Punto de partida: Las interferencias del artefacto o acerca de ‘Y un tren lento apareció por la curva’ de Maurizio Medo

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Y un tren lento apareció por la curva (Ay del seis, 2017)

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Una canción de Bob Dylan, Slow Train (1979), nos recibe y advierte que la muerte dobla de imprevisto en este tiempo reinado por “los maestros del engaño”. La muerte, pero también la posibilidad de algo diferente.

La poesía de Maurizio Medo (Lima, 1965) asume la tarea de abrazarlo todo, de amar hasta los mínimos puntos, desde un yo que es atravesado por la tarea de escribir. De escribir/se y escribir/los, aun cuando la resistencia provenga desde el mismo adentro: “-La poesía no sirve- mi padre”. Así los poemas de Y un tren lento apareció por la curva (Ay del seis, 2017) discuten la posibilidad de reconstruir el lenguaje del pasado y llevan a preguntarnos hasta qué punto son suficientes los trucos de la literatura.

El sujeto parte y deja atrás, en la estación primigenia, una mirada que volverá luego a recoger. Pero mientras, lo compacto del hijo se resquebraja, se reconoce, y surgen de los fragmentos nuevos ojos para extrañar lo manifestado: “La ouija dijo que papá compone el soundtrack / para un cementerio exclusivo”. En el trayecto (es decir, mientras se vive) todo se recompone a través de cartas enviadas a la madre. El poema 6, que inicia “—Vivo en La Cantuta— escribí ayer a mamá”, es uno de los ejes del libro. Allí se plantea una posición frente a esa escritura arqueológica de lo vivido:

(…)
el concepto liberal de pertenencia

La escritura no

Fundamentalmente por la fuerza centrífuga
de al menos de la mitad de poemas escritos
cuyo propósito inicial fue “estar más cerca”
acorde con la didáctica planteada
en el Manual para dummies

Me pregunto, ¿podrá alguno de ellos cumplir
las tareas exigidas por una composición poética
después de haber refutado el axioma

“la escritura es una pérdida”?

El sujeto rechaza la intención de contar el pasado para “estar más cerca” como una idea estúpida, y entra en la polémica escritura/pérdida para redirigir su búsqueda: no va por las imágenes de la infancia sino por su poesía. Claro que esa poesía acciona ahora como espejo retrovisor (tomo de Jacques Derrida la comparación, véase: La tarjeta postal) de la muerte propia que se intenta aplazar en la escritura. La muerte de la propia etapa en el segmento de la madre, en la narración de la madre. La narración del yo en un otro que nos da la vida. La creación perpetua. El nombre de lo existente y a la vez evasivo.

La poesía pospone el valor de las palabras (quizás ocurra en todo uso del lenguaje, pero en este terreno sucede con intención y dirección). Es el propio yo el que delimita ahora su historia, lo decible como su historia: “Ha muerto Fifí / No es un responso / Una primicia, tal vez”. O cuando un elemento nombrado se ve desplazado de un sentido seguro en su repetición: “como el hecho de que en esta línea el vecino / no sea más el mismo que el del inicio del poema”.

Y en esa operación, las cosas se complican más cuando el autor pone en jaque sus propias posibilidades de contar: “Esto lo descubrí en Lima // Fue hace décadas // “Lo descubrí en Lima” es una mentira / ególatra que pudo escribir Homero”. No hay simbolización exitosa, no hay conformismo ni comodidad en el discurso. Maurizio Medo pareciera sostener que la única poética noble es aquella que atenta contra sus propios mecanismos, muestra sus fallas, abre un tajo en las palabras. Es decir, una crítica de la expresividad absoluta y palpable. El poema 10 lleva esto al extremo:

La frase más simple, como decir “vivo
en La Cantuta” es en sí tan compleja
que demuestra al fervor objetivista
como la estética de cierta vaguedad

(…)

Sería mejor que de aquí en adelante se empezara a asumir
toda sin-titulo como un factor actuante en la emisión
de una idea, pero transmitida por los cables y
en un circuito cerrado

El dibujo de ondas, aclara al pie el autor, significa “interferencia”. Metapoética, ensayística, así podría caracterizarse la poesía de Medo: “Rodinás dice que este es mi texto / más metapoético. No sé si enojarme / o resignado admitir mi fascinación por los / artefactos en los que el pedaleo no basta / para subir una cima que empina arisca / ante el empeño de alcanzarla”. Qué interesante es asumir el pedaleo de una máquina que tantas veces quiere disfrazar su acción con los trajes más ridículos! No significa esto que toda escritura deba exponer sus andamios, pero el artefacto que ocupa un excesivo espacio y no dice para qué, resulta funcional a una lógica exhibicionista y vacua.

La interferencia es parte de toda enunciación, ¿por qué la poesía debería estetizar lo dicho al punto de omitirla? Esa suciedad también comunica. El signo gráfico que toma el autor revela la materialidad de lo perdido. Lo que no se recupera trasluce el proyecto (explicado al final del libro) de una composición en tiempo real.

Siendo este el proceso de escritura, la intromisión de enunciados propios de los discursos mediáticos, pseudo-informativos, comerciales, puede leerse como el inevitable arrastre de lo que acontece en una “realidad discursiva” (esa que busca no levantar sospechas). En el poema 25, entre otros, se lee:

los reportes del clima electoral y la sequía ideológica;

el default en los índices bursátiles;

o el morbo renovado de la prensa rosa

Me fascina la palabra paparazi y otras derivadas
de algún verbo originado de la colonización tecnológica

Contemplar banners en lugar de crepúsculos

Y considerar en el diseño estructural ciertos vocablos
cuyo uso se prohíbe en el manual

Es para dummies

En el cruce de términos, extracciones veloces y sin margen en la comunicación social, el poeta puede desactivar esas trampas: disecciona la palabra paparazi, expone su tecno-colonialismo, improvisa un collage crepuscular con los banners publicitarios para parodiar las estructuras gastadas de la lengua literaria (tan absurdas como su desuso por el supuesto desgaste!). No se trata de aleccionar sobre un modo de hacer poesía (quizás de allí el fastidio con el amigo Rodinás por la referencia a lo metapoético?), sino de poner en crisis todos los modos. La escritura que va naciendo en movimiento no desprecia la pregunta, la duda, la contradicción. No puede hacerlo porque allí radica su fuerza, y porque la intención del autor es trabajar especialmente esa fuerza: único vehículo para religar aquello que se va.

El tren lento aparece de ida o de vuelta, llevándolo todo, dejándolo todo. La mirada dinámica del trayecto no deja lugar a simulacros. Con un planteo de bellísima complejidad, este libro de Maurizio Medo nos ilumina en un recorrido, para todos, inevitable.





diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015) y Esa trampa de ver (Añosluz Editora, 2016). Su blog es: margendelpoema.blogspot.com.

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