[Especial de navidad #3] Un cuento de Pablo Espinoza Bardi

¿TE SIENTES HOY CON SUERTE?

Decidí comérmela. La llevé a una casa abandonada en Westchester en la que me había fijado. En el primer piso me desvestí completamente para evitar manchas de sangre. Cuando me vio desnudo se echó a llorar y quiso huir, pero la alcancé. La desnudé, se defendió mucho, me mordió y me hizo algunos rasguños. La estrangulé antes de cortarla en pedacitos para llevarme a casa toda su carne, cocinarla y comérmela.
Albert Fish

Esta es la fecha que más te gusta, ¿no es así? Todo es alegría, paz y amor, y eso se puede respirar en el ambiente desde que empieza diciembre, desde que terminan las clases. Pero hay que trabajar y es tiempo de sacar ese disfraz del baúl. Es tu época favorita en donde “ellos” salen felices de sus hogares enseñando sus desproporcionadas sonrisas. Pobres, ya puedes sentir aquellos pendejos sentados en tus rodillas, y lo mejor de todo es que sus padres lo consienten y te dan algo de dinero por ello… así es la navidad, pero dime: ¿Te sientes hoy con suerte?

A metros se puede sentir tu maligno hedor. Se podría decir que eres la turbiedad en su máximo estado. Eres la costra que de vez en cuando supura tragedia, pero tranquilo, no me hagas caso, sigue con lo tuyo, hoy puede ser uno de esos días, ¿quién sabe?

Siempre te presentas de la misma manera. Eres como una repulsiva caricatura que por décadas se viste igual. Pantalón, terno y camisa sebosa, además de una mariconcita corbata que resalta aún más tu patética personalidad, bueno, salvo en diciembre, en donde lo rojo predomina. Así vas de lugar en lugar, abriendo tu asquerosa boca que sabe guardar la mentira. Así escoges a tus víctimas. Siempre en los paraderos. Siempre afuera de las escuelas… pobre enfermo, ya puedes visualizar la cena, la mesa arreglada como tiene que ser, con hermosos motivos navideños, el vino, las ensaladas y las salsas, y por supuesto: la carne.

Dios te salve mi niña
llenita estás de mi gracia
yo que soy tu señor me regocijaré contigo
bendita eres como todas mis mujeres
tu vientre será mi bendito fruto
¡salud!
santa mi niña
tú que pronto verás a Dios
ruega por nosotros los pecadores
ahora y justo ahora en que te mueres
a comer

Te has preparado para esto desde siempre. Sólo es rutina… una simple rutina. Te calienta tener esa carne blandita en la boca. Entonces tu cabeza empieza a trabajar con macabras secuencias y la sangre hierve y sudas; y metes la mano en el bolsillo sin fondo; y te la sacudes aferrado a la muralla; y al rato tu rostro no demora en revelar el placer; y el esmegma hiede en la mano con cada fricción; y entonces te limpias aquella rancia pasta en la barba; y continúas con el asqueroso ritual; y así vas más rápido, más rápido, más rápido, más rápido, abajo y arriba, abajo y arriba, abajo y arriba; el fuerte olor te delata; tu jugada tiene que ser rápida; las más pequeñas siempre son las que caen; una de ellas sigue… puede ser… puede ser… como dije: ¿Te sientes hoy con suerte?

*Cuento extraído del libro Cuentos de Gore, de Locura y de Muerte.

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PABLO ESPINOZA BARDI (Arica, 1978). Por Cinosargo Ediciones ha publicado los libros de narrativa: Necrospectiva (2010); Cuentos de Gore, de Locura y de Muerte (2011), y La Maldición de los Whateley’s y Otros Relatos (2011). El 2013 publica su poemario Urlo, por La Liga de la Justicia Ediciones. El 2014 y el 2015 es reeditado su libro Necrospectiva, por Austrobórea Editores, y el 2015, Cuentos de Gore, de Locura y de Muerte, por Maki_naria Editores.