[Especial de navidad #1] Un poema de Iván Rojo

FINLANDIA 1

No sabía muy bien qué hacía en Helsinki y además llovía.
Tenía la cabeza congelada y al mismo tiempo en llamas.
Desprendía humo, o vapor, o vida, o muerte, lo que fuera.
Lo veía en mi reflejo en los escaparates iluminados.
Solo eran las tres de la tarde y ya estaba oscuro.
Se acercaba la navidad. Allí la llaman jolu no sé qué.
Los finlandeses la viven de manera extrema, orgiástica.
Es su 4 de julio. Su oktoberfest. Sus sanfermines nevados.
Engalanan sus casas, van al trabajo con gorros de Papá Noel.
Y cualquier cosa vendible lleva el prefijo jolu desde octubre.
Joluperfumes, joluvídeoconsolas, jolupatésdereno, jolulencería.
Jolucervezas. Sobre todo jolucervezas, joluvodkas, jolugüisquis,
jolutequilas, joluchampanes, joluginebras, etc.
Cómo bebe esa gente. No he visto cosa igual en mi vida.
Así que todos aquellos rubios medio borrachos bajo las luces
dando traspiés alrededor de las tiendas Alko,
licorerías con videocámaras y guardias de seguridad.
Todas aquellas rubias cantando borrachas por las calles,
más luminosas que todas las luces de colores de la ciudad,
sus risas como campanillas del trineo de Yulupuki.
Y yo había calculado mal; no me quedaba un céntimo, joder.
9 euros y medio una copa de vino de garrafa, joder, joder.
Me metí en una iglesia para pasar un rato gratis a cubierto.
No había nadie. El silencio me abrazó y dije Gracias en voz alta.
El eco me devolvió mi voz. Me pareció extraña, claro.
Me pareció el sonido más raro que jamás hubiera oído.
Bueno. Todo allí dentro era de madera clara, limpia.
Las ventanas, las lámparas, el techo, las paredes, el suelo.
También los bancos. Me senté en uno a mitad de la nave.
Jesús me miraba clavado a las alturas, pero no me dijo nada.
Yo a él sí:
Hola, Jolucristo.
Esperé su respuesta durante un buen rato, educadamente.
No llegó. Pero el mundo es de los perseverantes, e insistí:
Hola, Jolucristo, me vendría bien algo de pasta;
quiero pasarlo bien como esa gente de ahí fuera;
quiero dinero inflamable para calentar diciembre,
euros que ardan de maravilla para quemar esta ciudad;
podrías currarte un milagro, tío;
anda, Jolucristo, cúrratelo: bendíceme.
Y contra todo pronóstico ocurrió. El milagro se produjo.
Con celestial nitidez escuché la voz del hijo de Dios:
El cepillo, capullo, ¿es que no ves el cepillo?
Y miré bien y sí: lo vi en un rincón, junto a una batería de velas.
Y me levanté, me levanté como un nuevo Lázaro,
casi en contra de mi voluntad me levanté del banco
y corrí, levité por el pasillo hasta aquella caja plana.
Tenía cerradura pero lleno de fe probé a alzar la tapa,
y, oh, sí, se alzó, se abrió para mí como la puerta del cielo.
Hundí mis manos en sus tripas calientes y hermosas.
Me llené los bolsillos con aquellos billetes y monedas.
Cuatrocientos seis divinos euros con ochenta y tres céntimos
con los que adelanté tres noches más en el hostel,
llené la pequeña nevera de comida y bebida,
me compré un gorro verde con doble forro
y salí por ahí a predicar el amor y la paz en el mundo,
y te mandé una postal.


ivan-rojoIVÁN ROJO (Valencia, 1976). Autor del libro de relatos Pantano (Sven Jorgensen, 2014), del libro de relatos y poemas La vida salvaje (Rasmia, 2015) y de la novela Ultraligero (Rasmia, 2016). Ha participado en las antologías La Locura (Neurótika Books, 2015) y Música de ventanas rotas (Homenaje a John Fante) (Dalya, 2016). En 2014 fue becado para una estancia de un mes en la residencia Villa Sarkia para escritores y traductores de la Fundación Nuoren Voiman Liitto, en la ciudad de Sysmä, Finlandia, donde trabajó en el desarrollo de un poemario titulado León de Invierno.

Tiene un blog de relatos y poemas: http://ivanrojo.wordpress.com