Tinder Tales #1

IRENE, 26

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Estaba en el proceso de pasar la pena por haber terminado con el Pancho y me fui a este carrete de una amiga de una amiga, en un edificio en Provi. Conocí a este loco, era bien guapo, estudiaba sociología en la Chile y era fanático del cine japonés; además era vegano y tú sabes que eso siempre son puntos extra. Hablamos un rato de todas nuestras preocupaciones: la liberación animal, los valores patriarcales, la necesidad de un urgente cambio político en el sentido más extenso del término y de todo, todo eso. Era perfecto. El tipo me hacía sentir bien, cómoda, comprendida. Luego de un rato nos fuimos a su casa, un departamentito muy bonito con vista al Parque Bustamante, una perfecta postal con la luz publicitaria que se proyecta en el asfalto como un mantra de neón: ¿y hoy, por qué no? Sí, era momento de matar de una vez la pena.

Nos pusimos cómodos, nos besamos un largo rato, me puse a recorrer su vientre con mis dedos, bajé hasta sus pantalones, tomé su pene y comencé a chupárselo. No pasó niún minuto de eso y él me detuvo diciéndome que lo sentía degradante para mí, que no me lo merecía; todo con una cara de preocupación impactante mientras yo, de rodillas, no entendía nada. El encuentro se funó a partir de eso, obviamente. Hablamos un rato más de cine y un poco más de sociología y sólo un poco más de los animales y la lucha de género. Luego me fui y decidí contactar a este otro weón. Comía carne. Era lo que realmente necesitaba esa noche.

Cayo Cactus (1984). Nadie lee las bios. Catrileo y La Calaquita Ediciones.