Punto de partida: La espontaneidad trascendente [sobre ‘Home movies’ de Robert Hass]

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Home movies (Zindo & Gafuri, 2016). Traducciones: Mirta Rosenberg, Alejandro Crotto, Liliana García Carril y Silvina López Medin.

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De la mano de la editorial Zindo & Gafuri nos llega la poesía de Robert Hass en español (una hermosa edición espejada, cuya selección estuvo a cargo de la traductora y poeta Silvina López Medin), bajo el título de Home movies (extracciones de The Apple Trees at Olema, New York, 2010). Hass (San Francisco, 1941), que ha ganado el Premio Pulitzer de poesía en 2008 por su obra Time and Materials (en parte recogida en este libro), es uno de los exponentes más interesantes de la poesía norteamericana actual.

Trataremos de plasmar una lectura, buscando ciertos puntos que permitan visualizar la constelación-Hass y desde allí pensar (como hemos explicado en otros textos de esta sección) hacia afuera.

Hay varios elementos en los poemas que remiten a una configuración “oriental” (Hass ha traducido poesía japonesa): paisajes minimalistas, detallistas, que encierran un mensaje; referencias al cine de Kurosawa, a la pintura china, a la cocina japonesa, entre otras. Podemos pensarlo como una captura de lo oriental, del retazo que occidente nos deja llamar “lo oriental”, que implica una posición del observador subyugado a (y sumergido en) su contexto. A su vez, esa mirada está suavizada, cortada, con pinceladas de época que parecen decirnos aquí también la contemplación es válida: “Durante años, los primeros brotes de damasco / aparecían en el árbol del jardín de atrás, / pensaba en un banco en ese sitio, / un biombo de secuoya detrás de verdes pinceladas / (…) las palomas grises / volvieron a los cables de teléfono”.

Uno de los primeros poemas del libro (se trata de la segunda estancia del primer texto) me impactó especialmente. Se da en él un planteo acerca de las posibilidades del lenguaje pero traspuesto a una escena infantil, lo cual le da una frescura y una verdad muy intensas. Lo transcribo, dada su brevedad:

Versos familiares: “¿Quién sos?”
el pato de goma que yo tenía en la mano
le preguntó una vez a Kristin, de tres años,
mientras se bañaba. “Kristin”, dijo ella, riéndose,
su delicioso nombre, su delicioso yo. “Eso es sólo tu nombre”.
dijo el pato. “¿Quién sos?” “Kristin”,
dijo. “Kristin es un nombre. ¿Quién sos?”
preguntó el pato. Dijo, encogiéndose de hombros:
“Mami, papi, Leif”.

¿Quiénes somos detrás del nombre? Cómo el trasfondo de las palabras puede ocultar todavía algo más, quizá la esencia, justamente, de un cuerpo lleno, sobrepasado, de capas absurdas (discursivas sobre todo!). Estos interrogantes se desarrollan a lo largo de toda su poesía.

Los poemas presentan numerosos personajes, que son a su vez otros nombres, y que actúan como piezas de una trama cercana a lo narrativo. En una entrevista del 2014 , Hass comentaba su gusto por la poesía que suena “natural” y la contraponía a aquella que aparenta ser elevada y vanguardista. Podríamos entender esa definición como una búsqueda de coloquialidad camuflada que el autor aprovecha para enredar luego algunas ideas muy potentes (que en dicha entrevista él llamaba “lo meditativo”) y generar un efecto de capas superpuestas.

Otro poema interesante se titula “Museo”. Se trata de una escena en que una joven pareja con su pequeño bebé desayuna en el restaurante del museo rodeados de rostros tallados en madera por Käthe Kollwitz. Si bien uno de los efectos buscados es contraponer los rostros del arte, inmóviles, dolidos, a los rostros esperanzadores de aquellos humanos (digo entre otros, porque también está la cuestión de que esa familia como tal es ya una pieza de museo, y varias otras lecturas más), el enfoque resulta llamativo. La cámara pareciera configurada en modo escenas-de-una-familia-americana-tipo, refundando la esperanza blanca y burguesa de una sociedad en orden; el hombre lee el New York Times, “el suplemento de libros y come fruta”, ella lleva al bebé en brazos, pero finalmente se intercambian los roles (ella lee y él alza al bebé, como golpe de perplejidad y máximo nivel en que tensa las conductas patriarcales). Pero ¿por qué Hass compone esta escena? ¿Qué otros motivos podrían pensarse? Echemos un vistazo a los rostros de Kollwitz (1867-1945):

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La familia come rodeada de estas miradas. El final del poema, “(…) Pero esta / joven pareja está leyendo el diario del domingo al sol, el bebé / duerme, el verde ha comenzado a emerger de la cáscara del / melón, y todo parece posible”, este final, posiblemente no implique tanto la esperanza en el futuro de esa configuración familiar como el de la libertad humana. Perseguida en sus últimos años por el nazismo, Käthe Kollwitz y su esposo abandonan Berlín después de haber sido arrestados en 1936. El horror de las Guerras está en esos rostros. La miseria, los campos de concentración, la deshumanización de los sujetos (que todavía sostienen, dignificados por el arte, esos ojos penetrantes).

Avanzando en el libro, nos encontramos con la serie “Tiempo y materiales”. Aquí se propone una analogía con la pintura a partir de la obra de Gerhard Richter: Abstrakte Bilder. Dice el poema inicial: “Formar capas, / como si fuesen la constante de los días”, capas que cumplen la formación de algo, una vida, una pintura, un texto. Así, el segundo tramo es un texto que va descomponiéndose poco a poco, sus versos se van borrando, van perdiendo letras; una de las estrofas en su instancia completa dice: “el objeto de este poema es denunciar un robo, / en curso, de todo / lo que no sea estas palabras / y su disposición en la página”. ¿Qué es “todo / lo que no sea estas palabras”? ¿Cómo actúa lo robado sobre estas palabras? ¿Quién roba y quién denuncia? Tratar de resolver esto sería tonto, pero cuán interesante resulta no desaprovecharlo para reflexionar sobre la materia del poema y las representaciones que este moldea sobre lo que no está. Como un holograma se desvanece lo nombrado, y nos preguntamos hasta dónde estas texturas han sido trabajadas o conservan el aliento familiar, homemade, espontáneo. Recordemos el planteo del pato de goma: “Eso es sólo tu nombre”, dice a la niña, nos dice a nosotros, lectores, sumergidos en el agua tibia de lo narrado, pero listos para bucear más allá de los límites de la bañera.

 


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015) y Esa trampa de ver (Añosluz Editora, 2016). Su blog es: www.margendelpoema.blogspot.com.

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