Inéditos: 320 ppm [Cristóbal Galle]

sabía una vez… Disculpen. Hay una sola vez, un grupo de amigos “experimentando”. En el patio de Alberto, se efectúa una junta del variopintoconglomeradodeasociadosamigables conocido como “Los Cabros”. A petición de alguno (o todos, qué más da), se consume 9,10-didehidro-N,N-dietil-6-metilergolina-8β-carboxamida. Ahora, pareciera que Alberto ha visto algo que voltea su estómago; o su cabeza, más bien.

—¿Tepe go?
—Palpí koasí.
—Buéee, naní tidó.
—¿O ieal keón da? ¿Ta ivién?
—¿Qué? No… no entiendo.
—¿Kénoen tendí? ¿Támosa blandomui malakaso?
—¿Cómo?
—Iafil oselevá pasárenun Ra Tomás.

Nuestro personaje no frecuenta el lado más hostil del sentido y, amedrentado, considera el silencio. Es entonces que la urgencia vuelve a dibujarse en su cara, cuando, espoleado por su epifanía, decide comunicarse, aunque no le entiendan.

—Cabros, miren… Esto es como cuando uno está hablando por teléfono y hay mala señal y uno no cacha si la otra persona escucha, ¿Cachai’? Entonces eso po’, voy a hablar nomás.
—Sitrán kiermano, Tescu Chamos.
—Voy a tomar eso como un «Sí, obvio, habla tranquilo». Por dónde empezar… ¡Ah! No se les ocurra terminar la conversación, primero, y, por sobre todas las cosas…
—¿O ienó íbam osaunka Rete?
—Hermano, no te entiendo…
—Íbam osaun ka-re-te, ¿on o?
—¿Dijiste carrete? Mira, si están hablando de ir a la casa de la Amanda: no hermano, ni cagando. La única razón por la que estamos aquí es para estar aquí, no nos podemos mover.
—Péroko mono vam osaír, ¡Tádekum pleaños!
—¿Cumpleaños? Eso es mentira… él te metió eso en la cabeza. No hay ningún cumpleaños, no hay Amanda siquiera; allí afuera no hay nada weón, sólo esto existe.
—Kom onováber na daal, da tekuén také taía lucin ando.
—¡Entiende que no te entiendo weón! Él no quiere que entienda y…
—¡Iácor talame joran dacos tarte! Vam ospa ya, sef unoes tawe ha…
—No, esperen, no no no, no se vayan, por favor… ¡Por favor, no se vayan!
—O iedie gómej orké daté konés tewé ha
—¡Diego! Ja, ja, ja, ¡Buena, te quedaste! Ahora hay que seguir conversando nomás, tranquilo que mientras sigamos hablando él no puede terminar, ¡No puede terminar! Ja, ja, ja, ¡La hicimos we-
—Mede jaronsol opor kétep uedoyé várala fuerza
—¡¿Fuerza?! Qué estái’… no, ¡NO! ¡SUÉLTAME WEÓN!

Es así que Alberto, sin darse cuenta, cumplió su papel mejor que todos los demás y -así también- dejó de existir precisamente en este momento.





cristobal-galleCRISTÓBAL GALLE (Santiago, 1997). Estudiante.