada a no perpetuar su nombre

ven, mi amado verdugo

borra mi cuerpo más rápido

que yo ya estoy muerta hace años

 

 

 


 

*

sus palabras gritan que soy leprosa

que he cimentado mi cuerpo en llanuras de cobre

yo no quiero que me hablen ya de heridas

desconocen el escozor purulento que palpita sobre ellas antes de dormir:

las mordeduras que la sequedad va dejando en silencio

lo cierto es que estas llagas tienen caras como las monedas

y te miran cuando las miras al espejo

y te queman las cuencas de los ojos

y relucen sobre la piel descascarada

informes, rugosas

te atrofian para que no puedas tocar la belleza

se esconden bajo las rocas de sangre que brotan de sus pliegues

regadas ahora por las alfombras

llenándose de ácaros

las costras que coleccioné bajo mis sábanas

me dijeron que la piel no podía zurcirse

y aquí me ven

 

 

 


 

*

veleidosa sin pecho

anfibia

rito de hembra constituida sin ubres

el plexo como casa de pájaros abierta

chorreando descarnado

a la intemperie

nada por sorpresa

contradicción de esta matriz inhóspita

toda cableada

tupida de vellón

palmeada la entrada

taponada en azotes

el cielo de la piel explotando en estrellas

puntos rojos como galaxias

dibujadas

succionadas

impresos a manotazos

como los cardenales

agonizantes entre el amarillo y el verde

van quedando

huellas de peregrinaje

 

 

 


 

 

*

me quiebras la costra y ríes migajas de sal

sangre de tu sangre seca sobre tu carne sucia

tu boca, la misma del beso en la frente

escribe su nombre en las cenefas de las cortinas

así, con tu lengua cobre

recolectas mis lágrimas en un frasco

y te las prendes al cuello

cabezas de vírgenes cruzadas en la ventana

cuelgan como ramitas de tilo

allí donde las serpientes se trepan a comerlas

a rajaduras bofetadas te imprimes

cicatriz en mi cara

 

 

 


 

 

*

con tus ojos marmóreos, Saturno

me fuiste sacando la piel de a poco

y entera me devoraste

tú eras todos los hombres desgarrándome a latigazos de silencio

coronada de espinas me arrastraste hacia a un foso constelado

para amortajarme, convertirme en piedra sobre la tierra

desnuda y azotada

me explotaste hasta secar la última gota de mi sangre

y estuvo mi cuerpo blancuzco enfriándose en tu mirada

cuando el hambre misma de esos ojos se comió mi vergüenza

rasguñones de gato montés trepándome la espalda reposarían ahí por siempre

como testigos de que el amor no era para nosotros

 

 

 

Todos los textos extraídos de La Ronda del Hambre (inédito).

 


Emilia PequeñoEMILIA PEQUEÑO ROESSLER (Santiago de Chile, 1997). Estudiante de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad de Chile. Ha participado en talleres de poesía con Héctor Hernández, Javier Bello y Raúl Zurita. Forma parte del colectivo de poesía Taller Juan Gabriel. En 2016 se adjudica la beca de creación literaria que otorga el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes por su proyecto La Ronda del Hambre.