Extracciones: Fisher y los refugiados [Nicolás Guglielmetti]

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Capítulos extraídos de Fisher y los refugiados (17grises Editora, 2016)

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No es que quiera decir que el San Cayetano es mufa pero desde que lo pusieron en la parte de adelante del negocio las ventas bajaron. Las ultra conchetas no creen en las deidades populares. Si uno recorre la tumba de Edelvira Correa puede comprobarlo. Dicen que hay un pantalón de raso de Carlos Monzón y uno de Pedro Catalano, que atajó como hasta los cincuenta en el ya desaparecido Deportivo Español, habiendo arrancado de grande, sin tener inferiores. Con los muchachos acordamos que no está mal dudar de las divinidades. ¿Acaso el Diego no dijo que Pelé debutó con un pibe? El burrito Ruiz dice que antes de hablar mal del San Cayetano nos lavemos la boca, que somos unos vagos con ideas de izquierda y que si queremos laburar nos unamos a las filas de los bomberos voluntarios. Cuando el Tono y el Leche le hacen referencia al uniforme medio milicón, el burro se pone como loco. Está chupado, creo que toma blanco cortado con pomelo de la Tai o esa de la Fundación Favaloroque, a pesar de ser barata, es rica. El burro una vez me dijo que supo por un amigo del laburo que el viejo Alonso se había quedado con varios terrenos cuando fue jefe departamental, que sólo los ponía a su nombre y pagaba los impuestos en la época en que todo esto era un descampado. Con el tiempo supe por mi viejo que era verdad, esta solía ser una zona donde con una maña media y una gomera prolija podías hacerte hasta de martinetas. Con el burro nos ponemos a jugar al pool, lo tranquilizo diciendo que si viene San Cayetano y les ofrece laburo al Leche y al Tono, ellos lo devuelven. Con el burro jugamos pool estilo La Falda. Hoyos cruzados sin faltas. Se puede mover la blanca lateralmente al reponer una vendida pero no se puede dejar un dedo de luz para separar de la baranda: eso es de fifí. Si la negra es metida con carambola o tiro como mínimo de cuatro bandas cantado, el que pierde, además de la copa debe sumirse a las gastadas de los muñecos de la barra que por esas alturas están pasados. Al ver que la hora avanza, las cabezas no acuerdan y los casados salen apurados para el rancho. Le digo al Lea que prepare lo mío mientras recibo mensaje de uno que se quedó sin merca.

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Miramar está asentada a pocos metros de la bicisenda que liga la Avenida Cabrera con el Shopping, el Walmart y más allá la Aldea Romana y el barrio Patagonia. Acá el lector debe tener un conocimiento previo. La otra noche chateaba con una mina del Noroeste que no sabía dónde quedaba el barrio La Falda, ni siquiera el Parque Independencia. Las nuevas generaciones de Ipod comprimen mundos y enfrascan. Cada vez menos gente sale a airearse. La falsa ilusión de los juegos del Parque de Mayo atestados no se condice con los índices de natalidad de la ciudad. Bahía ha crecido como esta villa, que al comienzo era el gorro de Bella Vista con apenas unas manzanas hasta llegar a la ruta, calle Fortaleza Protectora Argentina, perpendicular estaba la Avenida Cabrera. Para que el lector se ubique diremos que si yo me paro en el centro de Miramar, o sea, en la ruta que divide la villa en dos manzanas para arriba y dos para abajo, y miro al sur, diviso todos los edificios céntricos, los fósforos y por último el mar. Es un barrio pesado pero solo hay que saber manejar las horas. Antes, cuando éramos pendejos y jugábamos en Bella Vista, era fácil. Cualquiera con el escudo chapea, incluso compañeros nuestros vivían ahí, por lo que nos salvaban las papas si alguno se hacía el picante, pero eso es prehistoria. Acá, en Bahía, se conocía por falopa a la coca. Ni el porro llegaba en las cantidades que se zarpa ahora y no es que sea vigilante. Si hay algo que aprendí es a no serlo, muchas veces se han estado pegando un cañazo cerca mío y no me jode mientras no me jodan. Esto viene a colación de que en el último tiempo se puso áspero, primero porque los pibes andan enfierrados y zarpados y porque se ha convertido en una zona de venta, ergo estado latente de tiroteos o situaciones densas. Cosas de las que no te salvás diciendo que tenés algún conocido o recordando los partidos que jugaste en Reserva.

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Ruben me decía que el presi era el encargado de traer la falopa en autos volcados y distribuirla en los aguantaderos del barrio. Que atrás de su casa había un par de dealers a los cuales él llamaba giles. El polvo se vendía arriba, en la parte de atrás del desarmadero. Él juraba que en el final de la villa, donde no llegan las calles porque ya es campo, había una olla donde en una noche te limpiaban un Alfa. Que estaban entongados políticos y todo como cuando con el periódico empezamos a investigar lo de los terrenos fiscales y me llamaron al hall: nene, todavía sos joven para andar en una silla de ruedas.

Parecía raro que una mina con tan buena presencia fuera la portavoz del maleante pero se ve que para tipejos como yo no tendría tiempo. Después vino la pintura y el corchazo al auto de Joaquín cuando estábamos reunidos y decidimos parar.

Los intereses son creados. Una economista trata de explicarme en medio de una mesa ratona porque en el sistema capitalista hacían esclavos a los países del tercer mundo con la deuda externa y ella terminó pagando la cuenta. En realidad no era mucho. Dos 187 grandes de 90 gambas. No le importa, se hizo las tetas para que alguien la acompañe a dormir. A medida que nos dirigimos al barrio residencial, el paisaje cambia. Bordeamos los links del club de golf que ya lleva más de cien años dándole la razón a los ingleses que lo irguieron entre el arroyo y la vía. No existen medianeras, en realidad sí, pero son cercos vivos de bolitas tomate y jaramilla. La mayoría de los frentes ahora tienen rejas pero hasta hace una década estaban abiertos. Lo que serían garages sin techo desembocaban en las piletas al fondo con los respectivos quinchos. Lo sé porque cuando éramos pendejos con nosotros jugaba el pibe del que mantiene los jardines y las piletas y siempre nos pasaba el dato. Yo a esta mina la junaba por fotos. Tendría unos 10 años más pero la tenía. Recuerdo que con Reyes entrábamos a la casa. Él me dejaba porque sabía que no iba a tocar nada más que chusmear portarretratos o chupar un poco de gaseosa. Siempre se la veía bien con paisajes exóticos de fondo o en Orlando. Era rubia con pequitas que solía disimular con un ligero bronceado. Unos faroles turquesas, boca carnosa y sonrisa escueta. ¿Que haría de vuelta en el pago? ¿Estaría en la misma que yo? ¿Qué habrá sido de esa historia que me contaba Reyes cuando me lo encontraba en la tribuna cada tanto?: “La Jazmín se casó con un gringo y da clases en la universidad”. No sé por qué Reyes usaba el término “gringo” para designar a los norteamericanos. Siempre me llamó la atención que ese uso no encajaba con el estrato social de Reyes. Tal vez se lo había inculcado yo cuando hacíamos dupla central. Tanto tiempo juntos. En el barrio le llamaban gringos a los tanos que abundaban el barrio lindero, o sea, La Falda. Bella Vista era un barrio de gallegos. Así se dispusieron en colonias cuando la guerra y los favores del General los arreaba al granero del mundo. Bella Vista y La Falda eran casi lo mismo e inexplicablemente no había rivalidad. Solo los dividía Paster, donde vivía Ruben. Un boulevard que nacía en el entubado y terminaba en Fortaleza, en el límite inferior de Miramar. La calle en si tiene una enorme pendiente, lo que dificulta transitarla en bici. Ese es uno de los motivos por el que tantas barritas paren ahí, al igual que los árboles frutales que caen en medio de la acera parquizada que la hace doble mano. La gente vuelve del trabajo con pocas pulgas y dinero. Los estudiantes con el tedio y los deportistas con ilusión.

¿Qué pensaría la economista si la invitara a casa?

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Con el Gordo hablamos de que una agencia de publicidad puede chuparse un intendente. Si no fijate el pariente de Carrerita. Le armaron una cama los de la corpo, pero por un lado mejor… El Gordo me dice que siga haciendo notas a titireteros, miro sus comisuras de café y mi botella de agua gasificada de manera grosera y ese placer áspero de las moléculas calando la voz. El Gordo se va sin pagar. Se olvidó de contarme que la agencia la creó la competencia en su momento para darle un marco a los clientes grandes. Cuando hablo de clientes no hablo de comercios sino de industrias que tratan material radiactivo con acuerdos internacionales. En ellas, los encargados de cranear deben devolver parte de la torta pautando mensajes hegemónicos únicamente en los medios que miran o huelen para otro lado. Pero eso es historia pasada. Nunca hay una historia reciente. Simplemente se es historia.

La productora de tele es una de las patas del multimedio. Está manejada por el hermano que es un títere más. Para financiarla ha obtenido créditos del estado al cual le pega. En realidad es como tener una Ferrari para salir a pasear los domingos. Se orienta a hacer el ensamblaje de publicidades de programas locales: deportes, cumpleaños de quince o noticieros. Todas las patas de un monopolio sirven para apoyarse y solventar una mentira. Son patas cortas pero robustas. Cuando el Gordo llega a cerrar los pagos dice que tiene un medio gráfico y televisión. Generalmente los que reparten la torta sucia ni se gastan en corroborar que se cumpla con lo pautado.

Descendemos a un nivel que los oídos pierden noción de los soportes tecnológicos. El calor atraviesa las aleaciones que nos impusieron los estamentos sanitarios. Llega el contacto con fajos y cápsulas suficientes para modificar la genética del departamento. Aparece el economista y me habla de pollos. No hay con qué competirle. Desde que el gobierno los subsidió, la provincia aislada pasó de criar dos pollos a dos millones y, a pesar de la quita, el volumen llegó a tal que ya no afecta. Nos llegamos al galpón de las placas dentarias. Puedo fumar por primera vez en la semana a pesar de las recomendaciones. Le digo que quiero implementarlo con los bancos de Fertiliyos que estoy ensayando en las lagunas de los campos, que invadimos al igual que con los fans.

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Entre los refugiados llamamos “Bárbara” a la afección no sólo que compete a los ojos sino que se acentúa con los zumbidos. No hay que confundir lo que los facultativos llamaban “Bárbara” en un comienzo de la afección con lo que refiere ahora. El virus ha mutado. No se conforma con meterse en el tracto de la gente snob o en ocasionales comensales. Ha adquirido una capacidad de desarrollo sorprendente y esto se debió, en parte, a los escapes de amoníaco, de cloro, a la falla del regasificador o a la gran marea que sepultó a Galván & White. Ese día, el contenido de los piletones, que celosamente protegía Gendarmería, se fue escurriendo de las napas a los tragaluces de la gente inocente. Bodiroga va más allá y dice que en la década pasada se lo filtraba en la red y dependía de la saña del portador y los plazos de digestión pero podía transmitirse vía semen. Contrariamente, resultó ser una época próspera para nosotros. Los distribuidores traían cantidades industriales deFertiliyos a precios irrisorios y la gente se volcó al consumo en forma masiva. No sé desde qué medio independiente al régimen hicieron correr la bola de que el ganado y las aves de granja estaban apestadas y que la única manera de contrarrestar los efectos era consumir el pez en cuestión. Nosotros dudamos al principio si dar curso a la estafa y retirarnos al campo de la familia de mi madre, en la provincia mediterránea, pero al ver que cualquier oportunista montaba una pescadería sin conocer la industria, decidimos aplicar todo el rigor que ejerce una corporación y, a partir de nuestras cuatro bocas, multiplicarnos a ocho en tan solo dos meses y a dieciséis en un año.


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NICOLÁS GUGLIELMETTI (Bahía Blanca, 1981). En poesía ha publicado Bella Vista (Ediciones Vox, 2015) y en narrativa Fisher y los refugiados (17grises editora, 2016).