Tinder Tales #3

DIANA, 36

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Por favor Max, entra y ponte cómodo, brindemos por este esperado encuentro, brindemos por las fantasías que se cumplen, por la paciencia. ¿Te gusta mi atuendo?, lo he conseguido especialmente para esta noche; esta noche quiero llegar hasta el final, quiero satisfacer cada cochinada que deseché por pudor a parecer demasiado exagerada, demasiado violenta, demasiado exigente. Estoy harta, harta de todo eso, ¿entiendes Max? Apuesto que no, apuesto que para ti nunca ha sido problema ser exigente y eso está bien, no me malinterpretes; así es como deberían ser las cosas, uno debería poder hacer lo que se le venga en ganas sin mayores culpas. De ahora en adelante así es como voy a jugar: quítate la ropa, lo quiero todo, quiero poner mi maravilloso y enorme culo en tu cara. ¿Recuerdas que me escribiste ayer que te encantaría tener un pedazo de este culo en tu cara? Pues arrodíllate, Max, voy a amarrarte y darte el placer de sentarme encima tuyo para asfixiarte con mi carne. Voy a amarrarte para cubrir tu cuerpo de aceite, voy a ponerte la verga bien dura solo para contemplarte un rato antes de hacer todo lo que quiero hacer contigo. Qué guapo te ves así, con tus músculos tan tensos soportando las amarras que gentilmente me dejaste poner sobre tus bíceps y cuádriceps, ay tan perfectos, ay tan resplandecientes.

Debo decirlo Max, cada palabra que escribiste en el chat es cierta, se nota que eres bien macho, tu verga no decae ni siquiera un poquito, pareciera que toda la sangre de tu cuerpo fuera bombardeada sin cesar a ese animal expectante. ¿No extraña el resto de tu cuerpo esa sangre ahí tan acumulada? Llega a ser surreal verte tan mío y vulnerable, me moja entera, no sabes cuánto, poder rasguñarte y morderte sin que puedas impedirlo, saber que te gusta, que te pone ansioso, que quieres más. Tendrás más. Nunca imaginé que sería tan fácil llegar a esto, acariciarte las bolas, sostenerte el pene, dimensionar sus pliegues y su capacidad de obviar la gravedad, darme cuenta que en realidad la virilidad es muy frágil.

Disculpa, ¿te apreté muy fuerte, Max?, lo siento, es que estoy muy emocionada, he sido realmente paciente. Tu debes creer que has sido paciente porque llevas unos meses convenciéndome de que podía confiar en ti, pero debo confesar que antes de siquiera tuviésemos contacto, me pasé tres semanas fuera de tu departamento solo para asegurarme que saldría en tu lista.

En realidad, llevo mucho rato esperándote, no tienes idea. La ciudad es grande y lo cierto es que no volví a tener noticias tuyas sino hasta un año atrás, hasta esa epifanía que tuve cuando vi la foto de tu pene erecto en el celular de Irene, este mismo pene que ahora acaricio como si fuera un recién nacido. La chica quería actualizarme en el amor moderno y demostrar cuán fácil es ligar hoy en día:  ya no es como antes,  ahora hasta puedes obviar las decepciones de antaño y elegir el pico que más te acomode sin problemas, ellos te enviarán sus fotos aún cuando no se las pidas. ¿Envías fotos de tu pene a menudo, Max?¿No te preocupa que tu pene ande por ahí circulando entre extraños o es que acaso estás muy orgulloso de él?¿Eres de los que le tiene un apodo? Cuéntame, quiero saber, pues a mí nunca me enviaste algo como eso, fuiste precavido, fuiste caballero hasta que decidí subir el tono, seguiste muy bien a tu propio personaje.

¿Que quién soy, Max? Por supuesto que no sabes quién soy, no seas tontito, traigo una máscara. Pero creo que aun si tuviese el rostro descubierto no me reconocerías. Me invitaste un trago hace muchos años en una fiesta de clausura de la universidad. Yo ya te conocía y, debo admitirlo, tenía muchas ganas de follar contigo, un trago para comenzar parecía perfecto. Pero después de eso desperté al día siguiente en tu habitación y tú ya te habías ido. En principio no entendí muy bien qué había pasado, mal que mal, era normal para mí en ese tiempo beber bastante y despertar confundida. Pero esa noche no bebí nada, esa noche fue solo esa copa, ¿cómo fue posible beber una copa y no recordar nada?¿Sabes qué pudo haber pasado, Max?

Traté de buscar explicaciones entre nuestros amigos en común pero a la larga con cada respuesta que me daban terminaba sintiéndome paranoica, cuestionada, culpable. Fue inevitable darme cuenta que siempre, todo el mundo, me ha hecho sentir así, como si yo fuese el peligro, la descuidada. Esto ha sido una webada de siempre, Maximiliano, y sé que no eres culpable de todo lo que he pasado en la vida, pero de alguna manera tengo que quitar esta mancha de caca que llevo desparramada en el alma. Esta fue toda mi revelación: entrar a una tienda y comprar un strap on sabiendo que era para ti, sabiendo que al menos algo se podía retribuir. Paciencia, demasiada paciencia para ello. Lo que me recuerda que el popper ya tiene que haber hecho efecto. ¿Ves?, no quiero ser igual que tú, estoy preocupado por tu comodidad y tu placer. Seré gentil: te juro que haré presión en los lugares correctos para estrujar hasta la última gota de semen que haya en ti.

Cayo Cactus (1984). Nadie lee las bios. Catrileo y La Calaquita Ediciones.