Punto de partida: ‘La proyección del ritual’ en Siguiente vitalidad de Natalia Litvinova

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Siguiente vitalidad (audisea. / Libros Tadeys, 2015 – La bella Varsovia, 2016)

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Siguiente vitalidad de Natalia Litvinova (Gómel –Bielorrusia-, 1986) reúne poemas en su mayoría inéditos con el agregado de otros publicados en obras anteriores en versiones renovadas. La poesía de Litvinova, que ha tenido un buen recibimiento en toda latinoamérica, propone una cantidad de capas que dejan al lector siempre con la sensación de que podría regresar al texto en busca de algo más. Se ha escrito ya acerca de su vinculación con la memoria de la infancia y las marcas que el desastre de Chernóbil dejó sobre la historia personal y colectiva. Pero nos interesa meternos en estos poemas desde otro lugar, como indica el título de esta sección, tomarlos como puntos de partida y no de llegada. Darle a los textos la posibilidad de decir antes de clausurarlos con preconceptos y expectativas.

Ingresemos desde estos versos: “Decido unirme al ritual, / siniestro sería quedarse afuera / y mirar” (Máscara de cera). El ritual, que en este caso se trata de oníricos fantasmas que hunden sus dedos en el rostro del padre “y le cambian los gestos / como a una máscara de cera”, es también el ritual de la poesía. Ser fantasma, lo que sobrevive al tiempo, a la intermitencia de luz y oscuridad (“Enciendo mis ojos, los abro a la luz”) es la posición necesaria para escribir a partir de los muertos (y no como evocaciones sentimentales). Pues ¿qué sigue latiendo en la palabra? El trabajo de la poeta está en tomar esas vivencias (incluso las vivencias imaginativas) como proyección de una fuerza capaz de desmantelar el simulacro de la vida contemporánea (la negación del dolor, el materialismo, el hedonismo, entre otros), conjugándose en una representación extrañada de lo humano.

En otro poema se reafirma esta idea: “No se puede accidentar en los libros ni en las pinturas” (El escupitajo de la dicha). No hay imprevisión en el nivel textual, más que en su proceso. El cuerpo de la lengua es como esa máscara de cera siempre fresca a la cual el sujeto no puede negarse. Pulsar, actuar sobre esa materia, es definir no sólo una forma sino también un modo de organizar la existencia posterior. Y ahí está una de las claves de esta poética. Litvinova no apela a hojear nostálgicamente el álbum familiar de fotografías, sino a organizar un después, una zona de aterrizaje, para esa mirada y sus huellas. Veámoslo: “Me identifico más con el polvo que cae en mi retrato / que con mi propia imagen”; su espacio no es la dialéctica del reflejo y lo real sino el de lo aún no nombrado: “Mirás el cuerpo cansado de una rata / que no puede hacer camino a través del hielo. / No sabés si patearla hacia los copos de la muerte / o hacia los ataúdes de la nieve”. Ese es el plano en que la lengua recrea, vuelve a parir, y no una escenografía de nevadas y catástrofes. “Los copos de la muerte” y “los ataúdes de la nieve” construyen una metáfora necesaria para que esa rata no sea una mera captura de la vista. Porque aparece la duda y ahí se juega una manera de entrar en lo poético y, como hemos señalado, la autora elige unirse al ritual, no pactar con lo siniestro que implica ser espectador de la propia historia (es decir, de la narración de esa historia).

El trabajo de Natalia Litvinova es el proyecto de una voz a coro con ‘los otros que habitan una línea punteada entre dos lenguas. Ya no hay frontera ni puentes sino un punto de enunciación propio, con toda una tradición a cuestas (en este poemario se nombra, entre otros, a Rukeyser, Kafka, Dostoievski, Tarkovski) y la audacia de lo que no llega a hacerse evidente. Dice en el último poema: “Cuando entro en la escritura / me convierto en una rama llevada por el río. / En piedra que no se deja arrastrar por la corriente”. Entonces regresamos, nosotros lectores, a buscar en el río nuestras propias máscaras para tratar de hundir los dedos en comunión con lo viviente.


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015) y Esa trampa de ver (Añosluz Editora, 2016). Su blog es: www.margendelpoema.blogspot.com.

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