Adelanto: Video killed the radio star [Daniel Rojas Pachas]

 

They took the credit for your second symphony.
Rewritten by machine and new technology,
and now I understand the problems you can see.

Tenían sus habitaciones en el tercer piso de la casa, almorzaban aparte pero convivían con nosotros luego de cumplir sus tareas de aseo, mayormente eran adolescentes recomendadas por una vieja yerbatera que compartía sus extrañas artes aprovechándose de las supersticiones de mi madre y tía Gina.

Las empleadas llegaban a la ciudad a terminar sus estudios secundarios de noche y, año a año, rotaban porque se iban con el galán de turno que las embarazaba al ritmo de Chacalón. Debo, al menos, haber tirado con media docena de ellas; la primera, Úrsula, tenía 15 y yo 14. Flaca y exótica, ya había estado con otros en su tierra; ella me contó todos los detalles una vez después de que lo hicimos. Al comienzo era tímida, bueno en lo que a hablar se refería lo era, pues ella fue quien se lanzó. En ese entonces no hablaba, solo se sacó la ropa y me invitó a pasar a su cuarto como si fuese un juego. Me desvistió y comenzó a chuparme entero, se montó encima, me tiraba el pelo y me obligó a lamer su vagina; tenía unas tetas pequeñas pero duras, lo recuerdo bien, sudaba mucho y era violenta al jugar con mi pene entre sus dientes. Al terminar me echó del lugar porque tenía que bañarse, así ocurrió unas cuatro veces, luego la rutina cambio porque sintió la necesidad de compartir su pasado, hablaba mal español pero yo la entendía a la perfección, no era tan complicado cuando agarrabas el ritmo de su acento charapa.

Mamá la echó de casa por floja y porque —según ella— la mocosa no entendía las instrucciones, dijo que era retardada. Yo me había enamorado de Úrsula, odie a mamá en secreto por eso. Un buen tiempo quise matarla. Mi madre siempre tenía en su habitación una jarra de agua mineral que bebía todas las noches porque su boca se amargaba debido a un problema estomacal. En dos oportunidades estuve tentado a echar veneno para ratas, no sé qué me persuadió. Tal vez porque olvidé a Úrsula y todo volvió a su curso cuando llegó Viviana, a quien también me culié ya con más experiencia gracias a las enseñanzas de la selvática.

Pasé por alto las conversaciones y el compromiso emocional, sabía que mamá encontraría una excusa para echarla, eso hizo con todas; de cualquier modo, era un asunto de poder más que otra cosa.

Con Úrsula tuvimos un sistema de señas, sería por su sangre de la selva, era una arrecha. Cuando yo me encerraba a hacer una tarea o jugar videojuegos, tocaba mi puerta con la excusa de que le ayudara en sus deberes escolares o para una prueba que tendría en la nocturna. Se quedaba por horas escuchando música en mi discman sin decir nada y se iba una media hora antes de sus clases a ducharse. Le encantaba estar ahí, sentir el agua escurrirse por sus nalgas. Me duché una vez con ella, fue algo bello, como las fantasías que te venden las pornos, sólo que con sutileza. Al irse decía en lugar de adiós o nos vemos, tengo que ducharme con su extraño acento, tiempo después descubriría se trataba de una invitación. Perdí muchas oportunidades con Úrsula, era demasiado idiota y aniñado para entenderlo, luego se convertiría en un hábito y yo controlaría la situación con estas chicas.

Debo admitirlo, Úrsula fue mi universidad desconocida: mi primer beso y mi primera cacha. Cuando cumplí dieciocho y mi viejo me regaló dinero para un viaje a donde quisiera, pensé en buscarla, usar el tiempo y el dinero para saber qué había sido de su vida y quizá rescatarla de lo que fuese que estuviese viviendo; eran los resabios de esa estúpida sensibilidad y amor que pensaba tenía hacia su cuerpo. Terminé yendo a Brasil en busca de otras como ella para olvidarla.

Hubo antes de que terminará el colegio otra chica como Úrsula que fue bastante especial, se llamaba Fabiola. No era tan bonita pero sabía explotar sus encantos provincianos: unas largas piernas morenas, pantalones cortos que resaltaban su hermoso culo y unas camisetas manga corta que eran sobras de mi hermana y que mi mamá se las obsequiaba sintiéndose muy generosa.

Varias veces pillé a mi viejo viéndole el culo cuando servía la cena. Fabiola no usaba sostén y algunas de esas camisetas dejaban entrever los bordes de sus pezones, mi mamá le gritaba mucho y sentía que tenía la labor de civilizarla. Fabiola no era idiota, se daba cuenta de su encanto, era su poder sobre el patrón y su casa, fue de las que más duro, cerca de medio año si mal no recuerdo, y con la que incluso salí un par de veces a fiestas y conciertos de grupos chicha. Era otro universo, supongo que era incómodo para los dos, para sus amigos o conocidos yo era como el novio extranjero o algo así. Nunca entendí mucho ese juego, la verdad me dejaba llevar y valía la pena porque Fabiola tenía una pieza en un pueblo joven y de no haber ido con ella a culear a esos lugares, jamás habría salido de la burbuja de la casa. Era una tonta sensación de ilícito, de vulnerar los márgenes que me había impuesto mi vieja lo que me empujaba a seguirla en esas aventuras.

En una oportunidad, seguro queriendo probar su potestad, me echó de la casa y me dijo aquí yo mando cojudo, así que te vas. Ya me lo metiste, me chupaste las tetas, listo. Ahora vete a tu casa, pituco de mierda. Me vestí y salí a un tierral, largas calles en un cerro sin saber cómo llegar a casa, era tarde y veía pasar unos mototaxis que en mi imaginario eran solo caricaturas en algún programa de los sábados. Tuve que caminar cerro abajo hasta llegar a una especie de urbanización semiiluminada y sin asfaltar donde pude ver unas primeras micros, una de estas decía centro. En esa época todavía no existían celulares con gps o cabinas de internet, sólo teléfonos monederos en las esquinas; pero el único que pude encontrar había sido vandalizado. Llegué a casa pasada la medianoche, mi madre me dio dos bofetadas y papá sólo me miró con rabia: ya habían llamado a la policía y a mis amigos. Estos últimos no tenían idea y los tombos, ni siquiera les prestaron atención. Me insultaron y sentí rabia, pero me tragué todo. Les dije que había tomado una micro equivocada, que me quedé dormido en el camino y que por error terminé más allá del centro por un cerro pero que todo estuvo bien, supe ubicarme pese a que me había quedado sin dinero por lo que tuve que caminar. Parecía verosímil, no dijeron más. Mamá me abrazo, tía Gina también, papá dijo que era un idiota, que no tenía necesidad de usar micros que para la otra si requería más dinero para taxis lo pidiera o que el mismo podía llevarme. Les pedí perdón y me fui a la habitación.

No pude dormir esa noche, pensaba en cómo vengarme de Fabiola, acusarla de robo, de la perdida de algo valioso en la habitación de mamá o mi hermana, algo por el estilo, idiota y mimado, típico de un pituco de mierda cojudo, recordar esa frase me hacía odiarla más. Pensé en mejor hacerle daño, golpearla o humillarla la próxima vez que lo hiciéramos. Obligarla a lamerme el culo o metérselo duro ahogándola con mi pene hasta lo más profundo de su garganta, usar mis manos como tenaza sobre su nariz y estrangularla, pero nada de eso jamás ocurrió; no tenía los huevos para hacerlo, eran sólo fantasías y ella tampoco volvió el lunes. Seguro se aburrió de jugar con nosotros, además decía que mi viejo le daba miedo, que era un sicópata. La yerbatera le dijo a mamá que Fabiola se había ido con su abuela a la sierra —según la vieja— la chibola se embarazó de un chico de la nocturna, quizá un profesor o un militar de mierda con el que salía los fines de semana. A estas tipas les encantan los uniformados solía decir mi vieja cada vez que la veía partir con su permiso de domingo.

La experiencia de culearme a Úrsula en su habitación escuchando techno cumbia, el poder jalarle los pelos mientras la montaba o apretarle las piernas en el aire y morderle las tetas por órdenes suyas me dieron una confianza extrema, no hubo romance o enamoramientos luego de eso; ya sabía qué buscar en las chicas del colegio, cuáles eran las estrategias y evitaba perder el tiempo con las huevonas necesitadas de fantasías, de melodramas. Ninguna de esas rubias huevonas o hijitas de papá serían lo suficiente cochinas para pasar el culo y yo sólo quería divertirme y probar cuanto más pudiera todos los sabores y olores. Un conocimiento temprano del cuerpo de una mujer y cómo servirles no es malo para superar el miedo que los de mi edad, en ese entonces, tenían. Idealizar era el gran error. Las distintas chicas que sirvieron en casa, fueron prácticas para llegar a la cerda más rica y deseable de todas: la tía Gina.

*Extracto correspondiente a la novela Video Killed the Radio Star a publicarse durante el segundo semestre de 2016

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Daniel Rojas Pachas (1983) Escritor, Editor y Magíster en Ciencias de la Comunicación. Reside en León-Guanajuato dedicado plenamente a la escritura y edición. Actualmente dirige la Editorial Cinosargo y la Asociación de Editores de la Frontera Es miembro fundador del Festival de poesía transfronterizo Tea Party. Ha publicado los poemarios Gramma (2009), Carne (Cohuina 2011), Soma (2012 Literal, México y 2014 Pez del Espiral) y Cristo Barroco (2012 OREM, Trujillo), el libro de ensayos Realidades Dialogantes, por el cual fue beneficiado el 2008 con el fondo nacional de fomento del libro que otorga el Consejo nacional de la Cultura y las Artes de Chile. Ha sido publicado en numerosas selecciones de poesía, se destacan la Antología Poética 2009, ediciones Jaguar de México, el libro Mi país es un Zombie (Editorial Casamanita – México 2011), Barcos sobre el agua Natal, Antología de poesía Hispanoamerica desde el siglo XXI (Leteo -España/ Literal Ediciones – México 2012)  .CL “Textos de Frontera” (Universidad Alberto Hurtado Ediciones 2012) y el San Diego Poetry Annual 2014 y el libro de Crónicas urbanas Ciudad Fritanga (Editorial Bifurcaciones, 2014). Ha participado en encuentros internacionales de poesía como El Vértigo de los Aires (México 2011),  el Festival de poesía Subterráneo y el programa de literatura Chilena Contemporánea en Lugar del Autor (México DF/Oaxaca 2012), El VIII Festival Internacional de poesía el Caracol Tijuana 2013, Enero en la Palabra (Cuzco, 2014) y el Festival Internacional de la Poesía de la Habana (2014), El Festival de poesía de San Cristóbal de las Casas (2015) y el V y VI Festival internacional de poesía de Lima (2014 y 2015), entre otros. Ha sido beneficiado con la beca de perfeccionamiento, modalidad apoyo a tesis de postgrado en Chile o el extranjero 2010 y 2013 del fondo del libro para sus estudios de Magister y Doctorado. El 2012, traduce el libro Morgue y otros poemas de Gottfried Benn y el 2013 la Liga de la Justicia Ediciones de Chile publica su primera novela Tremor. Su novela Random publicada el 2014 por Narrativa Punto Aparte fue ganadora de la Beca de Creación Profesional del Fondo del Libro 2014 y finalista del premio Equis de narrativa Latinoamericana. Más información en http://danielrojaspachas.blogspot.com