Punto de partida: El llamado de los cuerpos – Acerca de Aldabas, de Macarena García

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Aldabas (Edicola Ediciones, 2016)

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Alguien está por cruzar. Todo a punto, con minúsculas, in medias res. Alguien oye algo que se está diciendo. “Se retrata / sin ropa / en lo que queda / de su mirada / sobre las cosas”, es decir, no carga con el equipaje (que se ha olvidado en la prisa) pues lleva la mirada sobre esas cosas, la posibilidad de reconstruirlas en otras. Así este libro de Macarena García (Chile, 1983) nos convoca a las miradas de un viaje que siempre comienza.

Hay voces que traen enunciados intermitentes, en una comunicación nunca exitosa: “quizás / dijo // quizás // como quien apaga / o enciende la luz”. ¿Pero cuál sería el éxito? La poesía emerge, en este caso, de los recortes. Procedimiento noble que no disfraza cadáveres como poemas-totales, poemas-babélicos, sino que asume la imposibilidad de trabajar con algo más que con partes, momentos, resabios. El trayecto planteado es breve: Zaguán – Patio interior – Aldabas. Un retroceso hacia la puerta de salida o un ingreso al afuera. Y ese afuera puede ser un otro. Alguien que llama (el padre? un niño? una carta? Es decir, cuerpos que obligan a reconocerse) y exige mirar más allá (entre) las “cosas” y sus posibles retratos.

El acto que implica el verso “abre la puerta” se repite como apertura en diez textos de la última sección para reescribir un encuentro a cuyo suspenso asistimos con la violencia de lo no dicho. En esos huecos desaparecen algunos sujetos (el padre, el anciano, etc.) y otros llegan para reemplazarlos (a veces manchas, moscas, viento). La lengua revela un funcionamiento de oleaje: trae y lleva elementos que parecieran ser los mismos pero nunca lo son. Y ese movimiento tan particular mezcla entre arena, caracoles y espuma las instancias del tiempo. Como en el poema, los fragmentos vitales pueden persistir en un eterno presente, estar aconteciendo, nunca acabados. De este modo, el sujeto dice: “de pie la cachetada / que el doctor / le dio al nacer”, allí de pie tras la puerta el propio nacimiento. No sólo se trata de un encuentro consigo mismo, sino con su versión más pura, pre-lingüística, quizás podríamos decir con su ser poético, atemporal, pues, recordando a Bachelard, “la infancia no abandona nunca sus moradas nocturnas” (La poética de la ensoñación, 1960).

Esta escena resulta entonces consecuente con todo el poemario. Aquello que llama debe ser respondido, aun cuando se trate de algo menor: “silencio: vuela una pelusa”. La poeta está alerta para oírlo todo y en los trazos de sus movimientos no hay jerarquías porque cada uno es el primero: “una bicicleta / sandalias de goma verde: / primera navidad”. Cada elemento (personas, objetos, palabras) nace por primera vez y por ello no tiene un lugar asignado por las normas de la cultura (recordemos aquellos versos donde la comunicación se desentendía de un éxito social); pueden intercambiarse, salir y entrar de los textos, ir hacia la puerta para iniciarse en cualquier parte. No se trata de una poesía cinematográfica (o por lo menos de ese cine que cuenta una historia secuencialmente), sino de imágenes sucedidas como un video clip.

Una música atraviesa en puntas de pie los espacios para fugarse sin explicaciones. Deja resonancias que habitan y colman esa casa. Son preguntas que con la misma cautela el lector irá respondiendo a medida que vaya recibiéndose a sí mismo al otro lado del umbral.


diego-l-garciaDIEGO L. GARCÍA (Berazategui – Buenos Aires, 1983). Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Escribe poesía y crítica literaria. Entre sus publicaciones se encuentran: Fin del enigma (Editorial Municipal de Berazategui, 2011), Hiedra (La Luna Que, 2014), Ruido invierno (La Luna Que, 2015) y Esa trampa de ver (Añosluz Editora, 2016). Su blog es: www.margendelpoema.blogspot.com.

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