Bootlegs #3 – Motion Picture Soundtrack

*Un bootleg es una edición no autorizada, pudiendo tratarse tanto de música como de libros, videojuegos, series de televisión o películas.

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Cuando por primera vez caí en cuenta que habíamos terminado, me vi escuchando a Adele; en cambio a ti, a Radiohead. Esto lo digo porque te conozco, sabes…

Te vi, además, recriminándome por todas mis experiencias amorosas anteriores a tu persona, las que me habían formado sentimentalmente y por las que sentía orgullo (y que por eso, aun más te enervaban) pero que nunca asumí en frente tuyo, alimentado nuestra hermosa y blanca mentira; pero mentira al fin, compuesta de tantas otras pequeñas…  Como la de que tu música y tu cine eran como la vida misma. Aunque la verdad, sí, un poco: ahora mismo te veo acudiendo al sexo barato y a las películas tristes, tal como decía una letra de un tema que te gustaba. Ahora por fin creo que sientes esa pena eterna, amargura y frustración que siempre decías sentir a pesar de que estuvieras conmigo. Por lo menos, ahora sé que es de verdad, y que no te llevarán a ninguna parte: ni a tus raíces ni a donde perteneces ni menos a mí; porque la vida no es como en tus filmes o canciones engrupidas que tanto me hacías escuchar para que estuviéramos en sintonía, porque según tú, eran además una metáfora de lo nuestro. Nunca las tomé demasiado en cuenta. Aunque tal vez sí tenías razón, porque eran como una alegoría de nuestros conflictos.

De hecho, peleábamos siempre, ¿te acuerdas? Y lo peor es que aparecían cosas sin importancia del pasado, a pesar de todo el tiempo transcurrido de nuestra relación y de ellas, no importando lo lindo que (creía) habíamos vivido. ¿Que qué cosas? Sí, esa… la de nuestro compañero de curso en común que me persiguió hasta que me robó un beso. Cada vez que nos lo encontrábamos por donde vivíamos, volvía el tema y tu rabia incontrolable, a pesar del tiempo que había pasado. Tú decías que si de ti hubiera dependido en ese momento, lo hubieras denunciado y metido preso por acosador. Pero nadie te tomó en cuenta y te ridiculizaron hasta los altos mandos del colegio. Eran otros tiempos, éramos muy niños. Es cierto, la opinión pública me obligaría a condenarlo ahora, pero no deja de ser una pequeña satisfacción saber que –alguna vez– le gusté a alguien más que a ti, y que podría haber tenido otra relación más normal con flores, cenas románticas e idas a bailar y a dejar en el auto que nunca tuviste.

Y ah… cómo no olvidarme de esa vez que íbamos en la micro: un estudiante de teatro se subió y empezó a declamar un poema que terminó dirigido a mí, como si estuviera dedicándomelo. ¿Te acuerdas? Ahí se cazó tu progresismo: saliste en defensa de “tú mina”, lo ninguneaste, lo trataste de muerto de hambre y básico por apelar a lo obvio de un poema malo (según tú) para que le diera mi atención. Pero a mí me gusto, y mucho, para tu disgusto. No te las vengas a dar de bacán, porque tú tampoco tenías ni tendrás pasta para disimular tu pobreza, tu complacencia y tus pocas ganas de surgir. Por lo menos, este chico lo hacía. ¿Sabes?, una familia necesita una casa, un auto, vacaciones… y para eso se debe estudiar una carrera de verdad y trabajar mucho, para tenerme como merezco si tanto decías que me amabas.

Pero esas “obviedades” que tanto te molestaban, te hicieron falta conmigo. Yo iba a ser la princesa de tus sueños, mi príncipe. Pero en vez de eso y de decirme siempre que estaba linda, destacabas las virtudes de otras minas. Porque es cierto, me cargaban tus amiguitas o las artistas que te gustaban porque hablabas demasiado de ellas. Pero lo que más odiaba, era ese afán tuyo de validarte socialmente saliendo al paso públicamente de mi molestia, diciendo frases como que en ellas veías lo mejor de mí. Hubiera aceptado incluso que me trataras loca, porque es normal que te lo hagan creer e inevitable sentirlo, si tenía a una pareja como tú. Y lo peor es que con ese tipo de frases, te las ganabas a todas: “Ay Sami qué tierno, ay Sami muero de amor, ay Sami qué dulce”. Pensaba que sólo yo podía tratarte de Sami. Y ¿sabes? Sí, te las ganaste a todas, menos a mí. Así que ahora, para con tus mensajes: todos serán eliminados sin que los lea.

Pero todo esto es mínimo, porque lo que nunca te perdonaré, es que jamás merecí un maldito gesto de amor tuyo como los que tenías hacia los demás. No te imaginas lo que me entristece darme cuenta que sólo pude encontrarlos en situaciones azarosas de la vida, como la que nos llevó a esto: nuestra primera vez separados para siempre. Ahora que nos engullimos las pastillas de nuestro botiquín con vino barato, cerraremos los ojos para sentirnos mejor, para volver a los brazos del otro y soñar que –alguna vez– fuimos felices, como espero que sea en la próxima vida en donde te vea.





matias-fuentes-aguirreMATÍAS FUENTES AGUIRRE (Santiago, 1990). Editor de Jámpster.cl y parte de La Liga de la Justicia Ediciones.