Traducciones: Tres poemas de Anne Sexton [versiones de Luz María Astudillo]


ADVERTENCIAS PARA UNA PERSONA ESPECIAL

Ten cuidado con el poder,
esa avalancha puede enterrarte,
nieve, nieve, nieve, asfixiando tu montaña.

Ten cuidado con el odio,
puede abrir la boca y arrojarte fuera de ti
para comerse tu pierna, un instante leproso.

Ten cuidado con los amigos,
porque cuando los traiciones,
como lo harás,
enterrarán sus cabezas en la taza del baño
y tirarán la cadena.

Ten cuidado con tu intelecto,
porque sabe tanto que no sabe nada
y te deja colgando al revés,
bramando conocimiento mientras tu corazón
cae de tu boca.

Ten cuidado con los juegos, el papel del actor,
el discurso planeado, sabido, dado,
porque te traicionarán
y te quedarás como un niño pequeño desnudo,
orinándose sobre su propia camita.

Ten cuidado con el amor
(a menos que sea verdadero,
y cada parte de ti diga sí incluyendo los dedos de los pies),
porque te envolverá como una momia,
y tu grito no podrá ser oído
y ninguno de tus movimientos servirá.

¿Amor? Sea hombre. Sea mujer.
Debe ser una ola por la que quieres deslizarte,
entregarle tu cuerpo, entregarle tu risa,
entregar, cuando la arena áspera te atrape,
tus lágrimas en la tierra. Amar a otro es algo
semejante a una plegaria y no puede ser planeado, solo caes
en sus brazos porque tus creencias desarman tu incredulidad.

Persona especial,
si yo fuera tú no prestaría atención
a mis advertencias,
hechas en cierto modo de tus palabras
y en cierto modo de las mías.
Una colaboración.
No creo una palabra de lo que he dicho,
excepto una, excepto que te pienso como un árbol joven
con hojas pegadas y sé que te enraizarás
y vendrá lo realmente verde.

Déjalo ser. Déjalo ser.
Oh, persona especial,
hojas posibles,
a esta máquina de escribir le gustas en el camino hacia ellas,
pero quiere quebrar copas de cristal
en la celebración,
por ti,
cuando la oscura corteza se arroja
y flotas alrededor
como un globo desinflado.
.

24 de marzo, 1974

.


IN EXCELSIS

Es mitad invierno, mitad primavera,
y Bárbara y yo estamos de pie
confrontando el océano.
Su boca está muy abierta,
y ha empujado su verde,
tirándolo, tirándolo a la orilla.
Dices que está enojada.
Yo digo que es como una Madonna pateada.
Su útero colapsa, bebido con su fiebre.
Respiramos en su furia.

Yo, tierra adentro,
estoy aquí contigo solo por un instante.
Estoy casi asustada,
tanto tiempo lejos de la mar.
La he visto suave como una mejilla.
La he visto calma,
haciendo sus cosas,
chapoteando.
La he visto enrollando sus aros nostálgicos.
La he visto en su lágrima de tierra apagada.
La he visto ahogándome dos veces,
y todavía sin alcanzarme.
Me cuentas que como el verde se drena hacia atrás
cubre el Reino Unido,
pero ¿nunca te has sentado sobre esa orilla
y has visto cómo te cubre?

Hemos venido a adorar,
las lenguas de las olas son plegarias,
y juramos,
el indecible juramento.
Ambas en silencio.
Ambas de diferente manera.
Deseo entrar en ella como en un sueño,
dejando mis raíces aquí en la playa
como una bandeja de cuchillos.
Y mi pasado por desenredar, con sus nudos y gruñidos,
y caminar hacia el océano,
dejándolo estallar sobre mí
y hacia afuera, donde podría beber la luna
y mis ropas podrían esfumarse,
y yo me podría hundir en los grandes brazos de la madre
que nunca tuve,
excepto aquí donde el abismo
se lanza sobre la arena
golpe a golpe,
una y otra vez,
y nos quedamos en la orilla
amando su pulso
mientras se traga las estrellas,
y lo ha hecho desde que todo comenzó
y continuará en el olvido,
el pasado de nuestra complicidad
y el verde derribamiento salvaje que cae hoy entre nosotros,
por poco tiempo
mitad invierno, mitad primavera.

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1 de abril, 1974

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 CARTA DE AMOR ESCRITA EN UN EDIFICIO EN LLAMAS

Queridísimo Foxxy,

Estoy en una jaula,
la jaula que fue nuestra,
llena de camisas blancas y ensaladas verdes,
el congelador criticando nuestras deliciosas críticas,
y llevé películas en mis ojos,
y llevabas huevos a tu madriguera,
y jugamos a las sábanas, sábanas, sábanas
todo el día, incluso en la bañera como lunáticos.
Pero hoy prendí fuego a la cama
y el humo está llenando la habitación,
se está calentando lo suficiente para derretir las paredes,
y el congelador, un pegajoso diente blanco.

Me he puesto una máscara para escribir mis últimas palabras,
y son solo para ti, y las pondré
en el congelador designado para el vodka y los tomates,
y tal vez perduren.
No será así con la perra. Sus manchas se caerán.
Las cartas viejas se derretirán dentro de una abeja negra.
Los camisones ya están despedazados
en el papel, el amarillo, el rojo, el morado.
La cama –bueno, las sábanas se han convertido en oro–
duro, oro duro, y el colchón
se está convirtiendo en piedra por un beso.

En cuanto a mí, querido Foxxy,
mis poemas para ti pueden o no pueden alcanzar el congelador
y su esperanzadora eternidad,
¿es suficiente para ti?
¿El primero donde nombraste
mi nombre directamente en P.R.?
Si mis pies no estuvieran cediendo terreno
contaría toda la historia–
no solo la historia de la sábana
sino la historia del ombligo,
la historia de los curiosos párpados,
la historia del whisky amargo del pezón–
y empujaría nuestro amor donde perteneció.
Pese a mis guantes de amianto,
la tos está llenándome de negro,
y un polvo rojo se filtra a través de mis venas,
nuestra pequeña jaula se viene abajo públicamente
y sin pretenderlo, ya ves,
el sentido de un acto solitario,
una incineración del amor,
pero en lugar de eso parece que nos estamos hundiendo
justo en medio de una calle rusa,
las llamas haciendo el sonido de
un caballo siendo golpeado y golpeado,
el látigo adora su triunfo humano,
mientras las moscas esperan, golpe por golpe,
directamente desde United Fruit S.A.

.

27 de septiembre, 1974

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Luz María Astudillo.png

LUZ MARÍA ASTUDILLO (Santiago, 1981). Licenciada en Literatura por la Universidad Diego Portales. Ha publicado el libro de poesía Cajita americana (Cuneta, 2012) y la plaquette Litoral (Cuadro de Tiza, 2014).