Extracciones: Balada del Señor Cuervo [Greta Montero]

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 Poemas extraídos de Balada del Señor Cuervo (Overol, 2016)

LEE LA PRESENTACIÓN DEL POEMARIO A CARGO DE GLADYS GONZÁLEZ AQUÍ

…..


MI HERMANA Y YO LEÍAMOS NOVELAS DEL SIGLO XIX O VEÍAMOS LAS PELÍCULAS REPETIDAS DEL CABLE

Mi hermana y yo no éramos muy unidas.
O no lo parecía,
al menos.
Salsa de tomates en un pan tostado
con láminas de queso
era nuestra especialidad al desayuno.

Sin embargo, por mucho tiempo ella fue
la niña a la que yo
le contaba historias.

Mi hermana es hija única, pero tiene
una hermana mayor
a la que puede culpar cuando fracasan
sus sueños.

Desde mi partida me he enterado que ella
ha sabido,
perspicazmente, descifrar sola,
sin mayores
instrucciones
didáctico-literarias, los manuales
de sobrevivencia sentimental
que yo le leía
de algunas
novelas
del s. XIX para mujeres casadas y señoritas.

Mi hermana y yo no éramos muy unidas,
a veces me pedía plata
para dejar de llorar.
A veces también
yo quería meterla entre los zapatos
y las chaquetas
del clóset y dejarla allí para siempre.

Ella tiene ventajas
que otros
no tienen, pero tiene desventajas que tampoco
puede definir.

Un día después de su visita
al psicólogo dijo que descubrió su bruxismo
aquella tarde
en que yo me fui de la casa.

Mi madre me lo contó,
pero mi madre
siempre supo que mi hermana rechinaba
los dientes dormida.

Ella lo sabía, pero por alguna razón prefirió
hacerse la loca.

Por eso yo sé que no soy la villana
ni la culpable
del resonar de dientes y ansiedad y alergias
de mi hermana menor.

Mi madre sabía esta historia y sabía, además,
que su hija mayor
no se le parecía.
Nuestras sangres
quizá también
lo hayan sabido desde que se conocieron.

Probablemente se hayan mirado con extrañeza
desde el primer
momento
que se cruzaron: para ella,
su hija mayor era una voz
y un volumen
ajenos
que un día de agosto
apareció a su lado
como una extranjera apegada a su cuerpo.

Desde el colegio muchas veces
me la imaginaba
sola por las mañanas,
con su mirada perdida en algún rincón
o mancha del living
de nuestra casa,
cuando despejaba
los dormitorios
o daba forma a las camas deshechas.

Al parecer
ella sólo
en soledad conseguía convocar sus pensamientos
para sí misma.

Mi madre y yo jamás pudimos sobrellevar
un silencio juntas.
Pero con mi hermana menor
sé que sus soledades
han sido compatibles
hasta el último miligramo de sus sangres.

Mi hermana
y yo
no éramos muy unidas
–como decía–.
Salsa de tomates
en un pan
tostado con láminas
de queso era nuestra especialidad al desayuno.

Mi hermana y yo éramos desiguales,
pero hablábamos de literatura y de las películas
repetidas del cable.

Cuando los fantasmas que nos acosaban
en el ático de Thornfield Hall
pasaban de nuestros sueños a las callejuelas
deshabitadas
de la Población Alessandri,
ella se dormía
sobre mi rostro y me quitaba la respiración
en las noches de luna.
…..


AMIGAS POR SIEMPRE

Te recuerdo corriendo
por las riberas
del Bío-Bío, Antonia,
a lo largo
de unas noches eternas.

Contándome
tus vergüenzas de niña
desquiciada
con la lengua traposa.

Recuerdo nuestras risas
destempladas
con la primera luz
sobre el césped
en los jardines
del Gran Concepción.

Te recuerdo contándome
las razones
de tu odio por el mundo
y las razones
de tu pelo
como púas de pino.

Las historias de otro tiempo
nos habían ido
tragando
una a una en esas corridas
nocturnas
agrias de alcohol y cigarrillos.

También te recuerdo
hablando
mal de mí a los hombres
interesados
en nuestras
mejores noches
de glamour y seducción.

En esas huidas por la bruma
nos polveábamos
la nariz
en los baños de los bares
dispersos
desde la Plaza Perú
y la Diagonal
hasta los Tribunales.

Nos hundíamos
hacia la Plaza España,
para reaparecer
en la pileta de Paicaví,
ésa que se vino
abajo
después del terremoto.

Por muchas noches más
fuimos amigas
de letras y abandono,
acordando
no colisionar
con las miserias ajenas
ni las verdades
personales,
en nuestras diferentes
declaraciones de principios
y conversaciones.

Sin mayor audacia
ni historias,
huérfanas y provincianas,
de lengua viperina,
desde cada noche
de la noche,
retornábamos
a los inaplazables
pasillos
del extrañamiento,
siendo las mismas
de la jornada
anterior,
con la inevitable
llegada
de la amarga
luz del día siguiente.
…..


PORQUE TÚ ESCRIBES NOVELAS, CARLOTA, Y YO SOY PROPENSA AL ENGAÑO DE VIVIRLAS

Te contaría otra historia, hermana,
en la que quizás tú
sólo podrías
pensar
en concordancia con las leyes
de crianza
que ya antes de nacer
habían escrito nuestros padres.

Te contaría, Isidora, una historia
donde tú
te quedaras
con él y con su esposa alienada
corriendo
juntas por los pasillos de Thornfield.

Te contaría, Antonia, una historia
donde tú
abordaras un barco
y partieras
sola a las Indias Occidentales.

Te contaría, Jane, otra historia,
visiones
de pantanos
y víboras en el centro del mundo,
donde tú
olvidaras tu propio nombre
para no regresar
jamás junto a Rochester Fairfax.
…..


MARIONETAS

Ámeme un poco, como sólo usted
es capaz de amar, señora.

Un poquito de amor nada más,
me dijo,
como si él no supiera
que los hombres
y las mujeres
no pueden amarse
más que a la velocidad del albur
y sus historias.

Se pertenecen a la indiferencia
o al entusiasmo,
a la destreza de los dedos
entre las cuerdas que alzan
y voltean
las vidas,
como estos cuerpos duros
de pintura y madera inabarcables.
…..


ESA TARDE YA NO PUDE REGRESAR POR EVA MI GATA DE OJOS AZULES

Yo morí un día en el Hospital
de Coronel
de una peritonitis aguda.

Tenía quince años aquella vez
que unos internos
y el doctor Puelma
se regocijaron
con mi cuerpo
en la ronda de la mañana.

El mismo día de esta última
visita
de enfermos,
mientras mi madre regresaba
a nuestra casa,
yo ya había dejado de existir.

Ella no lo sabía entonces,
pero fue mejor
así,
creo que fue mejor así.

Mi hermana estuvo triste
un tiempo,
luego lo olvidó,
se acostumbró rápidamente
a ser hija única
y ocupar mi cuarto.

Después de todo habíamos
nacido
del mismo vientre,
pero en distintos lugares
del mundo,
con casi 150 años de diferencia.
…..


EL LUMINOSO BAR-DISCOTHEQUE SEÑOR CUERVO

Comprendimos en un momento que todo
esto
era un espejismo,
que pronto estaríamos en casa,
aunque alguno de nosotros
pensara diferente.

Intuimos, después, que era más fácil
quedarnos
bajo este frondoso árbol,
antes que correr
hacia el portón
y dejarnos comer por los perros
que cuidaban la casa.

A nadie importaba ya cuántas veces
Heathcliff
hubiera escuchado a Syd Vicious,
en la rockola
de aquella taberna en la calle Central
de Coronel,
o que la sangre
le resbalara copiosamente
(mientras golpeaba
su cabeza
contra los muros de piedra)
por los pliegues de sus ojos cansados.
…..


CONDUCTA DESEABLE PARA PODER SOBREVIVIR EN LA POBLACIÓN NORTE DE LAGUNILLAS 5

Cuervo es el nombre de mi madre
cristiana.

Me mira con sus ojuelos punzantes
esperando,
cauta,
que renuncie a mi esposo lobo
y a mi hija zarigüeya.

Espera con sus ojos amarillos
el día en que me coma la tierra
que piso
para acogerme entre sus plumas
de ébano fundido.

Cuervo, también, es el nombre
de mi padre,
cargo con él como cargo
la cruz
de su cristiandad aprendida.

A veces piensa en mí como pensaría
una madre adolescente con su bebé
abortado.

Su odio es imprescindible:
lo necesita
como el oxígeno
para sobrevivir
a su desencanto y lo comprendo.

Sin pausa cubre por las noches
sus certezas
sobrenaturales
con imperecederas hojas de cedro.
…..


Greta Montero BarraGRETA MONTERO BARRA (Coronel, 1986) es autora de Dummies (2013). Poemas suyos fueron incluidos en la Antología histórica de poesía: Balmaceda BíoBío 1998-2010, editada por Rodrigo Hidalgo (2011) y en 1.000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI, editada por D.G. Helder, Daiana Henderson y Bernardo Orge (Rosario, Argentina, 2014). Actualmente finaliza el doctorado en literatura de la Universidad de Chile. Balada del Señor Cuervo es su segundo libro.