Especulaciones: Fragmentos de ‘Mutante’ [Luis Eduardo García]

Poemas que buscan a toda costa la claridad. O mejor dicho, la nitidez.

Y en algún lugar, la belleza de una imagen granulada.


Poetas que pretenden que la poesía permanezca en un mismo sitio, que todos sus valores y recursos estén determinados.

Doctores luchando por que la medicina se quede congelada: “¡lo último realmente hermoso fue la vacuna contra la polio!”.


Negar el mercado. Negar la transparencia. Negar el relato. Negar el sentido.


El problema es estar seguro de las cosas demasiado pronto. Como la historia del poeta que se tatuó “los verdaderos poemas son incendios” en el brazo izquierdo. Todo iba bien al principio, pero después de cierto tiempo llegó a la conclusión de que los verdaderos poemas no son incendios, sino pasteles decorados. Al no tener dinero para el borrado láser, se le ocurrió taparlo con su nueva máxima.

Desafortunadamente, a los pocos meses descubrió que en realidad los verdaderos poemas son fiestas de piscina.


Partes del poema:

  1. Plataforma.
  2. Martillo.
  3. Muelle.
  4. Barra de sujeción.
  5. Queso.


Lista de trabajos posibles para el poeta que está completamente seguro de lo que un poema debe ser:

Vendedor de pianos.
Fabricante de tulipanes de papel.
Mayorista de sierras circulares.
Fotógrafo de ovnis.
Recolector de objetos perdidos en la playa.
Diseñador de muebles de jardín.


Un hombre pescó carpas en el lago durante cuarenta años. Otro pescó sardinas durante esa misma cantidad de tiempo. Cada uno estaba seguro de que no había otra especie de pez en esas aguas.


En un poema el lenguaje renuncia a su trabajo de oficinista para dedicarse a observar la vida sexual de los insectos palo.


Todo surge de una relación radical entre el sujeto y el lenguaje. De la necesidad de materializar esa tensión.


Proceso estándar de corrección y edición del poema (versión 1):

  • pulir sus filos
  • ocultar su estructura
  • meterlo a la máquina de endecasílabos
  • adaptarlo visualmente al modelo “poema”
  • enseñarlo a rodar
  • enmarcarlo

Proceso estándar de corrección y edición del poema (versión 2):

  • agregarle tachaduras
  • dejar a la vista su andamiaje
  • cubrirlo con desperdicios
  • extraerle la música
  • intentar que no parezca un poema
  • excavar en él


La lírica aún puede existir.

La lírica debe existir.

Tal vez ya no como organizadora del movimiento, sino como fantasma, residuo bacteriológico o injerto. Tal vez como agente deformador. La tensión generada por la lírica todavía no ha sido superada. Ha sido superada cierta lírica.


Las plantas purificadoras no funcionan. Es necesario que la lírica sea procesada de manera distinta a la habitual.

Se trata de hacer de ella un elemento disonante.

Tumoración.

Poner un trozo de cielo en un rectángulo negro o poner un rectángulo negro en un trozo de cielo.


Al decir poesía y poema son cosas distintas, damos por hecho que la poesía es algo que existe independientemente de las prácticas que la procuran. Algo más que una abstracción.

La poesía como algo que no necesita de los humanos (o de las máquinas construidas por humanos) para existir.

Mañana podríamos extinguirnos y la poesía seguiría allí, radiante¹.

La aspiración es, entonces, la de crear objetos imperfectos que logren atraer —y posteriormente retener— cantidades variables de la sustancia-poesía.

¹ La poesía entra a un videoclub y saluda a un maniquí. Toma un par de películas y finge pagar. Camina por las calles desoladas con su pastor alemán. Es negra y muy guapa.


Otra postura defiende que el poema es la poesía que logró devenir forma, luego de algo parecido a un milagro.


La que más me interesa, por lo pronto, es aquella que plantea que la poesía no puede existir sin el poema, que no hay poesía fuera del marco que la construye o que la convoca en un límite espacio-temporal; es decir, que la poesía no es sin las prácticas que la materializan.


Ya no te amo, espectro.

Estos fragmentos fueron extraídos del libro Mutante (inédito)


Luis Eduardo GarcíaLUIS EDUARDO GARCÍA (Guadalajara, 1984). Es autor de Dos estudios a partir de la descomposición de Marcus Rothkowitz (Tierra Adentro, México, 2012; Libros Tadeys, Chile, 2015), Una máquina que drena lo celeste (Zindo & Gafuri, Argentina, 2014), Sentencias sobre arte conceptual. Versión con bacterias (Palacio de la fatalidad, México, 2015) y Armenia (filodecaballos, México, 2016).