The Human Centipoet #2 – Diana Garza Islas

 

BOLO ALIMENTICIO

Plagiar a Ruiti.


RECOMIENDA A: Rosario Loperena.

NO RECOMIENDA: Leer antologías de novísimos, ni cualquier otra clase de antología.


SELECCIÓN DE POEMAS

De Adiós y buenas tardes, Condesita Quitanieve (2015)

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La Monalisa con bigote será nuestra anfitriona, sólo sus ojos ven lo que veremos. Bajo ella, todos los huevos que han de nacer, baterías negras y turbinas para submarino. Las manos arrancadas de algún Santo de Ocasión en sus manos. Una tabla de equivalencias entre la película quemada de Paradjanov y distintos aros de circo. Aparte, la pupa sub-trinche. ¿En símbolo de qué? De las decisiones tomadas que implicaron al amor, por ejemplo. A propósito, el ojo de Sartre está ahí, en una caja fija con alfileres de cabeza blanda. El hombre con penacho: ¡Pero por aquí no es, por aquí no es! ¿Cuántas píldoras serían entonces necesarias para despertar adentro de este viaje? Argirol, Atropía, Eserina, son los nombres de nuestras parcas. El invitado principal vive en la cuarta píldora que ocultan. Su nombre es un verbo, una máscara de carne fresca para mí.

Y no es secreto que ella me alimenta, me viste, me trae.

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De este lado del sueño está mi cuerpo. ¿Quién lo dijo? No sé. Sé que no eran necesarias tantas agujas para sostener mis ojos. Pero no lo decidí. Estamos en el sueño del bulto, del que encima de todo llevó gafas, aura gruesa, de mascota a la canícula y un mecanismo indistinto de familiares ausentes.

Pegue usted alas al reverso del retrato.

Mío, para escapar mejor.

Y si se asoma, no verá al huevo que debía; sí la cola del animal óseo al lado, sí la redondez que lo corola.

Esa redondez, retiene.

Y si estipulé dorado, faltan aún las muchas medallas que gané por decir que de este lado me miran, por decir los túneles recobrados para el ojo, por decir sus navajas ciegas, el puente fijo y el alcance del bisturí, siempre reversible a la mirada. Es que no contábamos con eso, ni con la manita erguida —piensa ella y se va ya, al carril de la balanza de cobro— pero fíjate que sí, de este lado está mejor, ya ni veo lo que pensé, sólo fragmentos de sus ojos.

[Que, por otro lado, nunca tuvieron parte en este asunto, peso, ni herencialización.]

Por eso mismo es emocionante asomarse aquí de vez en cuando. Para constatar ese espacio vacío que he soñado en representación del mundo y es el mundo, para constatar las distancias rojas, muy vigiladas, muy afiladas, que, centímetro a centímetro, yo anticipé.

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Aquí está. Vino. Con su cuerno único apuntando al gran cerebro de la caja. ¿Cómo es que nunca vimos las estrellas teniendo tal facilidad para la natación? No dices nada, ocultas. Y yo digo que sí, oculto para ver.

—Aquí van las cosas que él no escribió. Aquí va la mitosis.
No digas nada—.

Catábasis.

Perlas atornillándose, para no contar las que hemos visto, de cetáceos y de símbolos relativos. De ciudades con banderas imaginadas color diente.

[Aquí, el cerebro se guarda las manos bajo la capa; no vaya ser que le descubran su invento.]

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Ingredientes para destituir lo imaginado: catorce tiras de estambre Zauberberg ya ensambladas; que falten algunos dientes; los cuernos del toro, bien amarraditos; dos espejos de dentista, no muy distintos entre sí; cuatro patas del animal conseguido rizadas hasta enfocar el letrero con los cuatro puntos cardinales: ver, fingir, creer, hablar; un ojo no y prótesis de dorado; un miembro incrustado al motor que reciclé, de latas negras; la frase «Le falta un tornillo»; y que yazca ahí, en la suavidad oscura, la palabra «dendritas”. [Indistintamente.]

Procedimiento: Hay más corazones rojos que cráneos en el mundo. Hay más corazones rotos que a donde llevarme a pasear. [Repetir.}

Conclusión: El hilo conductor dividido en tres, de este a oeste. [Recobrado.] Pero, al reverso ¿quién sujeta la voz? No sabe. No contesta. Y si sabe, lo encandilan. [Las cuatro láminas, muy transparentes, de acrílico, que en otras zonas se conocen como ánima.]

Inventario: Esa cabeza ya va, va a emerger, va la burbuja. La tira metálica resultante escrita, su código en la cesura, mírala, ese es ya su nombre: es tierno, es falso, no existe, es mío.

De Catálogo razonado de alambremaderitas para hembra con monóculo y posible calavera (inédito)


DIANA GARZA ISLAS (Santiago, NL, México, 1985). Ha publicado los libros: Caja negra que se llame como a mí (Bonobos, 2015); Adiós y buenas tardes, Condesita Quitanieve (El palacio de la fatalidad, 2015); y es coautora junto con Sergio Ernesto Ríos de La czarigüeya escribe (Analfabeta, 2014). También escribió Catálogo razonado de alambremaderitas para hembra con monóculo y posible calavera, un libro de poesía basado en las cajas parlantes del artista Carlos Ballester Franzoni que está próximo a publicarse y al que pertenece estos poemas. Escribe en @hastrolabia.